Gerardo Muñoz Rodríguez

En días pasados, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico publicó su informe “Perspectivas del Empleo 2018”. En dicho documento, se hace una valoración de cómo han evolucionado las variables relacionadas con el mercado laboral en esta era, si me permite llamarlo así, post-crisis. Las conclusiones arrojadas, presentan paradojas interesantes. Veamos.

Comenzando con los resultados positivos, el promedio de la tasa de desempleo de los países pertenecientes a esta organización, alcanzó 5.3 por ciento en el primer trimestre del año y muestra niveles inferiores a los exhibidos antes del 2008. La tendencia denota que inclusive pudiéramos bajar del cinco por ciento para el año entrante.

Para el caso particular de nuestro país, la tasa se sitúa dos puntos porcentuales por debajo del promedio de la OCDE (3.4% de su Población Económicamente Activa).

Con estos datos y el crecimiento económico, aunque de manera muy lenta, se muestra en la mayoría del mundo, pudiéramos considerar que mejores tiempos se avecinan; sin embargo, un lastre no se ha podido superar o inclusive degradar: los salarios.

El promedio de los países miembros, alcanza los 16.8 dólares diarios. Sin embargo, los datos son muy inconsistentes; por un lado, se tiene a un país como Dinamarca, el cual capitanea la nave con 29.8 dólares diarios, tan solo 25.2 dólares más que México, por citar tan solo un ejemplo.

El crecimiento del ingreso actual, es más lento que el presentado antes de la crisis financiera del 2008. El incremento a finales del 2017, fue tan solo 3.2 por ciento expresado en cifras nominales. Bastante pobre.

Con estos datos, podemos concluir que, si bien es cierto que se ha acrecentado la creación de plazas laborales, éstas están focalizadas en las que contribuyen un ingreso más bajo para los trabajadores.

Como si esto no fuera suficiente, la desigualdad de género se presenta en estos paupérrimos números. A pesar de que la brecha en el salario anual promedio entre hombres y mujeres se ha reducido en gran medida, tan solo en el año anterior, en todos los países de la OCDE, el ingreso laboral de las mujeres fue alrededor de cuarenta por ciento menor que en promedio que el de los hombres.

Ante esta situación, el reto es enorme. Si continuamos celebrando que los niveles de desempleo son de los más bajos en años, sin considerar el verdadero problema de fondo, el tema de pobreza y la distribución de la riqueza, no podrán ser erradicados.

Es indispensable que la mayoría de los países que caen en este supuesto, desarrollen sistemas de educación y de formación de alta calidad que brinden oportunidades de aprendizaje durante todo el ciclo vital de sus ciudadanos.

La evidencia sugiere que los trabajadores poco cualificados tienen tres veces menos probabilidades de recibir formación que los altamente cualificado. Se requiere hacer más para superar esta brecha.

Gestiones de formación mejor focalizadas para obreros en riesgo de quedar atrapados en ocupaciones de salarios soeces o de baja calidad o inclusive hasta en el mismo desempleo, junto con una mayor participación de los empleadores y/o emprendedores, en especial en empresas pequeñas y medianas con dificultades para ofrecer formación.

Hoy más que nunca el binomio educativo-salarial, es la forma más eficiente que tenemos para salir de la trampa en el cual llevamos sumergidos décadas enteras.

Referencia:

(1) OECD Employment Outlook 2018. (2018). The Organisation for Economic Co-operation and Development.

 @GmrMunoz