RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Ha pasado un mes de la toma de posesión de Andrés Manuel López Obrador y con esos escasos días como presidente de la República, debe empezar a estarse dando cuenta de cómo son las cosas ya con el mando total del país, como él lo tiene al contar también con las cámaras legislativas a sus órdenes. En tan solo 31 días, la población que no está endiosada con el presidente ha podido constatar que las promesas de campaña eran sólo eso, promesas sin pensar a fondo si se podían cumplir. Tremenda desilusión causó que en lugar de que los combustibles siguieran sufriendo los famosos gasolinazos, resulta que a partir del día primero de este mes aumentaron algunos centavos por litro, aunque en la franja fronteriza sí bajaron los precios pero de acuerdo a una estrategia para competir con los precios de las gasolinas de Estados Unidos. Y esto se debió al aumento en las cuotas del IEPS – Impuesto Especial sobre Producción y Servicios. Las excusas no se han hecho esperar sobre este aumento. La primera de ellas es que el ahora presidente nunca dijo que no habría gasolinazos, sólo que hay un buen número de videos de los mítines de campaña que muestran lo contrario. Así mismo, un tuit de la SHCP México menciona: “Es falso que el ajuste en los combustibles se vaya a traducir en los precios de los combustibles”, lo que no fue verdad pues en la mayoría de expendios de gasolina sí subió el precio por litro a partir del día primero de este año. Así mismo al aumentar los combustibles empieza la cascada de aumentos en los productos y servicios. Este ajuste a las tasas del IEPS en las gasolinas por lo tanto causó desilusión entre la población que no entiende de impuestos ni cosas de esas, sólo reciente la pérdida del poder adquisitivo.

Y cuando apenas amanecía el día primero, la nación se desayunó con algo que ya no estaba en la mente, se puede decir de nadie: El resurgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en el panorama nacional manifestándose en contra de la construcción del Tren Maya, señalando que se opondrían al proyecto del presidente Andrés Manuel López Obrador. El EZLN resurgió exactamente a 25 ya lejanos años de su aparición. Justamente el 1° de enero de 1994 apareció sorpresivamente este grupo para iniciar una insurrección armada en Chiapas. Este ejército estaba formado por indígenas de los diferentes grupos chiapanecos y eran encabezados por el Sub Comandante Marcos, quien ahora se hace llamar Sub Comandante Galeano, y se decía que era un movimiento social y político que pretendía hacer frente a las políticas neoliberalistas del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, a quien le quedaban, al momento de la aparición del EZLN, once meses en la presidencia de la República y precisamente ese día primero de enero de 1994 entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá. Este movimiento, desde luego que le movió el tapete al presidente Salinas, sobre todo en el aspecto político pues Luis Donaldo Colosio acababa de ser “destapado” como pre candidato del PRI a la presidencia de la República el 28 de noviembre, destape que por cierto le había causado un gran problema a Salinas con Manuel Camacho Solís, quién en ese tiempo era el jefe del Departamento del Distrito Federal, lo que es hoy la Ciudad de México, debido a que Camacho se sentía seguro para la candidatura por su cercanía y lealtad de muchos años con Salinas de Gortari. A partir del destape de Colosio hubo un distanciamiento, peligroso para la candidatura de Colosio, entre Salinas y Camacho, optando Salinas por designarlo como Secretario de Relaciones Exteriores, lo que aceptó Camacho de no mucho agrado, pero se disciplinó y aceptó el cargo, el cual sólo duró algunos días pues con la aparición del Ejército Zapatista fue nombrado coordinador para el diálogo y la reconciliación en Chiapas, logrando la firma de un acuerdo preliminar para el cese al fuego. A partir de ahí ese movimiento había cambiado mucho, pues abandonó el camino de las armas aceptando promover los cambios políticos y sociales que ellos deseaban, por la vía pacífica. Han pasado ya tantos años que la mayoría de la población había olvidado a este movimiento insurgente. Algunos nos preguntábamos qué había sido de Rafael Sebastián Guillen Vicente, el Sub Comandante Marcos, a quien ya hace algunos años el juez federal Juan Marcos Dávila decretó que los delitos de terrorismo, sedición, motín, rebelión y conspiración, por los cuales se le había buscado a Rafael Guillen, habían prescrito. De ese tamaño era el olvido de ese movimiento. Obviamente que para los servicios de inteligencia del gobierno federal sí había información sobre la existencia latente de dicho grupo pero los gobiernos lo habían soslayado. Sin embargo el mismo día que hace 25 años, el 31 de diciembre de 2018, el EZLN hizo su aparición de nueva cuenta y manifestó, como se lo mencionó líneas arriba, desde “El Caracol”, en la selva Lacandona, su oposición a la construcción del Tren Maya y a la “Guardia Nacional”, diciendo que “estarán enfrentando los ataques del mal gobierno con la creación de programas que nos confunden para querer acabar con nosotros. No permitiremos ningún proyecto que destruya la vida de la humanidad y la muerte de nuestra madre tierra”. Sobre la Guardia Nacional manifestaron: “Nosotros le decimos que no le creemos. No le tenemos miedo a su Guardia Nacional que cambió de nombre para no decir Ejército”.

Con lo anterior podemos ver que quienes han sacado la cara para oponerse a los proyectos que sin ninguna consideración, sólo por su propia terquedad, está intentando sacar adelante el presidente, son los más desprotegidos de la nación. Y que para el proyecto del Tren Maya y la Guardia Nacional no ha habido consultas públicas, como la amañada que realizó AMLO para cancelar la construcción del aeropuerto de Texcoco, sin importar perder miles de millones de pesos. Una consulta de la que ya se sabían desde antes sus resultados. Hoy, de manera inesperada, los zapatistas, grupo de mexicanos de los menos favorecidos en toda la historia de México, que son de los que menos beneficios han recibido y que viven en pobreza extrema, con su actitud han mostrado que aún hay mexicanos con dignidad, que no agachan la cerviz ante el gobernante que impone su voluntad sin que, como él lo hizo cuando era oposición, nadie se oponga. La mayoría por temor a perder beneficios o canonjías, sin darse cuenta que lo que la gran mayoría de políticos y líderes sociales ha perdido es… la dignidad.