Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

31 de octubre de 2019. El Congreso del Estado lleva a cabo la sesión solemne en la que se develará, en la pared oriente del salón de sesiones, la leyenda Benemérita Universidad Autónoma de Aguascalientes, plasmada ahí con letras doradas, que es la versión solemne de aquello que se escribe con sangre, tal y como ocurre con muchas cosas valiosas de esta vida, ya sea gozosas o dolorosas, siempre sustanciosas y profundas.

El acto obedece a la distinción otorgada por el propio órgano legislativo el pasado 23 de mayo. El decreto respectivo no consideraba una fecha específica para llevar a cabo la solemnidad. Sólo se señalaba que la Junta de Coordinación Política la fijaría, y lo hizo para esta mañana del día final de octubre, precisamente unos días después de que el legislador blanquiazul Guillermo Alaniz de León, que además no es cualquier diputado, sino el líder de la bancada, sometiera a la consideración del organismo una iniciativa de reforma de la Ley Orgánica de la universidad, que violenta la autonomía de la institución y otorga inmerecidas atribuciones al Poder Legislativo.

Yo no sé… Gestos de esta estirpe me hacen pensar que vivo, no en Aguascalientes, sino en San Garabato, ese pueblo mágico; arquetípico, capital mundial de la farsa política y el disimulo, que el caricaturista Rius inventó para darle sustancia y cauce a su crítica.

Porque de otra manera no entiendo que el Congreso del Estado le dé a la UAA una palmada de reconocimiento con la declaratoria de benemérita, y luego una bofetada con la iniciativa de Alaniz, todo con una diferencia de días. Claro, esta última quedó en iniciativa y no se aprobó. ¡Vaya, ni siquiera se discutió!, pero escrito está que cuando el río suena, es porque agua lleva. Como se define en el acto de contrición que incluye la misa, los pecados son de “pensamiento, palabra, obra y omisión”. Entonces, aunque la iniciativa no se haya aprobado, es decir, no se haya convertido en “obra”, sí alcanzó la condición de “pensamiento y palabra”. Por tanto, tuvo una existencia real…

Me gustaría saber cómo estuvo la cosa; ¿qué fue primero, la definición de la fecha benemérita o la iniciativa de don Alaniz? ¿Se comunican entre sí los diputados; actúan de manera coordinada, o cada quien va por su cuenta? ¿Fue coincidencia, o algo planeado?

El hecho es que para festejar la declaratoria, y acompañar al Congreso del Estado en el ritual, la universidad, seguramente con la venia de la Presidencia Municipal, toma la Plaza de la Patria para realizar un par de actividades: en primer lugar la toma de una fotografía aérea del nuevo emblema de la universidad. La segunda actividad es una feria universitaria, un evento igual al que viene realizándose en el campus universitario desde hace 25 años, aunque de menores proporciones.

Para llevar a cabo estas tareas, desde horas antes la universidad ha ocupado la plaza. En el lado sur del espacio se instalaron seis hileras de puestos, separados por pasillos, para albergar a la gente y los materiales de los diversos departamentos académicos que se utilizarán en la muestra. Casi casi que aprovechando la fachada del Palacio de Gobierno se montó un estudio de televisión. También se han posicionado varias camionetas Sprinter, habilitadas como ambulancias o unidades del Banco de Sangre Rafael Macías Peña. También está uno de estos camiones con una torreta; de los que se utilizan para cambiar las luminarias del alumbrado público. Lo han estacionado en la orilla del brazo sur de la exedra, y colgado de la canastilla un gran pendón que hasta un par de días antes estuvo suspendido en el gran icono de la universidad que está en la entrada principal de Ciudad Universitaria, la oriente, y que dice, todo en azul, “#Somos Autonomía”, resaltada la palabra autonomía.

Por otra parte, en el lado norte de la plaza, una extensión redonda que abarca la superficie de los brazos de la exedra –si pudiéramos extenderlos hasta la reja del atrio de catedral-, fue cercada con cinta amarilla de seguridad, y en el suelo colocados miles de cuadritos de papel en color amarillo y rojo, para formar la figura del icono.

Habría que agregar que, quizá por los eventos del Festival de la Ciudad, hay ahí un escenario, en el límite norte de la plaza, y un par de tribunas, una frente a catedral, y la otra en la parte oriente de la explanada, cubriendo unas tres cuartas partes de la zona límite de la exedra y el jardín, separada por un pasillo que es donde se colocó el camión. Una parte de esta tribuna se utilizará para la fotografía.

Este despliegue de recursos, humanos y materiales; este florecimiento entusiasta de voluntades en la plaza pública me recuerda algo que leí en mi libro de Historia Universal Siglo XXI, el tomo correspondiente a la América virreinal; algo referente al hecho de que desde 1563 existió una ordenanza según la cual “los españoles capaces de llevar armas y de prestar el servicio militar, debían presentarse a las revistas militares”, que fueron conocidas con el nombre de alardes (P. 89). Lo que no sé de donde lo saqué; donde lo leí, es que estos alardes debían realizarse en la plaza, o en una explanada con la suficiente amplitud, evidentemente porque eran los únicos espacios donde podía desplegarse, por ejemplo, un contingente, ya fuera a pie, o a caballo. De hecho recuerdo haber visto una fotografía de una de estas ceremonias, en la explanada que está entre el templo de San Marcos y el jardín; una fotografía, quiero decir, de una ceremonia realizada en el tiempo del porfiriato, fines del siglo XIX o principios del XX.

Así que bien podría afirmarse que la universidad vino a la plaza pública para hacer un alarde de sí misma. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).