Mircea Mazilu

La Revolución Mexicana, como todas las revoluciones, no surge de un día para otro de forma espontánea. La Revolución Mexicana se viene gestando desde años antes de su estallido en respuesta a la prolongación y el carácter dictatorial del gobierno de Porfirio Díaz, hechos que encendieron las alarmas entre la población y permitieron el desarrollo de una preparación moral para una revolución, que finalmente estallaría el 20 de noviembre de 1910 de la mano de Francisco I. Madero. Sin embargo, la Historia ha escrito mucho sobre la revolución de Madero y los líderes que lo acompañaron en la causa y no se preocupó demasiado por los miembros de las clases bajas. Sobre la participación de las clases bajas en el conflicto de 1910 se sabe tan poco que hace pensar que éste fue llevado a cabo por tan sólo unas cuatro o cinco personas, como si de una novela literaria se tratara. El presente artículo tiene por objetivo someter bajo análisis el papel y la participación de estas capas sociales desfavorecidas en el estallido de la Revolución Mexicana de 1910.

Como ya mencioné en líneas anteriores, a la Revolución Mexicana no se le puede calificar de un conflicto que fue pensado e iniciado por las clases bajas. Fueron las clases medias intelectuales que, ya desde finales del siglo XIX, habían denunciado los males del gobierno porfirista, pensaron en una sublevación general e incitaron a las masas a la protesta. Destacan las labores de Wistano Luis Orozco, Camilo Arriaga y los hermanos Ricardo y Enrique Flores Magón quienes, a través de sus partidos políticos y revistas liberales, plantearon una lucha frontal al gobierno y se convirtieron en verdaderos precursores de la revolución que se instalaría en México a partir de 1910. Ahora bien, aunque no fueron los campesinos y los obreros quienes pensaran e iniciaran la revolución, hay que mencionar que sí fueron ellos los que pusieron la fuerza física. Todas las huelgas obreras y las rebeliones campesinas, mencionadas en artículos anteriores, fueron fruto del descontento de estas capas sociales ante las condiciones de vida que les impuso el régimen dictatorial porfirista, un descontento que empujaría a las masas a luchar fieramente también a partir de 1910.

Una vez estallado el conflicto el 20 de noviembre, el país se levantó en armas. La guerra vino de la mano de Madero, acomodado que luchó por convertirse en el presidente del país y que defendió cambios políticos, más no sociales. Se sabe que Madero fue acompañado en su cruzada por un grupo de pequeños propietarios pertenecientes a la clase media en la jerarquía social mexicana de 1910 y que fue apoyado por Orozco, Villa, Zapata, entre otros, sin embargo no se sabe mucho sobre el papel de las clases bajas en el estallido de dicha revolución. En mi opinión, en un país en el que en estas fechas representaban más del 70 por ciento de la población, las clases bajas tuvieron que tener alguna participación en el acontecimiento. Efectivamente, el mismo ejército maderista recibió apoyo de los campesinos indios yaquis y mayos; el ejército villista fue engrosado por mineros, pequeños artesanos, comerciantes y campesinos norteños entre los que destacaban los indios Tarahumara; el ejército zapatista estaba compuesto por campesinos indígenas de Morelos; el de Orozco por proletarios de las pequeñas ciudades, campesinos, transportistas, pequeños artesanos y comerciantes, por mencionar algunos.

En conclusión, la Revolución Mexicana puede ser considerada como una revolución política que, como tal, trajo cambios en la estructura social: tierra para campesinos y derechos laborales para trabajadores urbanos. La Revolución fue pensada por las clases medias intelectuales y ejecutada por un rico terrateniente con pretensiones políticas. Las clases bajas fueron manipuladas a favor de uno u otro líder revolucionario en el estallido del conflicto y participaron en el mismo como motivo de venganza contra el régimen que había usurpado sus propiedades y violado sus derechos. Sin embargo, a partir de ahí, cada miembro o grupo de las clases bajas escogería uno u otro bando de acuerdo a sus intereses y situaciones, transformando la Revolución en varias revoluciones concomitantes, que serán estudiadas a partir de la semana que viene.

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