El Heraldo de Aguascalientes

La virgen de la Asunción de la congoja, san José de Gracia

Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

Hace un par de años, quienes realizamos el programa Al tranco, Origen Esencia, una emisión que gira en torno a la charrería y todo aquello que se relacione con lo mexicano, que transmite Radio UAA los sábados a las 14 h., fuimos a la comunidad de La Congoja, en el municipio de San José de Gracia, a grabar un programa.

Subimos a esta, que es la puerta de la Sierra Fría, y que un anuncio monumental colocado en la entrada promueve como la Puerta del Cielo… En verdad fue una experiencia gratificante, salir al campo y disfrutar del cielo que en esta temporada luce un azul que no se puede dejar de mirar, de tan limpio y profundo; un cielo brillante, coloreado por la luz del Sol, pletórico de nubes veraniegas, compactas, como si se hubieran congelado en el acto de explotar; de una blancura almidonada, como de niño de jardín de niños en lunes de honores a la bandera. Salir al campo, gozar del silencio y la frescura del aire, no tener prisas y no sentirse hacinado; disfrutar de la montaña boscosa, del pasto que parece como si alguien lo hubiera vuelto culto.

Mientras don Martín de Martínez y Pineda instalaba el equipo de grabación en la cancha de baloncesto techada, fuimos Armida, mi esposa, y yo, a visitar la capilla, que está dedicada a Nuestra Señora de la Asunción, y que depende de la parroquia de San José de Gracia, desde la que viene un sacerdote a celebrar misa los sábados a las 18 h.

Por principio de cuentas habría que destacar la iluminación del espacio. El techo está conformado por cinco lozas escalonadas, cubiertas por dentro con madera, que ofrece la sensación de estar en una gran cabaña en un bosque lluvioso. La loza más alta está en el lado poniente, sobre el altar, y la más baja en la entrada. Las transiciones de este descenso están dadas por unos ventanales con vidrios de colores. Entonces, la luz del Sol pasa por este cedazo multicolor y hace de las suyas en el interior, mezclando los pigmentos del vidrio y generando una explosión de tonalidades por demás agradable.

En verdad es aquel un lugar muy fresco y limpio, y da la casualidad que por ahí andaba la encargada del templo, una mujer de unos 70 años de nombre Juana Esparza, y a la que le pregunté por qué el lugar se llama así. Pese a que es nacida ahí, no lo supo. También me informó que el dueño del lugar, era como una hacienda, fue un señor cura de Betulia, al que luego, supongo que con posterioridad a la revolución, le quitaron la propiedad, y se formó ejido.

¿Y están acongojados?, le pregunté a la mujer. Ella sonrió, negó y me informó que alguien quiso cambiarle el nombre a la comunidad, pero no.

Considerando que era la encargada, hice un comentario a propósito de la limpieza. Ella respondió que la silla del sacerdote “la estrenó el señor obispo que se murió”, Ramón Godínez. “Él vino a bendecir el templo, a colocar el Cristo y a coronar a la Virgen, porque no tenía corona”. Godínez estuvo en esa comunidad en febrero de 2007, y murió el 20 de abril. Por cierto que la silla sacerdotal es de olmo, también conocido en el vecindario como táscate, y el ambón, es decir, el pedestal sobre el que descansa el libro de las lecturas, es de madroño.

Aunque ciertamente habría que decir que esta imagen de la Virgen de la Asunción no se relaciona con la iconografía de esta advocación mariana, y al decir esto no me refiero a que se parezca o no a la nuestra, la que preside desde el altar mayor de la catedral, es decir, no hay angelitos que la conducen a las alturas celestes, ni ella saluda, ni su ropaje da la sensación de estar siendo mecido por el viento.

No. Para darme a entender, la imagen de la Virgen de la Asunción que veneran en La Congoja, tiene las proporciones y la apariencia de la Virgen de San Juan; de la de Zapopan, o la de Encarnación de Díaz. Su túnica es blanca y su capa azul, ambas con flores, guirnaldas y estrellas doradas bordadas.

Tiene muchos vestidos, dijo la doña, muy orgullosa; tiene su ropero, y entonces fuimos al lugar que funciona como sacristía y sí, ahí estaba un ropero, que ella abrió orgullosa, para dejar ver un montón de vestiditos, pegados unos con otros, todos regios, dignos de la Reina del Cielo, que se han acumulado gracias a que cada año le regalan uno.

Cuando estaba el padre Leos, él se los mandaba hacer, muy bonitos todos, y ya después un señor que vive aquí, Rodolfo Rodríguez, yo creo que prometió, y él le regalaría cada año su vestido. Unos se los han mandado hacer en Aguascalientes, y otros los han traído del norte. Nomás que ahora que está así de alta, nos da miedo bajarla. En la otra capilla, entonces sí le cambiábamos de ropa seguido”.

La imagen “era peregrina, allá en los ranchos de allá abajo, y luego nos la prestaron y la trajimos para acá, y el padre que estaba entonces, nos la regaló, y ya se quedó aquí. Entonces había poca gente aquí, y la teníamos ahí, en un cuartito que era del dueño del rancho ahí, en seguida de las escuelas está la casa grande, según eso.”

La Congoja… La puerta del cielo. Observo el entorno, el cielo de un azul como difícilmente se ve desde la ciudad, profundo y limpio; la montaña boscosa, silenciosa, y pienso que quizá algo hay de cierto. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).