Carlos Reyes Sahagún

Cronista del municipio de Aguascalientes

¿Por qué si la imagen virginal que preside en la parroquia de Los Azulitos, cerca de La Punta, en Jalisco, es de la Inmaculada Concepción; por qué se tuvo en el altar mayor de la parroquia dedicada a la Virgen de la Asunción de Aguascalientes; convertida en sede episcopal en 1899?

Pero, ¿estuvo en el altar mayor? Para mi desgracia ignoro si existe alguna fotografía de este espacio antes de que se construyera el ciprés, a fin de hacerme una idea de cómo luciría con esta otra escultura de la Inmaculada Concepción; una imagen anterior al bello monumento central de mármol, construido a principios del siglo anterior, donde se encuentra la imagen centenaria de doña Mariquita de la Asunción, que data de 1919.

Por otra parte, ¿cómo fue posible que dicha estatua, realizada en Querétaro en 1884 por un escultor de apellidos López Vidrio, que estuvo en la catedral hasta 1919, fuera a dar a este rancho; a esta parroquia, pudiendo ser asignada a una demarcación de mayor población y/o prosapia?

Silencio; el tiempo ha esparcido su bruma de olvido sobre este tema.

En fin. Andábamos mi esposa y este artesano de la palabra que soy, visitando el templo de Los Azulitos, pero nadie llegó, para explicarnos esta y otras cosas. Así que al terminar el recorrido salimos en busca de un alma que ahuyentara nuestra ignorancia sobre este tema.

La mujer que barría la plaza seguía ahí, empujando su escoba de popote, por lo que nos dirigimos hacia allá. Es aquella una plaza muy grande, espacio de usos múltiples, con sus jardines y andadores y su kiosco de cantera, de techo antiguo, pero fabricado recientemente. En uno de sus lados hay unos columpios y una cancha de baloncesto, y en otro nada, el puro terregal.

Atravesamos la plaza acompañados por el silencio matutino, y en el aire el aroma maravilloso de la leña ardiendo en el hogar de alguna casa; olor del día de la creación.

Nos acercamos y saludamos. Entonces lancé mi pregunta. La mujer sonrió y contestó que no; que no sabía cuántos años tiene la escultura en los Azules, que ella tiene 59 años viviendo aquí; toda la vida, y ya estaba. No sabía nada de la imagen, ni quién la trajo ni nada, salvo que estaba en Aguascalientes, pero nos informó que hay un señor que conoce la historia, un hombre de nombra Salvador Cortés Escareño.

La mujer nos indicó donde vivía el personaje y nos encaminamos para allá. Toqué en la casa indicada y salió un joven, digamos que treintañero, un joven de apariencia urbana, dicho esto en contraposición a lo que sería una apariencia campesina, más acorde con estos lares. Pregunté y él señaló enfrente. “Ahí mero”, dijo apuntando hacia el otro lado de la calle, y concluyó: “¡es mi abuelito!”.

Atravesamos la arteria con ancho de avenida y tocamos, pero el joven se vino detrás de nosotros. Estuvo ahí cerca, hasta cerciorarse que no habría peligro para su ancestro y luego regresó a su casa. El hombre que nos recibió es ya mayor, este sí de apariencia campesina, enjuto, de rostro muy serio, pantalones cafés y camisa blanca, la cabeza tocada por el infaltable sombrero.

Me presenté y me interrumpió para honrar su apellido -Cortés-, y me ofreció asiento en una banca improvisada con un trozo de loza de concreto, montada ahí, sobre la banqueta de tierra. Negué por cortesía y porque, evidentemente, todo el camino hemos venido sentados.

Le planteé mi demanda, este andar a la búsqueda de la antigua imagen de la Virgen de la Asunción que estuvo en la catedral de Aguascalientes, a donde desde la perspectiva eclesiástica pertenecen Los Azulitos. “Mire”, dijo, e hizo una pausa para renovar su invitación, ahora con un poco más de energía: “siéntese”, reiteró. Entonces tomé asiento, no sin el sentimiento de que semejante invitación era promesa de buena conversación.

Me senté, pues, ahí a su lado, y comenzó a platicarme su versión de la historia de la imagen de la Inmaculada Concepción de Los Azulitos, Jalisco, mezclada con la del ejido, que aquí omito para compartirla con usted en otra ocasión. Así que corre y se va:

“Mire: esta Santísima Virgen, según razón, allá por el 19… ¿Qué sería?… Se la querían robar los cristeros allá por 1927. Entonces, la sacaron a escondidas de donde estaba, y la llevaron al Hospital Hidalgo, ahí en Aguascalientes. Ahí la fueron a esconder, y luego… Ahí permaneció alguna temporada, según razón. Luego la trasladaron a Betulia, y ahí duró otra temporada, y cuando nos vinémos a vivir aquí, en 1947, la virgencita nos la pasó el señor cura Casillas; Refugio Casillas, que estaba en Betulia…

Ahora que lo pienso; ahora que escucho mis notas de voz, llego a la conclusión de que cuando don Salvador habló de que los cristeros querían robarse la imagen, más bien querría decir lo contrario, pero esto último es cosa mía…

En fin. El resto de la conversación se lo platico en la próxima entrega, en caso de que tengamos la dicha; el privilegio, de pasar de año… Aunque quién sabe, entonces todavía quedarán dos días de este año en que tranquilamente podremos finar… Por lo pronto lo felicito por haber cargado los peregrinos en 2019.

Quizá crea que es cualquier cosa; lo normal, pero nomás póngase a pensar en el montonal de gente que hasta hace poco tiempo, días, estaba entre nosotros y que por unas y otras no alcanzó a llegar a esta fecha.

Estar vivos, vivir… Sin duda algo digno de celebración y gratitud. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).