Mircea Mazilu

El artículo de hoy tratará sobre la tesitura rural de 1910 consecuente de las reformas agrarias del siglo XIX que moldearon la sociedad mexicana prerrevolucionaria. Se han publicado varios estudios acerca de este tema que han aportado diferentes hipótesis sobre la división de la tierra, sin embargo todavía hay ciertas lagunas con respecto a los porcentajes y resultados quedando muchos de ellos en aproximaciones. A pesar de ello, es indubitable que antes de comenzar la Revolución, el campo en México se caracterizaba por el predominio de los latifundios y el poder que ejercían en él los terratenientes poseedores de grandes extensiones de territorio, en detrimento de los campesinos peones que perdieron gran parte de sus posesiones. A continuación expondré algunos datos que expertos como Moisés González Navarro o Fernando González Roa han aportado sobre el tema.

Se estima que a la altura de 1910 la superficie agraria se podía dividir en cinco partes: nacional, con un 10% de la superficie total; latifundios, con un 54 %; parvifundios, con 20%; tierras comunales, con un 6%; y tierras eriazas, con 10 %. Fernando González Roa nos dice que del total de 2 millones de kilómetros cuadrados que conformaban México en esta fecha había unos 880 mil kilómetros cuadrados que les pertenecían a 11 mil latifundios divididos entre haciendas y ranchos, 120 mil hectáreas pertenecientes a 6 mil pueblos y villas, 200 mil hectáreas de tierras en manos de compañías deslindadoras, 200 mil hectáreas de baldíos y terrenos nacionales, 400 mil hectáreas de pequeña propiedad y 200 mil hectáreas de tierras eriazas.

Los latifundios eran grandes extensiones de territorio que se podían dividir en haciendas o ranchos. La distinción entre hacienda y rancho muchas veces no es clara, de ahí la clasificación de éstas dos en latifundios. Algunos historiadores sostienen que en el Norte el rancho representaba la gran propiedad y en el Centro la tierra que no pasaba de las mil hectáreas. Según otras hipótesis, rancho podía representar el territorio particular de un propietario que lo trabajaba con su familia o también podía formar parte de una hacienda, ya que el hacendado fundaba su finca a través del asentamiento en ella de varios ranchos. Según algunos estudios, durante el porfiriato los ranchos representaban las poblaciones más numerosas de México llegando a rozar la cifra de 49 mil en 1910, mientras que las haciendas no alcanzaban la suma de 9 mil para las mismas fechas.

Sea como fuere, las grandes propiedades de tierra se instalaron por prácticamente todo el territorio mexicano desarrollando en la mayoría de las veces una economía capitalista destinada al mercado. En el Norte los grandes propietarios, en su mayoría criollos y extranjeros, eran especuladores favorecidos por las leyes de los baldíos que convirtieron sus territorios sobre todo en propiedades destinadas a la ganadería y la agricultura de exportación. En el Centro prevalecían los terratenientes criollos beneficiados por las leyes de desamortización que practicaban una economía de subsistencia. En el Sur, por su parte, destacaban también los criollos y extranjeros quienes supieron sacar ventaja a las leyes sobre baldíos, para después dedicar sus tierras a la agricultura de exportación.

A la altura de 1910, los pueblos representaban el tercer actor con importancia numérica después de las haciendas, llegando a constituir unas 5 mil unidades para esta fecha. Los pueblos se encontraban sobre todo en Oaxaca, Morelos, Tlaxcala y en los alrededores de Ciudad de México. Las rancherías, pueblos humildes y pequeños de campo, alcanzaban la cifra de 3,850 en 1910 predominando en el Centro: Puebla, México e Hidalgo. Las tierras nacionales, los baldíos, las tierras en manos de compañías deslindadoras y los terrenos eriazos acumulaban en total unas 600 mil hectáreas. Por último, las tierras comunales, con un 6% de la superficie total en 1910, fueron los territorios que disminuyeron conforme se acercaba la fecha del estallido de la revolución siendo éstas las víctimas directas de las leyes concernientes a las tierras promulgadas durante toda la segunda mitad del siglo XIX.

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