Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

¿Cómo se puede manifestar el espíritu de solidaridad entre los seres humanos? A través de la unión, el apoyo, el respaldo, la hermandad, la ayuda, el favor, la adhesión, la fraternidad, la lealtad y el amor, entre otras demostraciones tangibles. Sin ser reduccionistas, en las escuelas se inculcan diariamente estas ideas y se recomienda a los alumnos, como metacognición, que lo que aprendan en el salón de clases es para ponerse en práctica en la vida cotidiana. Con toda seguridad que en los hogares también se hace la misma tarea; y aunque  pareciera que los niños y los adolescentes, de momento, no le dan la debida importancia a la abstracción de estos valores, más temprano que tarde aflora en ellos el sentimiento de hermandad ante hechos impactantes y, sobre todo, cuando observan la participación solidaria de la sociedad.

En los meses pasados, fue la actitud pendenciera del actual Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica quien hizo emerger la solidaridad del pueblo mexicano en favor de los migrantes, de los jóvenes “soñadores” y del Gobierno de nuestra República. La situación social y económica de México, a pesar de denuestos y amenazas, se mantiene en pie y así seguirá porque el destino del país depende de la férrea unidad de los mexicanos. En los últimos días, debido a los sismos que ocasionaron derrumbes en construcciones y desgracias humanas, la sociedad mexicana se solidariza con los que perdieron su hogar, sus pertenencias, el lugar de su trabajo y a sus seres queridos. Horas después del sismo, sinnúmero de personas se hicieron presentes para rescatar a los sobrevivientes, para auxiliar a los más necesitados; y de todos los rincones del país surgieron, de manera espontánea, voluntarios que de inmediato aportaron utensilios, ropa, víveres y medicina para los que sufrían las consecuencias de los movimientos telúricos. En tal virtud, a los compatriotas en desgracia no les faltará lo necesario para seguir adelante. ¡La fraternidad nos mantiene y nos mantendrá en pie!

El gran reto de los mexicanos ahora es, por una parte, mantener ese espíritu de solidaridad mientras duren las reconstrucciones de las instalaciones físicas y mientras haya necesidad de alimentos y medicinas; y, por otra parte, el espíritu de solidaridad siempre debe estar presente, en todos los mementos y en todas las  circunstancias, en el hogar, en la escuela, en el centro de salud, en la iglesia, en la fábrica, en el taller, en el parque, en la calle y en todos los espacios donde hay grupos humanos. Y en este contexto, particularmente es deseable que la clase política y los propagadores de las redes sociales tomen conciencia de lo que realmente requiere el país, que no enrarezcan más el ambiente social, que no siembren más odio ni más desencuentros entre la  ciudadanía. Es válido hacer campañasy difundir ideas pero de propuestas viables y reales; poniendo a México por delante y dejando a un lado las campañas negras que sólo generan animadversión, enemistad, tirria, malquerencia, hostilidad, abominación, antipatía, aversión, resentimiento, rencor, rabia, desprecio, encono, irreverencia y mala voluntad, entre la población. Si se ha de buscar gobernar el país, que sea con los más nobles sentimientos del ser humano, con el mejor espíritu de servicio, con las mejores virtudes morales y éticas, con la mejor preparación; en fin, con los mejores proyectos para hacer de México un país donde todos sus habitantes se sientan satisfechos y orgullosos de ser mexicanos.

Y para tales efectos, que nos quede claro, la solidaridad que deseamos para siempre es la que se construye, diariamente, en el hogar, la escuela, la iglesia, la oficina, la fábrica, el taller, el parque y la calle, entre otros espacios de convivencia. ¡Allí, donde hay solidaridad, la Patria está a salvo!

 

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