Josémaría León Lara Díaz Torre

Si algo le puede agradecer a Iglesia Católica a Benito Mussolini, fue su voluntad política para llevar a cabo la firma del Tratado de Letrán en 1929; mismo que ponía fin a la figura del Papa cautivo bajo la protección de los muros vaticanos, y la creación de la Ciudad Estado Vaticano, como nación soberana e independiente de Italia. Haciendo pues del Vaticano un país con reconocimiento internacional, además de ser la sede central del catolicismo a nivel mundial.

Los pactos lateranenses permitieron que el Santo Padre retomara en su totalidad su ministerio petrino; recordemos que por poco más de mil años, el Papa además de figurar como vicario de Cristo en la Tierra, también hacía veces de cualquier otro monarca europeo, ejerciendo el comercio, imponiendo impuestos e inclusive yendo a la guerra si lo fuese necesario. En otras palabras, sus tareas eclesiásticas se veían reducidas para llevar a cabo la buena o mal administración de los llamados estados pontificios.

Estamos hablando de que la ambición por el papado y la riqueza que representaba, era una constante en quienes podían aspirar a ser sucesor de San Pedro; siendo precisamente esa pasión humana, la que provocó múltiples descuidos al paso de los siglos. Pues no olvidemos que, aunque la Iglesia es una institución sagrada fundada por Jesucristo, al final del día es manejada por seres humanos igual de imperfectos que todos nosotros, pensemos por ejemplo en las negaciones de Pedro, en el escepticismo de Tomás o en la terquedad de Pablo.

No olvidemos entonces, que fue el abuso del poder y la corrupción dentro de la Iglesia, lo que orilló en su momento a Martín Lutero a presentar sus 95 tesis cuestionando el poder y la eficacia de las indulgencias. Y ahora después de 501 años, la impunidad, el hermetismo y la opacidad están llevando a la Iglesia Católica a una de las peores crisis es su historia.

Antes que nada, sería un error decir que el delito de pederastia existe únicamente al interior de la Iglesia Católica, pues es una conducta aberrante que se puede llegar a presentar en cualquier estrato y/o actividad social; sin embargo, lo que resulta digno de análisis, es el innegable y sistemático encubrimiento de aquellos miembros del clero que han llegado a perpetuar semejantes atrocidades en contra de niños y niñas a lo largo de décadas.

Justo la semana pasada se destapaba la cloaca en Pensilvania, de donde se sabe que desde 1940, al menos 300 sacerdotes católicos abusaron de más de 1000 menores de edad. Casos de los que ahora se sabe que el Vaticano ha tenido conocimiento desde hace años y prefirió involucrarse lo menos posible, siendo que es la máxima autoridad responsable dentro del ámbito eclesial. Es decir, estamos hablando de décadas de complicidad silenciosa, y que en algún momento tenía que explotar el polvorín.

El Vaticano sigue tratando los casos de abuso sexual como temas aislados, siendo una constante que se ha repetido en todos los continentes; lo que pudiera llegar a poner en contradicción la propia universalidad de la Iglesia. Pues no basta con que el Papa pida perdón y ofrezca rezar por las víctimas, cuando los victimarios han sido protegidos bajo el argumento de que la Iglesia es Madre y Protectora.

Más que nunca se requiere de una purga al interior de la curia, dónde los culpables sean retirados de su ministerio y entregados a las autoridades competentes para ser juzgados y castigados por sus degenerados actos en contra de la inocencia de quienes, por su condición pastoral, llegaron a admirar y seguir ciegamente.

Ahora solo me queda preguntarme ¿hasta cuándo saldrá la verdad de los casos en México? Exhortando desde este espacio a la Diócesis de Aguascalientes a que haga pública la información de posibles casos de abusos sexuales perpetrados contra menores en estas tierras y proceder a entregar a los posibles culpables a las autoridades correspondientes.

Para concluir, solo quisiera dejar claro que yo soy católico y además practicante; sin embargo, creo que no soy el único en que se siente dolido y ciertamente decepcionado por la prácticamente nula respuesta por parte de la Iglesia referente al abuso sexual de menores a manos de religiosos.