Noé García Gómez.

Veo y escucho los noticieros, leo a los analistas y articulistas, observo a los influencer políticos en las redes sociales y veo una agenda política del país donde los toppers en el Congreso, el aeropuerto, bajar o no los sueldos de los altos funcionarios; pero no veo un tema sumamente de proporciones dantescas.

Imaginemos de que en Venezuela, Cuba, Irak, China, no se diga algún país de Europa surgiera la siguiente noticia; “encuentran 32 fosas clandestinas donde aparecen 166 cráneos y miles de huesos humanos. En medio de una vegetación abundante, boscosa, de difícil acceso carretero, personal de la Fiscalía Especializada Para la Atención de Personas no Localizadas realizó la exhumación de estas 166 personas inhumadas de manera clandestina” en cualquier país del mundo sería un escándalo de proporciones internacionales, que podría ser usado con la intención exigir la intervención y derrocar cualquier gobierno; un escándalo que ocuparía editoriales del país en cuestión, pero también posicionamientos internacionales.

En México no, en nuestro país, los medios y opinadores tal parece que se volvieron inmunes y perdieron la capacidad de asombro; las notas aparecen en los medios pero se pierden en el mar de información; y el círculo rojo no sube a la agenda el tema como una cuestión de prioridad para dar respuesta por parte de las autoridades de todos los niveles.

Recopilo algunas notas: 11- enero 2018 “10 cadáveres en narcofosas en Ciudad Juárez, Chihuahua” 28- marzo -2018 “Dos narcofosas en Zacatecas con 8 cadáveres” 13- abril- 2018 “13 cuerpos en 8 narcofosas en Zacatecas” 20- julio- 2018 “Hallan al menos 10 cadáveres en narcofosas en Jalisco” 9- agosto 2018 “Narcofosa con cinco cadáveres en Colima” 6- septiembre 2018 “166 personas inhumadas en Veracruz”.

De ese tamaño es la situación, no solamente de escándalo, preocupante y de crisis; pero lo más lamentable es la cotidianidad con la que se generan esas noticias que logran menguar el asombro y vuelven inmunes al colectivo político y social para su indignación.

Solo imaginar a las familias; madres, padres, hijos, hermanos, esposas, esposos de esos cientos y cientos de desaparecidos que no saben dónde están sus familiares y que tal vez puedan ser uno de esos restos. La tranquilidad espiritual está trastocada por no cerrar el ciclo de la vida.

Todos ellos se merecen al menos las investigaciones de los forenses y genéticas para saber de quién es cada uno de esos restos y no solo cerrar casos criminales, sino avisar de manera digna a los familiares.