Gerardo Muñoz

Hace algunos días, el presidente Donald Trump manifestó la aplicación de un incremento progresivo de aranceles a los miles de productos mexicanos que ingresan a los Estados Unidos. Según la Casa Blanca, el próximo 10 de junio se comenzaría con un 5 por cierto. Dicho porcentaje, iría en aumento mensualmente hasta llegar a un tope máximo de 25 por ciento.

Los principales productos mexicanos que se verían afectados, están relacionados con el sector automotriz, maquinaria, equipos tecnológicos, instrumentos médicos, productos agrícolas, entre muchos otros.

Para Estados Unidos, en México descansa su principal socio comercial; el cual, en 2018, exportó 346 mil 500 millones de dólares en una amplia diversidad de productos a ese país, según datos de la Oficina del Censo estadounidense.

La implementación de esta acción, está muy alejada a una cuestión meramente de comercio internacional. A lo largo de su mandato, el presidente de Estados Unidos, nos ha demostrado su valía como negociador. Se considera una persona que aprieta al máximo a sus oponentes, con la finalidad de buscar obtener lo que se desea. A lo largo de su carrera en la Iniciativa Privada, esta estrategia ha sido uno de sus principales talismanes de la edificación de su fortuna.

Por tal contexto, dicha medida debe ser tomada con sus respectivos y verosímiles alcances. Veamos.

En primera instancia, a ninguno de los dos países les conviene enfrentar una guerra arancelaria de este tipo. Si bien es cierto que Estados Unidos ya tiene una confrontación comercial con China, México representa un socio fundamental para el dinamismo positivo de su economía. El vernos de diferente forma, seria querer tapar el sol con un dedo.

Ante esto, la aplicación de los aranceles no puede tener una justificación comercial, por ningún lado que se le vea. La verdadera razón de esta iniciativa, son las próximas elecciones en Estados Unidos.

La anterior contienda a la presidencia de EEUU, fue protagonizada por dos actores políticos sumamente distintos. El ganador de la misma, obtuvo mayoría en estados claves, gracias a venderles la necesidad de de recuperar a su país; el cual había sido arrebatado por naciones que gozaban de las bondades del pueblo “yankee”. El principal objetivo de este discurso: México. ¿Por qué modificar la estrategia que dejo tan buenos resultados? Aquí yace la verdad del discurso de Trump.

El próximo 18 de junio, Trump estará lanzando su campaña electoral, en el cual busca posicionarse otros cuatro años en la Oficina Oval. Ante esto, pareciera que el actual mandatario tomará como eje principal de su campaña, el incansable, incesante y criminal (en sus palabras), tema de la migración, así como la construcción de su muro en la frontera con nuestro país. Siendo así, la aplicación de aranceles parece ser una medida coercitiva para obligar a México a modificar su política migratoria.

Donald debe darse cuenta que la aplicación de esta medida, no conlleva a ninguno de los dos países a una posición favorable. Así como nosotros tendríamos contracciones considerables en la economía nacional, muchos de los costos generados no serían absorbidos por las empresas mexicanas, sino simplemente serían trasladados a los consumidores estadounidenses, los cuales tendrían que desembolsar una cantidad mayor de recursos, por algún producto mexicano.

Para el tema nacional, debemos entender que el aumento de 5 por ciento, ya está descontado para los exportadores. El tipo de cambio, al momento en que Trump arremetió contra el peso mexicano, se depreció en un valor superior a 5 por ciento, por lo que pudiéramos entender que el costo como tal de este arancel, ya está absorbido por las empresas nacionales. Al final, el pueblo mexicano puede verse desfavorecido por un alza generalizada en los precios.

La historia reciente, muestra cómo el presidente de nuestro vecino del norte, no tiene una cierta tendencia en su actuar. Un día puede referirse al buen trabajo realizado por México, para el día siguiente demostrar su desagrado en el operar del gobierno mexicano. No se tiene una seguridad absoluta en lo que continuamente se declara. Esto pone entredicho que sí se aplique esta medida coercitiva.

Independientemente de esto, México debería aprovechar esta coyuntura para buscar una mayor diversificación de sus exportaciones, aprovechando los 12 tratados internacionales que se tienen con más de 46 países en todo el mundo. De igual forma, un fortalecimiento del mercado interno, pudiera disminuir los choques providentes de aguas internacionales.

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