RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Lo que acabamos de ver en el Partido Acción Nacional y las repercusiones que tuvo sobre la elección de la mesa directiva en el Senado de la República y posteriormente en la Cámara de Diputados, el día exactamente de la instalación del Congreso en el último periodo del año 2017 de la LXIII, debe ser visto como una secuencia de hechos que no deberían estar relacionados directamente entre sí pero que han creado una cadena que ahora es más difícil entender solamente mirando el último de los eslabones. Entendemos que todo esto se genera por la disputa interna en el PAN para la obtención de la candidatura a la presidencia de la república. La política tiene cambios y las necesidades de los políticos también. Y ha llegado el momento de la rebelión interna dentro del PAN por la candidatura en disputa y las pre candidaturas en aspiración: Margarita Calderón, Moreno Valle, Romero Hicks, Ernesto Ruffo, etc. El tema de la elección del fiscal de la república obligó a Ricardo Anaya a endurecer alguna posición para tener una oferta que los demás no hubieran planteado, y entonces fue cuando escuchando voces de algunas personas de la sociedad civil y de otros lugares, él dijo: “No podemos aprobar un fiscal a modo”, obviamente a modo para el PRI que está peleando con todo para que Raúl Cervantes, actual Procurador General de la República se siga de largo con el nuevo cargo, el cual sería ¡por nueve años!. Con esto Peña Nieto y su gavilla se aseguran de que la ley no los toque al terminar su sexenio.

Los panistas llevan esta situación a la atención del cambio de la presidencia en el Senado y ahí se reventó toda la negociación porque querían hacer dos presidencias semestrales con Adriana Dávila y Laura Rojas. Entonces se invocó la paridad de género. Y los acuerdos políticos son de que un año le toca a un Partido, otro año le toca a otro y luego a otro, para ir haciendo después una junta de coordinación política que asuma las funciones que antes tenían las grandes comisiones en las Cámaras de Diputados cuando había una conformación política distinta. Ahora se ve algo insólito: La declinación prácticamente del PRI en favor de un panista, Ernesto Cordero, que llega sin los votos de los panistas a la presidencia del Senado. Entonces a los panistas no les quedó más que la última carta, ¿Que es cuál? El bloqueo. ¿Cuál es el bloqueo? Lo que estuvo ocurriendo cuando la diputada panista Guadalupe Murguía dijo que ella se quedaba ahí como Presidenta de la Cámara de Diputados hasta el día 5 de septiembre, no dejando por ello que el priísta Jorge Carlos Ramírez tomara posesión como nuevo presidente de la misma. Pero lo que logró Guadalupe Murguía fue, primero, frenar el funcionamiento institucional de la Cámara de Diputados, lo cual es un golpe al orden constitucional republicano, como lo quieran ver, como lo quieran explicar, pero fue una contraofensiva contra los priístas que se aventaron una jugada de esas de golpe bajo al apoyar al esquirol Ernesto Cordero.

Obviamente que otros esquiroles, los senadores del PAN que votaron a favor de que Ernesto Cordero fuera el presidente del Senado, son gente del grupo de Felipe Calderón y obedecieron fielmente la voz de su amo que trae el pleito casado con Ricardo Anaya. De todos es conocido el carácter de Felipe Calderón. Padecimos seis años su mecha corta, listo siempre para el pleito sin entender razones. Eso sin tomar en cuenta su alcoholismo. Y ahora pretende regresar a Los Pinos vía su esposa Margarita. También son de sobra conocidos sus alfiles Cordero, Javier Lozano y Roberto Gil, que atienden sin reparo lo que Calderón les indica y en este caso Calderón inició la andanada que llegará a su clímax dentro de unos meses cuando se sepa quién será el candidato del PAN a la presidencia.

El que no se anduvo con rodeos fue Fernando Herrera, coordinador de los senadores de Acción Nacional, cuando en su cara les dijo a los esquiroles: “Hoy, dándole una puñalada en la espalda, el Gobierno ha metido la mano. Esto es un verdadero atropello, es una vergüenza. Hoy nos queda claro quiénes son los traidores”.

Jorge Luis Preciado también les cantó sus verdades a los traidores: “¿Tienen la obligación de traicionar al PAN para venir a votar con la bancada del PRI? Te hablo a ti, Cordero, Lozano, Lavalle y Roberto Gil.  Qué vergüenza que tengas que venir a tomar protesta cuando 34 compañeros del PAN no están de acuerdo con que tu presidas”.  A Lozano le dijo que había regresado al Senado  “Para ponerse de tapete del PRI”.

Como se puede apreciar el grupo de Calderón Hinojosa va con todo a instancias de su jefe político, sin importar las traiciones. Y una probadita de cómo es Felipe Calderón, la describe Don Julio Scherer García en su libro “Calderón de Cuerpo Entero”, de la editorial Grijalbo, que publicó a principios del 2012. Ahí narra: “Carlos Castillo y yo habíamos dado vuelo a una amistad profunda, si la paradoja cabe. Cercana su renuncia al PAN, en abril de 1988, no ocultaba su desencanto por Felipe Calderón. Había sido su discípulo; de hecho lo había instalado en la presidencia del partido y de un tiempo para acá lo sorprendía como si se tratara de un desconocido. Una lenta transformación había hecho de Calderón un ser “inescrupuloso, mezquino, desleal a principios y personas”. En el mismo libro Alfonso Durazo comenta: “La biografía política de Felipe Calderón lo ubica como un hombre desconfiado y arrogante que subordina su inteligencia a lo visceral y a lo inmediato. Contrario a la opinión pública de que es un hombre de “mecha corta”, siempre he tenido la impresión de que no tiene mecha. Es un sujeto de temperamento primario, se conduce por impulsos, no por razonamientos”.

En mayo del año pasado Ediciones Proceso publicó el libro “El Amasiato” El pacto secreto Peña – Calderón y otras traiciones panistas, escrito por el periodista Álvaro Delgado. Ahí narra la traición que Calderón le jugó a Josefina Vázquez Mota en la campaña por la presidencia de la república, así como de la reunión de Calderón con Peña Nieto en el Hotel Nikko, en Polanco, que fue la sede del conclave secreto cuando faltaban pocas semanas para la elección presidencial de 2006. Peña Nieto tenía apenas 10 meses como gobernador del Estado de México pero ya diseñaba su futura candidatura presidencial. El miedo a la victoria de Andrés Manuel López Obrador los convocaba. El PRI del Estado de México “operaría” para transferirle 200 mil votos priístas a Felipe Calderón. “Ahí se definió la presidencia de la República”, se ufanaba Ulises Ramírez al narrar ese episodio histórico, el cual Peña y Calderón ordenaron mantener en secreto. Y si, ese pacto definió la Presidencia de la república en 2006, pues 240 mil votos fueron la diferencia en la elección. El favor lo devolvió Calderón al sabotear la campaña de Josefina Vázquez Mota operando para el triunfo de Peña ante López Obrador. En esa reunión del Hotel Nikko, que duró hora y media, Peña y Calderón también hablaron del futuro de Margarita Zavala, esposa de Calderón y prima política de Videgaray.

Para concluir le comento que Juan Molinar comenta en el mismo libro que Calderón ha perdido una tras otra porque ha hecho lo contrario: dividir, discriminar entre los panistas “auténticos”, los que siempre  acatan sus decisiones, y los “impuros”, los que no siempre coinciden con él.

Hoy Felipe Calderón de nuevo es la mano que mece la cuna y se alía con el PRI. Lo cual no es nada nuevo para él. Habrá que ver cómo acciona Ricardo Anaya para no permitir que el ex presidente le gane la partida y junto con ello la candidatura a la Presidencia de la República.