José María León Lara

De manera oficial, la historia de la Independencia de México usualmente es divida en 4 etapas principales; la primera de ellas es “el inicio del movimiento armado bajo el mando de Don Miguel Hidalgo”, la segunda es conocida como la “Campaña de Don José María Morelos”, la tercera es llamada “la Resistencia bajo el liderazgo de Don Vicente Guerrero”, y la cuarta y última que es “la Consumación, obra de Don Agustín de Iturbide”. Cierto es que los líderes insurgentes compartían un mismo sueño, mismo que se fue adaptando para alcanzar finalmente la libertad y la autodeterminación tan anhelada.
Cada una de estas etapas se vio marcada por diferentes circunstancias que las hacen únicas y diversas una de la otra. Y es quizás la tercera de ellas, la que sigue despertando más curiosidad, sobre todo por lo poco que se sabe en realidad al respecto. Se dice que, con la ejecución de Morelos en 1815, la lucha por la independencia se apagó casi por completo, dejando únicamente un leve destello de esperanza sobre los hombros de Vicente Ramón Guerrero Saldaña; quien, junto a un grupo reducido de caudillos oculto en la sierra, pasó de hacer la guerra a la guerrilla.
No se tiene memoria de alguna batalla durante la “Resistencia”, a diferencia de las batallas lideradas por Hidalgo en el Monte de las Cruces y el Puente de Calderón o de la heroica resistencia al sitio de Cuautla, dónde Morelos y sus hombres resistieron poco más de sesenta días. El paso de Guerrero por los libros de historia, encuentra más relevancia hasta el comienzo de la relación epistolar que mantuvo con Iturbide, misma que diera paso al encuentro en Acatempan, el ejército de las Tres Garantías, El Plan de Iguala, los Tratados de Córdoba y la Consumación de la propia Independencia.
Vicente Guerrero fue el tercer gobernante del México Independiente, el segundo presidente tras suceder en el cargo a Guadalupe Victoria, por unos cuantos meses en el año de 1829. Fue un hombre que contaba con un profundo sentido patriótico, basado en una ideología libertaria, que hacía de su actuar un digno ejemplo del amor y la devoción que se le puede profesar a México. Es por ello que precisamente a él, se le atribuye la tan famosa frase: “la Patria es Primero”.
Frase que decora en letras doradas los recintos oficiales de los tres poderes de la Unión; como lo es en Palacio Nacional en la escalinata de honor, en el pleno del Senado de la República y del Palacio Legislativo de San Lázaro, así como en la propia Suprema Corte de Justicia de la Nación. Misma que hace veces de un recordatorio para todos aquellos que ostentan en menor o mayor grado algún tipo de poder público, a que, a través del servicio público, es un privilegio y un honor el servir a México.
Lamentablemente y a pesar de que el recordatorio se encuentra a la vista de todos, tal pareciera que al pasar de los años se ha convertido en una sugerencia histórica más que en un ideal que motiva a trabajar por y para el bien de México y su pueblo.
Al conmemorar el 236 aniversario del nacimiento de Don Vicente Guerrero, sirva para todos aquellos quienes hacen de la política un modo de vivir, el recordar aquella frase que prioriza a México como el único y verdadero fin de su actuar.