Luis Muñoz Fernández

La primerísima pregunta que un químico se hace cuando se enfrenta a una muestra de algo nuevo bajo el sol –un polvo traído a un costo fantástico de la superficie lunar, un narcótico adulterado de los que se encuentran en la calle, un elixir extraído de un millar de glándulas de cucaracha– siempre es la misma: “¿Qué tengo?” Esta interrogante resulta ser más complicada de lo que se podría creer, pues en el mundo real todo es impuro. Si tuvieras que examinar las cosas más puras de nuestro ambiente –los sellos de silicio, el azúcar que comemos, o algunos productos farmacéuticos– encontrarías que en el nivel de una parte por millón, ¡podrías no querer saber lo que hay ahí!

Ronald Hoffmann. Lo mismo y no lo mismo, 1997.

En este 2019 se cumple el 150 aniversario de la publicación del libro Principios de la química, escrito por Dmitri Ivánovich Mendeléyev, un quimico ruso que plasmó en esa obra las bases del desarrollo de la famosa tabla periódica de los elementos, una especie de mapa o carta geográfica que contiene todos los elementos químicos conocidos, dispuestos en familias de acuerdo a sus propiedades.

Por esta razón, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés) declaró este 2019 el Año Internacional de la Tabla Periódica. Podemos leer esta nota explicativa en la página electrónica de la UNESCO (https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000259915_spa):

1.- La celebración de un Año Internacional de la Tabla Periódica de los Elementos Químicos en 2019 seráuna forma de reconocer la función crucial que desempeñan las ciencias fundamentales, y especialmente la química y la física, a la hora de aportar soluciones a muchos de los desafíos que afrontan los Estados Miembros para aplicar la Agenda 2030 de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible. La celebración de este Año Internacional permitirá asimismo rendir homenaje al reciente descubrimiento y denominación de cuatro elementos superpesados de la tabla periódica de los elementos químicos con los números atómicos 113 (nihonio), 115 (moscovio), 117 (teneso) y 118 (oganesón), como resultado de una estrecha colaboración científica en el plano internacional.

2.- La celebración de un Año Internacional de la Tabla Periódica de los Elementos Químicos en 2019 conmemorará el 150º aniversario de la creación de la tabla periódica de los elementos químicos por el científico ruso Dmitri I. Mendeléyev, considerado uno de los padres de la química moderna. El descubrimiento determinante de Mendeléyev en 1869 fue la predicción de las propiedades de cinco elementos y sus componentes. Asimismo, dejó espacio en la tabla periódica para los elementos que habrían de descubrirse en el futuro.

3.- La celebración de un Año Internacional de la Tabla Periódica de los Elementos Químicos en 2019 ofrecerá al Programa Internacional de Ciencias Fundamentales de la UNESCO una valiosa oportunidad para cumplir su cometido de promover la cooperación internacional en la esfera de las ciencias fundamentales al servicio del desarrollo sostenible, así como en las de la educación científica y el fortalecimiento de capacidades, a saber, mediante un Programa de Microciencia dedicado a la tabla periódica de los elementos químicos. Este Año Internacional propiciará asimismo el emprendimiento de una amplia variedad de iniciativas conjuntas en el marco del seguimiento del Año Internacional de la Química, celebrado en 2011, y el Año Internacional de la Cristalografía, celebrado en 2014.

A propósito de este aniversario, la prestigiosa revista científica Nature publicó el pasado 31 de enero de 2019 una serie es artículos breves sobre temas relacionados con la tabla periódica de los elementos, señalando que su influencia va mucho más allá de nuestro recuerdo compartido de aquel cuadro enmarcado en una de las paredes de nuestro salón de clases.

La revista enfatiza capacidad de predicción de Mendeléyev, que dejó en su tabla espacios que serían llenados por los elementos químicos descubiertos en el futuro. De hecho, los elementos nihonio, moscovio, teneso y organesón fueron reconocidos oficialmente apenas en 2016, asignándoseles en la tabla los números respectivos 113, 115, 117 y 118. También existe el elemento radioactivo mendelevio, número 101 de la tabla, nombrado así en homenaje al químico ruso.

Dmitri I. Mendeléyev (1834-1907) Tabla periódica propuesta por Mendeléyev en 1869

La búsqueda de nuevos elementos químicos no ha terminado. Ahora mismo se está investigando la existencia del elemento número 119, que inauguraría una nueva fila en la tabla, en el Centro Riken Nishina de Saitama, Japón. Según Nature, Hideto Enyo, director de este laboratorio, predijo en 2017 que los elementos 119 y 120 serán descubiertos en los siguientes cinco años. Su predicción todavía no se cumple.

Vale la pena señalar que la UNESCO está aprovechando este aniversario para promover la cultura científica y, simultáneamente, para fortalecer la débil conciencia ecológica entre los países miembros de la ONU cuyos gobiernos, si bien en el discurso asumen compromisos para frenar el calentamiento global y fomentar estrategias para el desarrollo sostenible, en la realidad actúan en sentido contrario, tomando decisiones que agravan aún más una situación que ya es crítica, como lo que está haciendo el gobierno actual de los Estados Unidos de Norteamérica.

La tabla periódica de los elementos pone de relieve varios aspectos de la relación entre la ciencia y la sociedad y está indisolublemente unida a nuestra cultura. Un ejemplo de ello es el caso del químico y escritor italiano Primo Levi (1919-1987), un judío de origen sefardí que sobrevivió al campo de concentración nazi de Monowice, Polonia, perteneciente al complejo de Auschwitz, escribió en 1975 un librito titulado La tabla periódica, en el que hace una serie de interesantes reflexiones a partir de algunos de los elementos químicos. Transcribimos a manera de epílogo un fragmento dedicado al elemento gaseoso argón:

Existen en el aire que respiramos los llamados gases nobles. Tienen nombres griegos curiosos y eruditos que significan “el nuevo”, “el oculto”, “el inactivo” y “el extraño”. Son de hecho inertes, tan satisfechos de su condición que no interfieren con ninguna reacción química, no se combinan con ningún otro elemento y, por la misma razón, no fueron detectados durante varios siglos.

https://elpatologoinquieto.wordpress.com