Gerardo Muñoz Rodríguez

Viajemos a principios del siglo XVII. Por aquellas fechas, existía una gran prosperidad en la mayoría de Europa, particularmente en los Países Bajos. En este último, las flores se convertían en símbolo de ostentación de riqueza y comenzaron a comercializarse en gran medida; en particular una de ellas: el tulipán.

Derivado de sus multicolores e irrepetibles bulbos, pronto se convirtieron en el mayor exponente de riqueza en toda la región. Ante una gran demanda y una controlada oferta, su valor comenzó a dispararse sin ningún precedente. No existía control alguno sobre su valor o comercialización.

Para 1623, un solo bulbo de tulipán se podía vender en alrededor de 1,000 florines. Para que algún holandés pudiera llegar a obtener una de estas especies, debía trabajar más de seis años. El promedio salarial para esas fechas, se encontraba en 150 florines.

Ante este atractivo mercado y con la intención de expandir la temporada de tulipanes todo el año, comenzaron a crearse los futuros financieros. Se comenzó a negociar el precio y la cantidad de la venta antes que los bulbos hubieran florecido.

Algunos años después, el precio de los tulipanes comenzó a caer en picada. La gran cantidad de contratos, que carecían de una garantía, no podían ser solventados y llevaron a la economía holandesa a la quiebra.

El crecimiento en el precio y el volumen de comercialización de esta flor, no traía consigo una verdadera justificación del por qué se estaba dando, solo una gran especulación en la misma.

A miles de años, una moneda virtual nos hace reflexionar sobre la semejanza de su comercialización con aquella primera crisis económica. Conozcamos un poco más sobre la evolución del Bitcoin, así como sus alcances; con la finalidad de encontrar similitudes con la denominada tulipanomanía.

En lo largo de este año, hemos observado como esta criptodivisa aumenta su valor de manera constante y sumamente agresiva. Con información del portal CoinMarketCap, se observa un aumento en su valor que ronda los 900 por ciento en tan solo 2017.

Actualmente, el valor está tasado en poco más de 17 mil dólares por unidad, cuando a mediados del 2011, su valor era de tan solo tres dólares, según CoinBase.

Procedente de este asombroso crecimiento, el lanzamiento de derivados sobre el valor futuro del Bitcoin, empezaron a cotizarse el pasado lunes en el Mercado de Opciones de Chicago (CBOE), registrando una considerable demanda que la llevo a una revalorización superior al 25 por ciento en tan solo las primeras horas de su comercialización. La Comisión de Comercio Futuros de Estados Unidos, también autorizó la actividad de futuros de la criptomoneda a CME Group, propietaria del Chicago Mercantil Exchange.

Primeramente, un pequeño grupo de inversionistas controla el 40 por ciento de la criptomoneda en circulación. Recordemos que la cantidad de Bitcoins está topada a no más de 21 millones de estas. Ante esta situación, no existe una prohibición explicita que evite realizar operaciones con vías de influir en sus precios. La alta concentración de la moneda, la hace un riesgo inminente para los demás poseedores de la misma. ¿Cómo podemos asegurarnos que las oscilaciones tan pronunciadas en el corto plazo, no traen consigo un arreglo de las llamadas ballenas que controlan un gran número de bitcoins?

En segundo lugar, están fuera de una regulación por un banco central o por un fondo de inversión, están simplemente controladas por los inversionistas privados. ¿Cuánta transparencia podemos esperar en este supuesto? ¿Cómo podemos conocer a ciencia cierta que las transacciones no están siendo utilizadas para blanquear dinero?

Tercero, las monedas virtuales, no se encuentran respaldadas por activos físicos, ni los activos o reservas de dicha autoridad, por lo que el valor de intercambio de las mismas podría reducirse drásticamente e incluso llegar a cero. ¿Cuál es la liquidez de este mercado? ¿Qué pasaría si los inversionistas cambian y deciden realizar ventas masivas de la moneda?

Por último, debe de considerarse el impacto sobre la estabilidad de los precios y sobre la estabilidad financiera, ya que las plataformas de negociación privadas donde se pueden canjear Bitcoins por monedas de curso legal están marcadas por la elevada volatilidad de las cotizaciones debido a movimientos especulativos.

Independientemente de qué tanta aversión al riesgo se presenta en cada inversionista, el dejar a un lado este tipo de preguntas resultaría irresponsable y sumamente especulativo.

La realidad de que no exista un modelo de valoración de la moneda basado en fundamentales económicos, que nos permita conocer el porqué de una determinada cuantía de la misma, hace pensar el por qué pudiéramos estar en la antesala de una crisis económica.

De esta manera, observamos como en lo fundamental, se muestran interesantes coincidencias con lo que pasó hace tres siglos; así como con las distintas crisis que han existido en la historia de la humanidad. Tasas de crecimiento anormales, falta de regulación, altos niveles de especulación y desconocimiento, son el factor común en la mayoría de estas.

Es importante que conozcamos los errores en los que hemos caído para evitar seguir siendo presa de los mismos; ya que como dice el político inglés Harold MacMillan: “Deberíamos usar el pasado como trampolín y no como sofá”.

 

Twitter: @GmrMunoz

 

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