RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

El problema de la distribución de las gasolinas en verdad que causó un caos en muchas localidades del país, principalmente de los ubicados en los estados del centro de la república y en la Ciudad de México. El humor social y enojo de la gente fue creciendo conforme avanzó la semana que acaba de terminar, pues no se avistó alguna solución en esos días, cuando se pensaba que sólo iba a ser un corto tiempo el desabasto en las gasolineras, sin embargo no hay atisbos de que esto se solucione totalmente en los próximos días. Esto desde luego que preocupa, pues las afectaciones por la falta de suministros pueden llegar a un punto delicado en lo que a la movilidad del país se refiere. El gobierno debe de buscar una solución de emergencia integral para solucionar la distribución, pues el impacto económico está afectando a la economía y al patrimonio nacional. La estrategia, la operación, no fue la más adecuada en términos económicos y de comunicación, pues la distribución en pipas ha colapsado el abastecimiento de combustible en todo el país.

Ahora bien, todo esto tenía que explotar algún día, no era posible que toda la vida la mafia –políticos, sindicato y compradores- que integran el grupo del robo de las gasolinas, siguieran actuando con total impunidad como lo habían venido haciendo desde hace tres sexenios, robando miles de millones de litros que, traducido a dinero, eran cantidades exorbitantes de miles de millones de pesos que sin duda habían venido afectando tremendamente la hacienda nacional en perjuicio de los programas sociales y los servicios que el Estado tiene la obligación constitucionalmente de ofrecer al país. Es inconcebible que las altas autoridades del país durante tres sexenios no hayan actuado para parar el robo a Pemex. E inconcebible es que ésta organización delictiva no haya sido desenmascarada todavía al día de hoy, pues tan sólo han sido detenidos cuatro trabajadores de Pemex, pero los peces gordos, los que maquinaban perfectamente la logística para lograr el saqueo y la venta a las gasolineras no se sabe nada. ¿Será para no entorpecer las investigaciones? Pero si el costo por solucionar y detener a los inmiscuidos en el robo de combustible, funcionarios públicos, delincuencia organizada, etc. es el desabasto de unos días, es un costo barato. Desde luego que es un golpe fuerte porque es indiscutible la complicidad desde el interior de Pemex hacia fuera; hubo muchas gasolineras y empresas que se estaban beneficiando. Aquí la cosa es ver hasta donde la población está dispuesta a aguantar los efectos colaterales en el propósito del rescate del Estado de Derecho, pues si se desea rescatar ese Estado de Derecho se requiere un sacrificio de la población para lograr el costo que naturalmente sobre él va a tener el tratar de recobrar, del crimen organizado, territorios que pertenecen a la población.

Creo que no hay duda del deseo de López Obrador de que se combata el robo y la venta ilegal de las gasolinas, aunque es un problema muy complicado, pero creo que la manera en que lo están haciendo no era la solución, y debo decir que después del trasiego de drogas de México a Estados Unidos, el robo de las gasolinas es el segundo negocio más lucrativo del crimen organizado. En este operativo para evitar el robo de las gasolinas, lo más fácil era cerrar la llave y dejar que el Ejército hubiera tomado el control de las refinerías, claro que eso sería un abreviación que no va a resolver lo que es un problema muy complejo, probablemente en el corto plazo sí se resolverá, pues al no haber gasolina no habrá robos de la misma.

Preocupante es la situación conforme avanzan los días y se prolonga el desabasto. Lo que parecía sería cuestión de unos días ya se ha alargado y por lo que se ve no hay una fecha próxima que indique que la solución a este problema se resolverá en muy corto plazo. Así mismo, políticamente esto puede ser explosivo y llegar a tener altos costos si el desabasto de gasolina se traduce en problemas para el traslado de mercancías, insumos y alimentos. En los supermercados y en los centros de abastos se comenzará a ver que hay estantes en que faltan los alimentos, las frutas y las legumbres, etc.

López dijo en una de las conferencias mañaneras de principio de la semana pasada, que esto se resolvería en este fin de semana que estamos viviendo; no fue cierto. Hasta el día de hoy, en lugar de disminuir el problema, se ha agrandado. En Aguascalientes, que todavía a principios de semana no tenía un problema grave de desabasto, a partir del jueves de pronto la escasez de combustibles empezó a crecer a pasos agigantados y en consecuencia a generarse un caos en la mayoría de gasolineras; largas filas en la totalidad de ellas así como el racionamiento se empezó a dar ante la desesperación de los consumidores. Es desgraciadamente un problema que se puede profundizar.

Si al final de este caos, de largas filas, de pérdida de tiempo para cargar gasolina y de algunas broncas entre los automovilistas por meterse a la fuerza a las filas, etc., el problema del robo de combustibles  se resuelve y lo que se tuvo para lograrlo fueron solo estos días de incomodidad, creo que habrá valido la pena. Pero si no se logra, será un fracaso estrepitoso.

Lo que sí es criticable es la inacción sobre este asunto de los gobiernos anteriores. Este asunto del  huachicol no es nuevo, viene de al menos tres sexenios anteriores y resulta inexplicable hasta cierto punto que los presidentes Fox, Calderón y Peña no hayan accionado para evitar el robo a la nación. Y si no lo hicieron fue porque  eran beneficiados con el robo de combustibles, que, como le menciono líneas arriba, después del narcotráfico, el robo de gasolinas es el más lucrativo. Antes era el robo de vehículos, pero eso pasó a un tercer término, hasta hoy el robo de combustibles estaba siendo operado por una red muy bien organizada que iniciaba desde las mismas entrañas de la Torre de Pemex en la Ciudad de México, ahí en donde controlan todo el sistema de distribución de los ductos de todo el país. De ahí en adelante la red de corrupción está bien integrada con una cadena de distribución a gasolineras que compraban a Pemex cantidades ínfimas de producto, pero era sólo para taparle el ojo al macho, pues su principal venta era de huachicol, o sea gasolina robada. Las cantidades que durante estos años fueron robadas es de miles de millones de pesos. Lo que es inexplicable es que a pesar de tener las evidencias del robo de millones de litros de combustible y de conocerse la manera en que se estaba actuando ¡no haya ningún arrestado!, se informó de cuatro empleados que laboraban en la Torre de Pemex que fueron detenidos para que rindieran algunas declaraciones, pero no en calidad de arrestados.

La situación es preocupante, iniciaremos una semana en que el caos se puede presentar si el desabasto sigue igual, o peor. La gente empieza a ser presa de la desesperación y la preocupación de tan solo pensar en que se pueda llegar a la inmovilidad.