RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Los panistas se reunieron en un cónclave la semana pasada y ahí sacaron el calendario en que elegirán a la nueva dirigencia del PAN. A finales de octubre, por ahí del día 21, se elegirá al nuevo dirigente nacional y el 15 de noviembre tomará posesión quien resulte electo. Pero a partir de la semana que acaba de terminar comenzó el juego de las sillas.

En este asunto del PAN creo que se requiere de un análisis histórico y de un análisis político. En la parte de la historia veo que hay un grupo de personas en el Partido Acción Nacional que argumentan como la solución de todos los males que enfrenta esta organización política un regreso a sus orígenes fundacionales, a la doctrina que les dio estructura, que les dio, aquí sí cabría la palabra, mística de organización y que les permitió resistir años y años de frustración por no poder lograr lo que ellos llamaron esa brega eterna, ese luchar y luchar y seguir combatiendo a un régimen cuyo afán socializante y autoritario fue lo que les dio origen. Tenían una causa política y una causa humanística, según sus fundadores, por la cual luchar. Pero no fueron esos principios, desgraciadamente, los que les dieron el acceso al poder. El acceso del Partido Acción Nacional fue cuando abandonó esos principios, los enarboló simplemente como parte de un discurso de oposición pero participó de la orgía del salinismo. Cuando dejaron de leer a Gómez Morín y se pusieron a leer a Carlos Salinas empezaron a ganar y a ganar posiciones y después en un viraje absolutamente incomprensible, habiendo pasado por la experiencia del gobierno durante dos sexenio, en los cuales uno de sus presidentes no tenía verdaderamente una vinculación histórica con el PAN, como fue Vicente Fox, y otro presidente que a pesar de tener una vinculación histórica tuvo una serie de atropellos a su tradición y se convirtió en un jefe caprichoso del partido, que ponía y quitaba presidentes como fue el caso de Nava y el de Germán Martínez. El partido comenzó a perder la identidad mientras iba ganando la posibilidad de ascender hasta la presidencia. Ahora esas dos cosas dejaron de funcionar y vino esta extrañísima alianza con lo que quedaba con el Partido de la Revolución Democrática y entonces ha ocurrido esta desgracia para quienes siguen militando en las filas del PAN y han llegado a un resultado electoral que yo diría solamente superado en infamia por el resultado electoral del PRI. Con todo y eso no creo que el Partido Acción Nacional esté al borde de la extinción, creo que el pragmatismo del grupo de Ricardo Anaya lo podrá mantener a flote, pero entonces quienes creen que la doctrina puede ser la solución van a sufrir una vez más la decepción. No sé si el próximo presidente del PAN va a ser Marko Cortés, pero si es él no me extrañaría absolutamente. Creo que la reunión del sábado pasado demostró que Ricardo Anaya pudo llegar y salir y no recibió ningún abucheo, incluso lo recibieron con aplausos, casi casi como un líder después de haber llevado al partido a una derrota en la campaña mas impugnada de su historia. Impugnada por los propios militantes que le reclamaron acremente, menos su grupo, que utilizara la presidencia del partido para hacerse de la candidatura. Y hoy tenemos la repetición de cosas que dicen que en política hay axiomas y hay cosas que no pueden desafiar a la lógica. En las dos ocasiones que grandes partidos han puesto la maquinaria al servicio del presidente para avasallar a sus adversarios internos, en las dos ocasiones han perdido. Perdió el PRI horriblemente con Roberto Madrazo y perdió el PAN terriblemente con Ricardo Anaya. ¿Qué les va a pasar? Les va a pasar en una escala lo mismo que al PRI: No van a tener dinero. Sus prerrogativas van a ser mutiladas por una nueva ley y también disminuidas por su escaso triunfo electoral, sus escasas ganancias electorales, y van a tardar muchos años en recuperarse. A menos de que emprendan otra vez una brega de eternidad.

 

MORENa fenómeno de extraordinaria velocidad

En días pasados el periódico El Universal publicó la percepción de la población respectó a Manuel López Obrador después de la elección del 1° de julio. El Universal levantó una encuesta entre el 8 y 12 de agosto, entrevistó a 1,200 ciudadanos, cara a cara, y de estas aprobaciones, tanto de López Obrador como de Enrique Peña Nieto destaca que Andrés Manuel López Obrador creció, pues el 65% de las personas piensa que va a cumplir lo que ha prometido, tienen una expectativa positiva y le dan un voto de confianza a lo que dice el presidente electo. Del lado de Peña Nieto no hay ninguna novedad, él mantiene un nivel de aprobación del 22% que es el que ha tenido en los últimos meses, y en una calificación que le ponen del 1 al 10 el obtiene 4.4, es decir Peña Nieto en términos de ésta expectativa de la gente reprueba y el presidente electo tiene un voto de confianza del 66% de las opiniones que confían en su palabra y en sus programas. Lo anterior demuestra que López Obrador además de haber recibido el 1° de julio una votación apabullante que lo colocó con 53%, números redondos de la votación a su favor. Si volviera a haber votaciones en este momento ¡más votarían por él!

El anterior es un fenómeno político que creo que vamos a tardar mucho tiempo en analizarlo con todos sus componentes porque si nos vamos a los números estos 30 millones de votos del 1° de julio están compuestos por dos pequeños universos. Uno, el universo de 16 millones de votantes que habían votado en dos elecciones anteriores, quiero suponer al menos en volumen, en una elección Andrés Manuel ganó 15 millones, en la siguiente, la anterior a ésta ganó 16 millones y de pronto ahora no subió un millón, como en las otras ocasiones ¡sino que subió al doble! ¿Eso qué quiere decir? Que hubo 14 millones de personas que se sumaron a esos 16 millones de personas, 14 millones más, que en otras ocasiones no lo habían respaldado. Para hacer este análisis los he dividido en los constantes y los recientes. Entre los constantes están ¿quiénes? Las bases tradicionales que en su momento le dieron apoyo al Partido de la Revolución Democrática y que después dejaron de apoyar a esa opción política para ir en pos del hombre que había hecho grande al PRD y que después hizo más grande a MORENA en muy poco tiempo, porque tenemos que recordar que como partido político establecido con prerrogativas, con derechos y con todo lo demás MORENA tiene cinco años, es un fenómeno de extraordinaria velocidad de una institución política que en cinco años se queda con el poder total en un país tan complicado y tan difícil como este. ¿Por qué ocurre este fenómeno? Por varias causas. Entre otras porque la gente se hartó de votar por el PRI. Se hartó del gobierno actual, no confió en la propuesta que traía el frente encabezado por Acción Nacional, este frente anti natura que finalmente se demostró que sí era anti natura PAN, PRD y Movimiento Ciudadano. No fraguó ese plan. La gente no confió en Anaya y  decidió apostarle todo, o la mayoría, de manera aplastante a Andrés Manuel López Obrador. Esos factores son reales, pero hay otro factor que me parece es el más importante de todos: “Porque la gente creyó”. Nos hemos ido mucho con el análisis de aquello en lo que la gente ya no cree. Ya no cree en el PRI, ya no cree en cierto tipo de políticos, ya no creyeron en el PAN, etc. Pero creyeron en López Obrador. Esta creencia popular que le dio el empuje verdaderamente cataclísmico a Andrés Manuel. Esto me llama la atención porque va a necesitar, cuando el gobierno comience, satisfacer las expectativas de los anteriores y de los nuevos creyentes. Y aquí va a haber algunos choques de interés porque por ejemplo yo pensé que viajaba por la máquina del tiempo cuando vi a principios de la semana pasada a unos señores y señoras con unos machetes por la calle protestando por la construcción de un aeropuerto. Creí que había dormido no sé cuantos años y que cuando desperté Fox seguía siendo el presidente y la lucha contra el aeropuerto seguía ahí. Y no entendía cómo es posible que los macheteros de Atenco vayan a protestar a la casa campaña de López Obrador que dijo que no al aeropuerto. Excepto porque ahora parece que dice que sí. Esas bases, las fervientes, las enfebrecidas y radicales que le dieron fuerza y que le dieron perdurabilidad a una lucha social convertida en un movimiento nacional, convertido en un partido político aunque se llame de otra manera y convertido ahora en la institución presidencial, esos ¿cómo van a pactar con los nuevos, con los que no salieron a protestar en tiempos de Fox por el aeropuerto? Tendrá que hacerse un trabajo político interno importante para frenar a los radicales que se paran afuera de la casa de campaña a decir “No le des el avión al pueblo” y dar el avión, según dicen los “millennials” es decir que sí pero no, darles por su lado, no hacerles caso ni tomarlos en cuenta al final. Y después de esto vienen otras obras importantes: Los trenes transístmicos, el tren Maya todas estas obras en las cuales las consultas parecen ser el método ¿Para qué? ¿Para hacer lo que ellos quieren o para tener una fórmula cómoda de hacer lo que ellos quieren apoyándose en un sondeo más o menos controlado? Este es un fenómeno que lo tendremos que analizar día con día, porque así puede salir Alfonso Durazo a decir: “Pues la promesa de la Guardia Nacional, ¿qué creen? ¡Que ya no!” Y sin embargo un gobierno que no existe todavía, va a existir hasta el mes de diciembre, ese gobierno ya está creciendo en sus márgenes de aceptación. Y uno se pregunta: ¿Qué es lo que están aceptando? Las mismas ofertas y promesas de una campaña al parecer prolongada. ¿Por cuánto tiempo? Ojalá que solo hasta el 1° de diciembre, cuando empieza la verdadera responsabilidad del ejercicio del poder. Antes es el ejercicio del hablar.