Fuera del templo del Cristo Negro, puestos de artesanías mexicanas, gente sentada en las bancas a un lado de los árboles, bajo su sombra, entre aire fresco y luz filtrada. Los domingos son tranquilidad en el antiguo Barrio del Encino.
Todos los domingos en punto de las 12:00 del mediodía se celebra una misa especial para sordos. Esta es llevada a cabo con auxilio de un intérprete que transmite mediante el lenguaje de señas el desarrollo de la ceremonia. Quince minutos antes de que empiece la misa, el atrio de la parroquia del Señor del Encino, se encuentra llena de sordos, sordomudos y sus familiares, listos para la eucaristía preparada de ese día.
Dentro del templo, los asientos de enfrente son ocupados por las personas con limitación auditiva, para que puedan observar de mejor manera al intérprete. Es curioso cómo no se necesita el sentido auditivo para en verdad escuchar, basta con poner atención, parar el sentido del querer, y poner en marcha la buena actitud.
Con un canto precioso comienza puntual la celebración eucarística, que se torna doblemente hermoso al ver también su interpretación en lenguaje de señas. Cantar con la boca es un límite absurdo, si el corazón se entona, encontrará muchas formas para hacerlo.
Pasa el tiempo, y con esto cientos de palabras son trasladadas a señas, lo importante es que no pierdan su sentido. Es tan fácil decir amor de tantas maneras, en el lenguaje de señas, se dice postrando las dos manos sobre el lado izquierdo del pecho.
Esto es diferente, el Padre Nuestro, la profesión de fe, todas las oraciones y los cánticos son recreados en un lenguaje de señas que transmite la esperanza católica con voz diferente.
Acabada la misa, la multitud dirige sus pasos hacia la salida, y en el atrio se observa de nuevo una aglomeración de gente que conversa en señas muy feliz, aliviada, regocijante, escuchando lo que la vida tiene para decirles.
Marlem Márquez, intérprete, cuenta que ella y su hermano son los que ayudan cada semana a dar la misa. La manera de aprender este lenguaje para ellos fue muy natural, puesto que son hijos de padres sordos.
Las misa de sordos solamente se realiza en la parroquia del Señor del Encino, en otros templos se ha ofrecido pero sólo por algún evento especial, o requerimiento.
Dichas celebraciones comenzaron hace aproximadamente 40 años de manera esporádica en la Catedral, después fue movida al templo del Refugio, pero por su lejanía fue trasladada al templo situado en el antiquísimo Barrio del Encino, para que más personas pudieran asistir.
La Comunidad Católica de sordos de María del Silencio de Aguascalientes, son un grupo de personas sordas, intérpretes, y también de alumnos que se dedican a la divulgación del lenguaje de señas, no sólo en la religión católica, sino también de manera recreativa.
Se organizan viajes, capacitaciones para la vida diaria como de primeros auxilios, paseos por la ciudad, preparación de primera comunión, preparación para padrinos, por ejemplo. También se dan clases del lenguaje de interpretación de señas en temporadas, y lo antes mencionado se imparte en el salón pastoral del templo ubicado en la calle Leona Vicario #109 en el mismo barrio.
Esto, con el fin de que las personas con discapacidad auditiva no se cierren en sí mismas, no se marginen de la sociedad, y ésta tampoco, sino que con ayuda del lenguaje de señas logren concretar y disfrutar de diversas actividades.
Nuestra entrevistada estima un aproximado de entre 60 a 80 sordos asistentes cada semana. Todos con las mismas ganas, o hasta más, de escuchar con los ojos, el Evangelio, la homilía del día; aprovechan esta oportunidad, que antes no tenían.
La discapacidad de cualquier sentido humano, no es nada que no se pueda superar, de hecho es la manera en la que el ser humano ha encontrado una rama de superación extraordinaria, y es por eso que se respeta con parsimonia.