Mircea Mazilu

El próximo 25 de octubre se cumplirán 102 años del inicio de la Revolución bolchevique, la cual ponía fin a más de 300 años de zarismo y daba origen al primer Estado Comunista de la historia. El 25 de octubre de 1917 (7 de noviembre según el calendario gregoriano), el Partido Bolchevique de Vladimir Lenin ocupaba puestos estratégicos en Petrogrado, la capital rusa del momento, dando inicio a la primera revolución socialista del siglo XX. El presente escrito (que tendrá continuación la próxima semana), hablará sobre la historia de Rusia y la revolución que brotó en este país en 1917.

La historia de Rusia se remonta hasta el siglo IX d.C., cuando Oleg “El Sabio”, príncipe sueco de la dinastía Rúrika, creó el primer Estado Ruso llamado“Rus de Kiev”, con capital en la ciudad homónima. En poco tiempo el principado incorporó numerosas tierras, hasta extenderse desde el Mar Báltico en el norte hasta el Mar Negro en el sur y desde el río Vístula en el oeste hasta la península de Tamán en el este. En el año 944 el monarca Igor firmó un tratado comercial con Bizancio, abriendo el principado a la influencia cristiana, y en el 988 el príncipe Vladimir comenzó la cristianización del principado.

A partir de la segunda mitad del siglo XI, la “Rus de Kiev” se desmembró en numerosos principados, en los cuales reinaban diferentes conflictos y rivalidades. En las siguientes dos centurias las invasiones de teutones y mongoles aceleraron el declive político, económico y cultural de este territorio. Gracias a las victorias de Alejandro Nevski sobre los teutones en la batalla del lago Chudskoe (1242) y la de Dimitri I de Moscú sobre los mongoles cerca del río Don (1380), comenzó el proceso de liberación de las regiones rusas.

En 1547, tras la entronización como zar de Iván IV (1533-1584), se establecía el Zarato de Rusia. Este soberano, mejor conocido como Iván “El Terrible”, instauró la servidumbre y creó un imperio mundial ortodoxo. De la misma manera, con las conquistas de Kazán, Astracán y el Valle del Volga, amplió las fronteras del zarato, que ahora se extendían hasta la parte occidental de Siberia. Tras su muerte, como consecuencia de las luchas internas que se desataron entre los principados, el Estado Ruso volvía a caer en la anarquía.

En 1612, con el nombramiento de Mijaíl Romanov como zar, se daba inicio a la dinastía de los Romanov, la misma que gobernaría Rusia hasta la Revolución de 1917. De esta saga destacaron dos monarcas: Pedro “El Grande” (1682-1721) y Catalina II (1762-1796). Al primero se le atribuye la occidentalización, la modernización y la ampliación de las fronteras de Rusia hasta el Mar Caspio en el sur y el Mar Báltico en el norte. A la segunda se le debe el florecimiento de la ciencia y las artes y la anexión al imperio de parte de Ucrania, Polonia, Lituania y Crimea.

En el siglo XIX Rusia era un imperio inmenso extendido sobre dos continentes, en el cual existía una forma absoluta de gobierno. El zar concentraba todos los poderes, al tomar decisiones de forma autoritaria y reprimir cualquier persona o grupo que discrepara con él. Asimismo, la mayoría de la población estaba conformada por campesinos analfabetos que vivían en la penuria y la indigencia. A pesar de que la servidumbre fue abolida en 1861, los rurales, empobrecidos y endeudados, se vieron obligados a permanecer en las fincas de los terratenientes.

En el plano internacional, como consecuencia de la derrota en la Guerra de Crimea (1853-1856), se ponía de manifiesto que Rusia era un imperio débil y vulnerable. En definitiva, a la finalización de la centuria era evidente que el país necesitaba un cambio y que éste no tardaría en llegar.

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