RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

En Aguascalientes las campañas políticas de quienes aspiran a ocupar las cámaras legislativas federales apenas se perciben. Tanto los aspirantes al Senado de la República como los que luchan por acceder a la Cámara de Diputados están realizando campañas de no mucha profundidad entre el electorado. Algunos se atienen al capital político que creen poseer por su ya muy larga trayectoria en el servicio público, ya sea a nivel estatal como federal. Varios de los ahora candidatos ya han sido representantes populares en otras ocasiones y aunque su labor no ha pasado de la medianía y en varios casos ha sido intrascendente, pues no dejan el espacio a nuevas caras en sus respectivos partidos. Aunque hoy hay que aceptar que al partido creado por Andrés Manuel López Obrador se están integrando militantes de todos los partidos, del PAN, del PRI, de Movimiento Ciudadano, del PES, etc. Pero en la mayoría de los casos son de militantes de negros antecedentes que ahora ven la oportunidad de estar del lado de los ganadores por la tremenda ventaja que lleva el tabasqueño en las encuestas y por ello la “cargada” está muy fuerte. Pocos son los políticos honorables que han defeccionado a sus partidos para ir a MORENA, los que han llegado, en su mayoría, son de negros antecedentes, pero ahora para los de MORENA lo que importa es sumar, ya después se verá que acomodo se les da en el gobierno si es que triunfan el 1° de julio.

Los candidatos del partido que más difícil la tienen en su lucha por ir al Congreso son los del PRI. La marca no les ayuda para nada, pues la población la relación con corrupción. A ello hay que agregarle que las designaciones, a pesar de todo, se siguieron repartiendo al mismo estilo de toda la vida en ese partido. Muchas candidaturas la verdad son vergonzantes, con un claro motivo de que los clanes sigan pegados a la ubre presupuestal más que con sentido republicano. Candidatos de casi ¡90 años!, pero no sólo a ellos sino que se despreció a la militancia dándoles además candidaturas al Congreso local a sus vástagos. Obviamente que son candidaturas plurinominales en donde no requieren de que la gente vote por ellos y ni siquiera gastarán suela haciendo campaña. Esto no es más que un claro ejemplo de lo que sienten por la ciudadanía. En cambio vemos en otros partidos caras nuevas que traen vientos de cambio, vientos de esperanza, como la candidata del PT –que va en alianza con MORENA- por el tercer distrito electoral federal, Dulce Arellano Gourcy, hija de una de las familias muy conocidas en el ámbito comercial. Otro candidato, éste al Senado de la República y que va en la segunda posición por Nueva Alianza es Diego Armando Vázquez Albor, un joven que apenas despunta en el ámbito político y que es hijo de un conocido periodista, Armando Vázquez Granados, fallecido hace algunos años y con el que llevé una buena amistad. Por él conocí a su hijo cuando muy pequeño y ahora me da gusto que participe en política pues es lo que le hace falta al electorado, gente nueva, sin las malas artes de los políticos enquistados desde hace décadas en el servicio público. Estos jóvenes candidatos deberán hacer campañas de altura, de propuestas creíbles y en los escenarios adecuados, pues los políticos de rancia militancia no han podido, o no han querido, cambiar sus estrategias para promover el voto, y sus campañas curiosamente las enfocan en un gran porcentaje a visitar ¡los tianguis! Día a día vemos candidatos y candidatas recorrer con sus equipos de campaña los tianguis de la ciudad y de los municipios para tener acercamientos con la población y con los tianguistas, los cuales en muchos de los casos ni siquiera viven en el distrito en el que venden sus productos y por lo mismo pues no pueden votar por quienes van a hacerles su oferta política. Con acciones como estas nos damos cuenta que los políticos no cambian ni siquiera en la manera de ofertarse, pues los métodos siguen siendo los de hace 40 años, sin reparar en que hoy la mentalidad de la población es totalmente diferente, más crítica y más exigente.

 

ECOS DEL DEBATE

El debate entre los candidatos a la Presidencia de la República, efectuado el domingo pasado, tuvo una nueva estructura que permitió mayor interlocución y menor rigidez de lo que habían sido los debates anteriores, pero de todas maneras es muy complicado que haya ocho personas simultáneamente en el escenario, en un tiempo, ciento veinte minutos, en donde muchas veces los mejores argumentos terminaban atropelladamente o se tenía que cortar el hilo de una idea, y eso es porque la ley electoral obliga a esto que me parece muy justa pero muy poco favorecedora del espectáculo de la comunicación en aras de la participación equitativa, pues todo mundo tiene el mismo derecho, el mismo tiempo, el mismo lugar y la misma hora, todo es por sorteo, no hay preferencias. ¿Y entonces que es lo que sucede? Pues que no se puede hacer de otra manera si se quieren respetar esos principios de equidad y de participación igualitaria. Ese es el precio que hay que pagar y así los debates se tienen que seguir haciendo; no sé en lo personal como va a ser el segundo allá en la ciudad de Tijuana, y no sé porqué tienen que ser tres moderadores, pues podrían ser dos, pero el debate en sí mismo creo que tiene dos maneras de ser abordado y sus consecuencias también. El equipo de Meade apuesta a la persuasión intelectual que su candidato puede ofrecer. Un hombre que se presenta y se autodefine en los amplios parámetros de su honestidad personal y su capacidad profesional. No dudo ni de una cosa ni de la otra, creo que Meade es un hombre capaz, es un funcionario que ha dado muestras de aptitud y creo que es un hombre decente y con la decencia va la honestidad, no tengo ninguna duda pero no sé si eso sea necesariamente lo indispensable para conmover a un electorado en un país que tiene la sangre caliente. Los mexicanos somos emotivos, muchos más que racionales, entonces un hombre que llega con toda la serenidad y con la severidad de un académico, de un profesor, de un funcionario de primer nivel pero que no emociona, creo que termina el debate arrinconado, no digo que despreciado pero sí mal apreciado. Por otro lado tenemos a un señor de la escena, Ricardo Anaya, que es hábil para esta cosa entre el funámbulo y el titiritero, es un hombre que puede vender un producto rápidamente, es un político hábil. Tenemos por el otro lado a Andrés Manuel que el domingo simplemente, haciendo honor a sus siestas tropicales, se tiró en la hamaca, él no tenía porqué exponer nada y no expuso nada, lo único que expuso fueron sus departamentos y dijo: “Si me los encuentras te los regalo” y ahora parece que ya sacaron en las redes sociales los papeles que demuestran que sí tiene dos. A ver si en verdad se los regala a Meade. Pero eso será un asunto entre ellos. El tema es que a partir de este debate arreció una especie en la que yo no creo, una alianza entre la coalición del PAN y la coalición del PRI y eso es imposible; es imposible políticamente y es imposible legalmente, porque las coaliciones, las alianzas electorales, se tienen que registrar, hay un tiempo, hay una plataforma que tiene que llevarse al Instituto Electoral y todo eso ya se pasó y si la alianza va a ser simplemente que un señor se va a agachar para que el otro se vea, pues los seguidores, muchos o pocos que tenga el señor que se agacha no se van a ir como si fuera autómatas por la voluntad de los dirigentes de los partidos, a votar por el otro. En este país las declinaciones son más retóricas que electorales y no veo esa alianza futura, veo más fácil que los damnificados del pasado temblor en la Ciudad de México estrenen departamentos a que haya una declinación de cualquiera de los dos, ni de Meade ni de Anaya.

Quien luego del debate manifestó que este arroz ya se coció fue Andrés Manuel López Obrador quién ha sido muy coloquial en sus expresiones y ha llevado ese coloquialismo a sus adversarios y todos quieren contestar de la misma manera como él lo hace: con alusiones, con ejemplos, con frases hechas. Pero veo realmente que algo se está moviendo en el espectro de las preferencias. Creo que sí ha ocurrido algo posterior al debate y me parece que antes del debate Andrés Manuel no hablaba tanto de los efectos perniciosos de lo que él llama la “guerra sucia” y los opositores, especialmente el PRI que tomó la bandera de los departamentos que están jurídicamente a nombre de Andrés Manuel, aunque familiarmente ya hayan sido una donación para sus hijos, veo que ellos dicen: “No es guerra sucia, es decir la verdad”. Y en todo caso si no es sucia sí es guerra. Y en esa guerra electoral creo que estamos terminando apenas uno de los primeros episodios. Siento que las cosas pueden moverse de una manera u de otra. Andrés Manuel fue el viernes con la gente de City Banamex muy enfático en decir: “Yo no soy enemigo de los empresarios, quiero que quede eso muy claro, eso es una distorsión de lo que yo he dicho”. López Obrador se ha vuelto un poco más temeroso de lo que los demás piensen de él, cosa que antes no le importaba porque durante muchos años a él solamente le importó lo que dijera su dedito. Es un hecho que a Andrés Manuel López Obrador ciertamente busca ecualizar un poco el volumen de sus expresiones pero sí está conciente de que le están “echando montón”, así lo manifiesta un día sí y otro también, y también señala que los candidatos presidenciales no tienen oferta, que él sí tiene oferta ante el elector y que si él no fuera candidato presidencial él de plano el 1° de julio no iría a las urnas a votar porque ninguno de los oferentes para convertirse en Presidente de la República los próximos seis años garantiza, no tienen cualidades dice él. Y es que Andrés Manuel se presenta como un gran transformador y un transformador necesita cambiar el orden de las cosas. Pero un país no se cambia vendiendo un avión, un país no se cambia frenando la construcción de un aeropuerto y eso lo sabe la población.