Muy fuerte la crítica que hizo el Papa Francisco la semana de Navidad en donde enumeró las 15 enfermedades que afectan a la curia vaticana, que es la administración central de la Iglesia Católica Romana. El Papa acusó a la curia vaticana de: Alzheimer espiritual, terrorismo de las habladurías, esquizofrenia existencial, exhibicionismo mundano, narcisismo falso, rivalidades por la gloria, rostros fúnebres, orquesta que emite falsas notas, divinizar a los jefes, ser víctimas de carrerísmo y de oportunismo, exceso de trabajo, endurecimiento mental y espiritual, excesiva planificación, enfermedad de la mala colaboración e indiferencia hacia los demás.

El Papa dijo que algunos de los miembros de la curia actúan como si fueran inmortales, inmunes e incluso indispensables. Esto en una referencia a los Cardenales retirados, los cuales continúan en el Vaticano ejerciendo una enorme influencia, y como dijo el Papa: hablando a las espaldas. Ahora bien, si un cuerpo, como es la curia, tiene esos 15 rasgos amerita una reforma, por lo que creo que es un anuncio que está haciendo el Papa, porque, no olvidemos que cuando llegó como Pontífice no solo llegó en medio de crisis de escándalos sexuales, financieros, sino que también llegó en medio de una profunda división entre bandos que disputan el poder al interior de la curia, en donde está el bando del famoso lobby gay; están “los lobos” –vinculados al sector antiguo de Juan Pablo II–, a Bertone, “los corderos”, etc.

El mandato que tiene Francisco es reformar la curia, una curia que se aleja, una curia que se sirve, una curia que se ha aristocratizado, que se siente monarquía. En contraparte el Papa empieza por la sencillez, empieza por romper estos hitos, no usa anillos, no usa autos lujosos, desde ahí empieza a poner el ejemplo. El Papa es, y sigue siendo, muy congruente con su llegada. Sobre todo ahora que la guerra está declarada especialmente a un sector conservador que no ve bien las reformas que está planteando el Papa; sector al cual no le gusta su estilo, y que siente que toda la realeza eclesiástica se puede venir abajo. Lo que está en el fondo es un gran sector de la curia acostumbrada al poder en esa zona de confort que está siendo sacudida por un pontífice que viene del sur, por un jesuita que es un maestro en el manejo político y que está sacudiendo y prometiendo a esa curia que va a realizar cambios profundos.

Jamás se había escuchado un mensaje tan duro de un Papa hacia la curia. En la historia moderna de la iglesia, del siglo XIX a lo que llevamos del XXI, nunca había habido un mensaje tan directo, tan frontal que denuncia que en el fondo esta curia sufre no solamente de enfermedades sino que es patológica la enfermedad global de la curia. Recordamos que Benedicto XVI, de manera tímida y entre líneas, habló en una visita que hizo a Portugal en 2011, que el enemigo mayor de la iglesia no estaba afuera sino que estaba adentro, pero así de una manera muy general, en cambio, Francisco dio el discurso más duro que un Papa ha realizado en la historia moderna de la Iglesia, al aparato de poder eclesiástico de la Iglesia Católica. Es el momento de mayor autocritica. Y fue un llamado de reconversión. Aquí cabría preguntarse hasta dónde el Papa tiene poder político para enfrentarse a los poderes fácticos que prevalecen en la curia romana. En la Iglesia Católica los sectores conservadores habían estado muy resquebrajados en la lucha de poder y se habían dividido. Francisco los ha unificado. Ha hecho que estos grandes bandos, los viejos rivales, se unifiquen en un frente común. Y esto ya lo vimos en el Sínodo de hace unas cuantas semanas, en octubre. Y lo novedoso es que es un cambio que viene de arriba hacia abajo, no es un proceso que se gesta en las bases. Así mismo, es importante comentar que no vemos a la iglesia mexicana, a sus obispos, estar en sintonía con Francisco, están como a la expectativa, y muchas iglesias están así en una especie de pasmo. Al Papa se le percibe solo, con la única fuerza que tiene que es la enorme popularidad mundial; así como Juan Pablo II era una especie de Napoleón, un emperador de la fe. En el caso de Francisco es como el pastor, el hombre bueno, el hombre bien intencionado, de fe, sencillo, eso ha impactado y esa es la fuerza que tiene. Su fortaleza es más secular que eclesiástica, lo cual se fortalece más en el mundo pragmático toda vez que el Papa, hasta donde sabemos, tuvo mucha influencia en el encuentro diplomático entre Cuba y los E.U. una ruptura que había durado 52 años. Aquí la gran sorpresa fue que Francisco se destapa como un hombre político, esta reconciliación muestra la habilidad política, porque hace 18 meses, en el verano antepasado, el Papa de motu proprio redacta cartas en donde invita a ambos mandatarios a generar un proceso. Un proceso lento, secreto y que culmina justamente el día 17 de diciembre, el día de su cumpleaños, con el anuncio de la reanudación de relaciones, un anuncio histórico. El Papa recupera la vieja doctrina de Agostino Casaroli, el Cardenal que durante la guerra fría, con Juan XXIII, jugó un papel muy importante, era una política no de reproches, no de confrontación, sino de diálogo –el Papa lo califica como la política de las pequeñas cosas– y de gran paciencia para poder rematar la obra que inicia Juan Pablo II con la caída del muro de Berlín, por lo tanto la cereza de toda esa guerra fría la da Francisco al abrir las relaciones entre ambos países. Hoy, la población mundial está expectante y esperanzada con la labor que Francisco está realizando en bien de la humanidad, es como un rayo de luz y de esperanza en medio de tantas cosas que amenazan al mundo. Ojalá y la fe siga moviendo montañas.

 

LAS CANDIDATURAS INDEPENDIENTES

Las candidaturas independientes me parece que tienen mucho de democrático pero también tienen mucho de demagógico, porque la fórmula por la cual opera el sistema mexicano de la democracia representativa es que las personas representan a otras personas, y un candidato independiente, por ejemplo, el “gato Morris”, aquel gato blanco y negro con ojos naranja que fue postulado para alcalde de Xalapa, con el lema “¿Cansado de votar por ratas? Vote por un gato”. Obviamente que eso era una burla sobre ese sistema. En la actualidad no sé si estos señores que son artistas de la comedia, que son actores populares, como los payasos Lagrimita y Costel, cuyos verdaderos nombres son Guillermo Cienfuegos Pérez y Costel Cienfuegos Sifuentes y que aspiran a ser presidente municipal y regidor, respectivamente, de Guadalajara, puedan representar a alguien, no sé si representan a su gremio, pero tampoco creo que en este gremio haya tantos payasos, al menos de profesión, los puede haber de actitud.

Creo que la popularidad ha sido sustituida en términos de aprovechamiento político. No representan a nadie, pero como todo mundo los conoce automáticamente los asumen como un potencial representante, no porque comprendan los problemas de un grupo social, sino porque ese grupo social los conoce. En Aguascalientes hay rumores sobre algunos comunicadores que aspiran a cargos de elección en la lógica precisamente de la popularidad que les dan los medios electrónicos. Por ello venimos a caer, después de tantas y tantas vueltas, de tantos y tantos millones de dólares gastados en sistemas electorales, en la vieja fórmula de lo que ocurría cuando no había IFE, cuando no había INE, cuando no había elecciones democráticas, abiertas, limpias; recordamos que había más papeletas que decían “Cantinflas” escritas por los votantes, que papeletas a favor del candidato de un partido de oposición. Luis H. Álvarez, uno de los santones panistas, creo que ganó menos votos que Cantinflas, en la campaña contra López Mateos. Pero en fin, volvemos un poco a lo mismo, confundir una cosa con la otra y estamos viendo casos verdaderamente dramáticos, por ejemplo, Ana Gabriela Guevara actualmente en la cámara de senadores ha dado más pena que buen trabajo legislativo. Ahora bien, ¿en verdad el solo conocimiento público es garantía de algo en este país? Los candidatos independientes dejan de ser independientes porque se vuelven o asimilados o reciclados, pero al final de cuentas no puede haber representantes independientes, porque en el mejor de los casos un diputado depende de sus electores, de sus representados, porque es una democracia representante, entonces la independencia sería el elemento de la soledad y la autonomía. Cuando les pregunten: “¿Usted a quién representa?”, responderán: “A mí mismo”.

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