Carlos Reyes Sahagún / Cronista del Municipio de Aguascalientes

Seminario, del latín seminarius: “Perteneciente o relativo a la semilla; perteneciente o relativo al semen; clase en que se reúne el profesor con los discípulos para realizar trabajos de investigación; organismo docente en que, mediante el trabajo en común de maestros y discípulos, se adiestran estos en la investigación o en la práctica de alguna disciplina; casa o lugar destinado para la educación de niños y jóvenes; origen y principio de que se originan y propagan algunas cosas”, dice el diccionario de la RAE.

Quizá a usted le ocurriera lo que a mí antes, que pensara que seminario hacía referencia de manera exclusiva al lugar en que se forman los sacerdotes católicos. Pues no; no es así, y de las acepciones que ofrece el diccionario, escojo las últimas tres, esto porque la semana pasado, del miércoles al viernes, se llevó a cabo en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, el 20º Seminario de Investigación.

Se trata de una de las vertientes del trabajo académico de la mayor relevancia para una sociedad; para un país, de tal manera que, parafraseando el refrán, bien podría decirse: dime cuanta investigación científica tienes, y te diré qué tan independiente eres. En efecto, de seguro usted se ha dado cuenta que los países más poderosos económicamente hablando; políticamente, los más avanzados, son aquellos que invierten ingentes recursos en la investigación científica y sus aplicaciones tecnológicas, tanto sus gobiernos como sus empresas.

Invierten, elaboran productos que luego nos venden a precio de oro, y como nosotros no tenemos alternativas, no queda otra que pagar, o quedarnos como el chinitonomás milando”.

Mejor sería invertir en investigación científica y tecnológica; en educación, que en seguridad; armas y cárceles, porque esto garantizaría no andar cambiando oro por cuentas de vidrio, gracias a aplicaciones que servirían para mejorar nuestra vida.

De hecho me parece que, a partir de todo lo que vi y/o escuché en el seminario, todos y cada uno de los trabajos presentados estarían encaminados a responder a tres preguntas básicas: ¿Quiénes somos?, ¿cómo es el mundo en que vivimos?, ¿qué debemos y podemos hacer para vivir mejor? Otra conclusión a la que llegué, de nueva cuenta, es que en verdad se hacen cosas valiosas en la universidad; cosas interesantes, que tendrían que gritarse a los cuatro vientos, y que de manera obligatoria deberían de escuchar quienes toman decisiones que nos afectan a todos, a fin de ayudarlos a tomar decisiones más informadas y pertinentes; más justas.

Por desgracia frecuentemente muchas de estas cosas quedan en el petit comite de los especialistas en la materia. Este evento de la UAA, que invariablemente se realiza en mayo, ofreció la oportunidad a quienes realizan investigación, de mostrar resultados de su trabajo, ya fuera a través de una ponencia, o de un cartel. Por otra parte, no sólo participaron investigadores de la UAA, sino también de otras instituciones de educación superior, principalmente la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ).

Permítame platicarle un poco de esto, a ver si, como a mí, le parece valioso lo que se hace en la universidad.

Un grupo integrado por personajes ubicados en el sector agropecuario, presentó una investigación cuyo título era “Caracterización espectroscópica y fisicoquímica de salchichas de carne de conejo, en base a la edad de sacrificio”. El planteamiento es que la carne de conejo es poco consumida, pese a sus valores nutricionales. Entonces, con el objeto de contrarrestar esta situación, se busca la elaboración de productos transformados, uno de ellos es una salchicha tipo Frankfurt, tomando en cuenta la edad de los animales a la hora de su última alfalfa -63 y 120 días-. Como resultado encontraron que la carne de conejo joven tiene bajo contenido de grasa y mayor de proteína, menor a la que se encuentra en conejos “viejos” y en la carne de cerdo.

Otros investigadores presentaron un cartel titulado: “Especies de encinos importantes que afecta Taphrina caerulescens en la Sierra Fría de Aguascalientes, México, e influencia de algunos parámetros fisiográficos en su incidencia”. En su exposición los biólogos informaron que el encino es uno de los elementos principales de los bosques de Aguascalientes -¡Pero hay bosques en Aguascalientes?- y que están amenazados por factores “abióticos y bióticos”. En 2015 fue descubierta la mentada Taphrina caerulescens, que es una enfermedad de las hojas de los encinos de Sierra Fría, “misma que no había sido reportada en México”. La investigación tiene por objeto conocer cuáles son las especies de encino más importantes afectadas por esta enfermedad, y “estudiar la influencia de la exposición, pendiente y altura en la incidencia de” esta enfermedad, lo que sea que signifique.

Por cierto… ¿A quién se le habrá ocurrido el dicho ese de “quedarse como el chinito: nomás milando”? Digo, porque los chinos hacen de todo, menos quedarse milando, o asumir una actitud pasiva. Véase si no: ¡Ya hasta carrera espacial tienen! China es, claramente, la potencia del futuro, y en esta impresionante emergencia algo tiene que ver el desarrollo científico y tecnológico.

Hoy en día todo es hecho en China; a lo mejor nosotros también, y ni cuenta nos hemos dado…(Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).