RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Luego de la elección de la nueva dirigencia nacional priista, las disputas y desavenencias al interior de algunos partidos se han suscitado de una manera inusitada. Por ejemplo, en el PRI las renuncias de muchos de sus militantes se vinieron en cascada luego de la descarada pantomima que realizó la cúpula de ese partido para lograr que “ganara” el ex gobernador de Campeche, Alejandro Moreno “Amlito”. Quién inició la desbandada fue su principal opositora, Ivonne Ortega Pacheco, que ya había probado las mieles de pertenecer a la cúpula priista al haber sido diputada local, presidenta municipal, diputada federal, senadora y gobernadora de Yucatán en el período 2007 al 2012, y que a pesar de haber vivido las experiencias de las altas esferas priistas, tuvo la inocencia para creer que podía alcanzar el liderazgo de ese partido con tan solo desearlo. Se le olvidó que en el PRI, a pesar de estar en los estertores finales de su existencia, aún existe la ‘nomenklatura’, que es la que pone y quita dirigentes. Ivonne había dicho luego de la jornada electoral que a pesar de la tremenda derrota que le infligió el clan tricolor no renunciaría a su militancia. Mintió. Días después abandonó al partido que le dio todo políticamente hablando. Se fue muy dolida con sus ex compañeros por la vergonzosa jugada que le hicieron y al darse cuenta que ella sólo sirvió para avalar con su candidatura una aparente jornada democrática, la cual estuvo muy lejos de ser real, pues la elección estuvo amañada de principio a fin. Sólo los priistas muy inocentes, por no decir otra cosa, pensaban que estaría pareja la elección, que el PRI cambiaría para tratar de resurgir: ¡Se equivocaron! El PRI ha dado cientos de entes de la peor calaña y los sigue dando. El PRI no ha cambiado. Se olvidaron que la política es de tiempos y circunstancias.

Y cuando la nota era precisamente la desbandada priista, resulta que se alborotó el gallinero en MORENA. Las envidias e insidias que ya se venían dando de manera a veces subrepticia, afloraron en el seno de la Cámara de Senadores a todo lo que podían darse y los pleitos de la bancada de MORENA se evidenciaron y se dieron a conocer en todos los medios importantes de comunicación. La rivalidad entre Martí Batres Guadarrama y el siempre nefasto cacique zacatecano Ricardo Monreal Ávila, hizo crisis por la presidencia de la Cámara de Senadores que venía presidiendo Martí Batres, ante la aparente indiferencia del dueño de MORENA, Andrés Manuel López Obrador. Y decimos que aparente indiferencia de Andrés Manuel debido a que el control y manejo del presidente de la República del partido que él creó es evidente, aunque ha dejado que las cabezas que él ha designado para que lideren su partido actúen como si tuvieran autonomía, lo cual obviamente no es real, pues MORENA es sin duda el partido más importante del país y de dicho partido dependerá que López Obrador continúe manejando el país con un “Maximato”. La manera en que fue designada Mónica Fernández Balboa, curiosamente paisana de López Obrador, como presidenta de la Cámara de Senadores, fue al más puro estilo priista: con triquiñuelas que deben avergonzar a quienes ostentan el control político del país. Ricardo Monreal, experto en el manejo sucio de la política, no tuvo inconveniente alguno para mostrar su real cara e imponer a la tabasqueña sin importarle para ello que incluso votaran no sólo los militantes de MORENA, sino que de último momento permitió a cinco senadores del Partido Encuentro Social. El resultado de la votación fue de 33 votos a favor, 29 en contra y sólo dos votos nulos, uno de esos votos nulos fue el de Ricardo Monreal para de esa manera jugarle al Poncio Pilatos y lavarse las manos, diciendo que él no influyó ni a favor ni contra Batres o Mónica Fernández. La nueva presidenta de la Cámara Alta está casada con un priista de hueso colorado: Carlos Rojas, que fue secretario de Desarrollo Social –Sedesol– en los sexenios de Carlos Salinas y posteriormente de Ernesto Zedillo. O sea que no hay nada nuevo bajo el sol, la mayoría de morenistas no son más que la misma gata revolcada. Las conveniencias políticas se están dando de manera descarada y por conveniencia; bueno, eso ha sido toda la vida, cuando la ubre a la que habían estado pegados toda la vida ya no da nada, de inmediato, sin pudor, hemos visto cómo los políticos cambian de camiseta y de ideología y doctrina política; el más claro ejemplo es precisamente Ricardo Monreal Ávila, que ha militado en varios partidos políticos para lograr sus objetivos; empezó en el PRI, como activo de la CNC y de ahí en adelante, hasta lograr escalar a los altos cargos de la política mexicana. El último amague que tuvo de abandonar a MORENA se dio cuando no fue designado como candidato por MORENA para jefe de gobierno de la Ciudad de México. Sin embargo, López Obrador lo contentó al hacerlo candidato a senador de representación proporcional, o sea que no hizo campaña, y ya como senador lo hicieron líder de la bancada morenistas en donde pone y quita. Martí Batres lo definió de cuerpo entero al decir que Monreal es un político faccioso, lo que es lo mismo que decirle revoltoso, insurrecto y provocador. Por eso los mexicanos tenemos una gran falta de confianza en los partidos políticos, la ficción política es sólo una simulación vergonzosa.