Noé García Gómez

México como país padece una grave adicción, la adicción al consumo del petróleo y su derivado la gasolina. A lo largo de muchas administraciones y sexenios la política de comunicaciones y transporte y energética se basó y sigue basando en privilegiar al automóvil como el centro de la transportación a lo largo del territorio y a las energías no renovables como fuente abastecimiento.

El 75 por ciento de la energía que se consume en México proviene de fuentes no renovables. De estas energías no renovables son producidas un 88% con petróleo.

El consumo de gasolina en México llega a los 815 mil barriles diarios, de estos solo 311 mil son refinados en nuestro país, el resto se importa de 8 países, tales como EU, Países Bajos, España, India, Bahamas, Antillas Neerlandesas, Francia y Trinidad y Tobago. Es de destacar que a muchos de estos países, México les vende petróleo crudo y le pagamos por un “valor agregado” que es la refinación, además de los gastos de transportación.

Como ejemplo está la realidad de nuestro estado Aguascalientes, el padrón de vehículos en el estado aumentó de 180 mil unidades en el año 2000 a más de 400 mil actualmente; el promedio de carros por vivienda es de 2.3, factor que ha influido para que el tránsito local sea lento; además cada año son insertados alrededor de 11 mil autos más al parque vehicular de Aguascalientes, lo que mantiene a la entidad como el estado líder en autos per cápita en el país. La ciudad capital cuenta con aproximadamente 25 millones de metros cuadrados de vialidades.

Por eso, el anterior gobierno federal con la mano en la cintura aplicó la estrategia de liberalización de precios y el alza correspondiente asumiendo las consecuencias (sin decirnos que muchos de esos políticos son dueños de gasolineras).

Pero también el actual gobierno con su estrategia de combate al robo de combustible (otros dicen improvisación de la política energética) causa esta crisis de desabasto. Por todo eso, es la molestia y enfado de nosotros, los millones de adictos al combustible.

Se puede decir que somos adictos al petróleo en sus diversos formatos. Y ya nos han dicho y escrito miles de argumentos sobre lo que esa adicción nos produce: problemas de salud derivados de la contaminación, gases de efecto invernadero, cambio climático, inundaciones, desertización, hambrunas.

Lo que tenemos que realizar no es solo exigir mejores precios en los energéticos y abasto suficiente para las necesidades, sino también exigir mejor transporte colectivo, reactivación de las líneas ferroviarias e implementación de vialidades para transportación alterna como la bicicleta.

El hecho es que cada vez que cogemos el coche porque estamos acostumbrados a ello o nos parece más rápido o porque nos da pereza el transporte público o la bici estamos haciendo algo más que contaminar y poner en peligro nuestra salud y la de todos.

Nosotros también tenemos que hacer lo propio, no podemos usar los energéticos como si fueran infinitos y baratos, tenemos que quitarnos esa cultura del derroche energético e ir poco a poco desintoxicándonos de tan terrible adicción.

Lo que estamos incentivando es la adicción y pasar esta terrible necesidad a las nuevas generaciones, a nuestros hijos.

Twitter: @noeg2