RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

La cloaca de lo que acontece en los corredores y espacios de la Universidad  Nacional Autónoma de México se ha destapado de manera ya muy abierta y en lo personal me parece que este asunto de la autonomía es el escudo del miedo, de la cobardía y de la hipocresía. Defender la autonomía universitaria para establecer en los límites del campus y de la zona de la UNAM una zona de tolerancia, me parece que es degradar el propio concepto de la libertad de cátedra, de la libertad de pensamiento, la universalidad del conocimiento, la capacidad de gestión, que es lo que le da a la universidad la fortaleza y es en lo que se basa la autonomía universitaria. Lo que sucede es que en México vivimos de los mitos y la autonomía es un mito. Es un mito en el sentido político no académico, y mucho menos en el sentido histórico. Por ello el mito de la autonomía es que la universidad como espacio físico es lo importante y la universidad por mucho que sea zona declarada como patrimonio de la humanidad, la universidad físicamente no es más que un montón de piedras bien acomodadas, eso son los edificios, eso es el estadio olímpico, así tenga murales de Rivera. Son piedras. Las piedras no piensan. Las piedras no dan clases. Las piedras no trasmiten. Ni siquiera las obras de arte transmiten la cultura. La trasmite la capacidad que se tiene de percibir su valor en la creación. Se cuida el espacio físico de la UNAM como los musulmanes cuidan la roca de Mahoma, como los cristianos vigilaban el santo sepulcro. Mentira, era el pretexto para ir a las cruzadas a quedarse con la riqueza. Entonces ¿Por qué se cuida tanto el espacio físico de la universidad en vez de cuidar a los estudiantes y a los profesores que son la verdadera universidad? Es muy grotesco que con toda desfachatez se diga: “Los muertos de la semana pasada no eran estudiantes de la universidad, luego entonces no son nuestro problema, luego entonces no nos importan, son muertos de segunda, no eran alumnos universitarios, no, eran proveedores de drogas de los alumnos universitarios, frente a lo cual la rectoría no puede hacer nada”. Y qué bueno que no pueden porque así tienen pretexto para no querer. Si pudieran y no lo hicieran estarían en grave falta, pero no lo hacen porque dicen: “No podemos, no somos policías”. Bueno pues entonces que los que sí son policías actúen como han actuado cuando ha sido necesario recuperar la universidad en huelgas locas y en huelgas de alto contenido político como la última entre 1999 y 2000, en donde finalmente entró la policía federal, comandada por Wilfredo Robledo, no se rompió ni un vidrio, no hubo un solo descalabrado y la universidad retomó su paso académico y se colocó en un lugar importante entre las universidades del país y quizás del continente. Ya después hubo ahí un manejo publicitario que era una de las 100 mejores del mundo, lo cual es cierto porque las de África no cuentan. Está ahí la universidad y está ahí el gran pretexto.

Dicen: “Es que estas acciones y crímenes que ocurrieron en el campus universitario son consecuencia de las medidas de vigilancia que hemos impuesto”. Lo cual es caer una vez más en la disculpa de los muchos jefes policiacos del país que dicen: “La violencia en Tamaulipas es porque como eliminamos a un capo, se están peleando por la plaza, por eso los mataron. Mientras más actuamos mas se pelean entre ellos”. Eso no es una explicación, al menos no para una autoridad universitaria que tampoco puede decir simplemente “nosotros no queremos que haya venta de drogas en la universidad”. Y no, no es el cartel de Tlahuac, es el cartel del Che Guevara, que lo tiene el Rector enfrente de su ventana y que lleva 20 años ocupado por menesterosos, traficantes, vendedores de todo lo que usted se pueda imaginar y quiera conseguir ahí lo venden. Quienes han hecho de la UNAM una zona de tolerancia con todos los focos rojos que esto signifique, son los responsables de estar usando la autonomía como un escudo, porque no quieren darle pretexto a los ocupas o a los compradores del cartel del Che Guevara para que les cierren la avenida Insurgentes, para que les cierren el Periférico, porque no quieren darles otro 1968, pero tampoco nadie quiere una universidad en donde la gente esté en riesgo, una universidad cuyos momentos de mayor exposición mediática se deben a que ahí se venden las drogas que todavía no se legalizan y algunas otras que nunca se van a legalizar, porque ahí se vende crack, se vende ácido, ahí se vende ¡lo que quieran! Lo sabe la autoridad universitaria y lo tolera. Porque no vaya a ser que se enojen y como estamos en época pre electoral peor todavía, no vaya a ser que entre los candidatos, quienes hayan egresado de ahí o den clases, se enojen y avienten su porra, su claque, sus seguidores, y entonces mejor dicen que están muy preocupados y ponen en el estadio un letrero que diga: “Fuera los narcos de la UNAM”.

 

LA DEGRADACIÓN DEL YERNO DE TRUMP

Estamos sorprendidos de la capacidad negativa que tiene el gobierno de los E.U. ahora en la presidencia de Donald Trump, porque es muy peligroso, desde el punto de vista de quienes vemos la política con distancia, ver cómo un gobierno vive de la disgregación, como la gente va perdiendo la paciencia, se va haciendo a un lado y por lo tanto va perdiendo la confianza y me recuerda mucho aquella frase de la Reina de Corazones, de Alicia en el país de las maravillas, que decía: ¡Córtenle la cabeza! ¡Y córtenle la cabeza!  Y en el equipo de Trump es un cortadero permanente de cabezas y una de las personas que más confianza ha tenido a lo largo del tiempo la acaba de perder. Esta degradación a la que somete a su yerno Donald Trump echa a perder mucho el modelo emocional de la Casa Blanca. Ese modelo en el que la hija tiene un lugar patológicamente de veneración por parte de Trump que durante la campaña dijo: “Si no se tratara de mi hija yo la cortejaría”. Y el esposo de esa hija acaba siendo revelado como un tipo manipulable, que lo manipulan los árabes, los rusos, los mexicanos, los chinos, etc. y ahí es a donde tenemos que llegar nosotros. Toda la razón por la cual el Presidente Peña nombra como Secretario de Relaciones Exteriores a Luis Videgaray es porque Luis Videgaray es amigo de un hombre influyente en la Casa Blanca. ¿Y qué le pasa a Luis Videgaray cuando su hombre en Washington, que dijeron escribía o mutilaba o arreglaba los discursos del propio Trump con el Secretario de Relaciones Exteriores de México, porque así se dijo en ocasiones anteriores, ese hombre ya no tiene la confianza? El yerno de Trump ahora tiene la misma confianza que un mesero, o del señor que recoge la basura de las papeleras de las oficinas, y esos papeles se trituran, bueno pues ese señor tiene más acceso a cosas importantes que el yerno de Trump. Lo han degradado, lo han hecho a un lado, la gente de medios se le va, la gente de prensa se le va, y también se le va, por rebote, la posibilidad a Luis Videgaray de volver a hablar con Trump y llevar al Presidente Peña a una reunión con Trump. Si esta reunión fracasó, por las razones que haya sido, si fue por la llamada, si fue por la filtración, si fue por un desencuentro o porque Peña quiso y no pudo o porque pudo y no quiso y al final de cuentas se dieron las posibilidades de chocar, y esas posibilidades siempre están presentes con Trump, pues no se ve ya otra posibilidad de que el presidente de México y el de Estados Unidos se reúnan, además de que no se ve para qué. Si ya no fue ahora, antes de las elecciones, después… ¡menos! Porque hasta Trump se va a dar cuenta de que a partir de julio con quien hay que hablar es con otro señor. Y quien ya lo entendió muy claramente en México es Andrés Manuel López Obrador quien dijo:”Yo me voy a encargar de esto, y lo del Tratado de Libre Comercio háganlo hasta después de las elecciones y yo voy a convencer a Trump, etc.”

Yo veo que el estado mental de Trump está tan desquiciado que en un descuido se entiende con López Obrador. Solamente eso nos faltaba.

 

 

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