sapiensDavid Reynoso Rivera Río

La privacidad se ha venido consolidando tristemente como una de las mayores aspiraciones de los seres humanos en la actualidad. Todo esto, debido al gran impacto que se ha logrado a través de la amplia gama de medios de comunicación digital y la entrada en el mercado de un sinfín de “gadgets” o dispositivos móviles que permiten realizar muchísimas funciones que anteriormente en el siglo XX, significaban y requerían adquirir cerca de 9 u 12 aparatos electrónicos para realizar actividades ni siquiera idénticas pero similares.
Hace un par de días, todos pudimos observar un claro ejemplo de ello y además, de lo virales que pueden convertirse los medios de comunicación para la difusión de ciertas cosas en tan sólo un par de horas. Todo esto, en razón de un video de ciertos funcionarios públicos que desafortunadamente aprovecharon una reunión para cometer algunos actos que si bien no dan ni serán jamás reflejo de una buena imagen, tampoco somos nosotros los indicados para juzgar si lo que hicieron estuvo bien o estuvo mal. Justamente ahí se encuentra el quid de todo esto, ya que es importante recordar a los lectores que la única persona capaz de reprochar una conducta, es el mismo ser humano que la cometió ya que cada quien es dueño de su conciencia y su vida.
Con lo anterior, es indubitable que fuimos testigos de cómo dichos dispositivos móviles, dada su capacidad de grabar video y fotografiar, proporcionan, como bien lo había mencionado hace ya algunas columnas, las herramientas necesarias para tener desde un periodista en cada Smartphone hasta un nuevo esquema de vigilancia y espionaje, que abarca absolutamente cualquier espacio y/o personaje, independientemente de que sea público o privado.
La privacidad es el título del presente escrito y sin embargo, es algo que quizá sea muchísimo más complejo de describir de lo que uno pueda imaginar, ya que puede tener un sinfín de descripciones, desde la obligada por parte de la RAE que la define como ámbito de la vida privada que se tiene derecho a proteger de cualquier intromisión, hasta aquellos filósofos que la determinan como condición necesaria del ejercicio de la libertad individual y del respeto a la dignidad humana.
Ahora, en cualquier lugar, público o privado, nos pueden estar videograbando o fotografiando sin que nos demos cuenta y por supuesto sin pedirnos autorización, y en seguida subirlo a las redes sociales donde se hace público inmediatamente, o bien remitirlo a cualquier medio de comunicación, editándolo o no, real o alterado, y producirnos un daño a nuestra reputación, imagen y dignidad personal de forma inusitada. Todo esto, se encuentra ligado a uno de mis temas jurídicos favoritos, el respeto a los DERECHOS HUMANOS, dónde comienzan las complicaciones al analizar este tipo de temas como lo es el derecho a la intimidad, a la información, al olvido, a la privacidad, a la libertad de expresión y a la intimidad bajo el famoso examen-test de proporcionalidad mediante el cual tendremos que analizar cuál de dichos derechos es preponderantemente en beneficio de la persona y la colectividad.
Hemos también conocido videos donde ex parejas, ex amigos o cualquier persona que definitivamente demuestra no tener estructura de valores alguna, deciden intentar dañar a otras personas bajo este tipo de ejercicios después de que ha terminado su vínculo afectivo; sin embargo, la situación creo es todavía más grave en casos como el que hemos escuchado últimamente en nuestra comunidad, con aquella aplicación que inclusive ya fue censurada por gobiernos como el de Brasil, en la cual cobardemente, un grupo disminuido de personas abocaron su tiempo (que bien podrían y deberían dedicar a cosas de provecho) en redactar comentarios anónimos, cobardes y falaces. Recordemos que esa no es ni deberá ser jamás la función de las redes sociales y el internet, sino al contrario, ya que a través de ese tipo de innovaciones tecnológicas, contamos con una cantidad innumerable de beneficios que van desde la comunicación con los seres lejanos y el aumento a la productividad de un negocio, hasta la facilidad para obtener información y fortalecer nuestro bagaje cultural e intelectual.
¿Qué debe suceder con las personas o medios de comunicación que realizan esas intromisiones, deben ser sancionados o no? Considero que es un excelente tema de debate que espero pueda darles algo para pensar durante el fin de semana o sus ratos libres, en lugar de comentar acerca de temas irrelevantes. Menciono todo esto, porque considero que es y será necesario por parte de nuestros legisladores, analizar estos asuntos y quizá buscar alguna manera en la que puedan abstraer la realidad y plasmarla en norma jurídica orientando a la sociedad a su buen funcionamiento. La dificultad para regular las redes sociales y que los medios hagan lo que quieran escudándose en la libertad de expresión y en la confidencialidad de sus fuentes, no deben ser obstáculos para abordar el tema desde el punto de vista jurídico y político, y no perdernos en los video escándalos de moda.
El asunto de fondo, desde mi humilde y particular punto de vista, va más allá de no perder nuestro derecho a la privacidad y a la intimidad, sino de fomentar un respeto por parte de todos los jóvenes. Mientras no entendamos como sociedad que la única manera de ser mejores en todos los ámbitos es mediante la construcción, seguiremos bajo el mismo sistema basado en que es más fácil destruir que construir.
Acertadamente lo decía Don Benito Juárez: “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz.”

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