Este fin de semana, se llevará acabo la decimocuarta reunión del denominado G-20, en la ciudad de Osaka, Japón. El grupo está conformado por Alemania, Arabia Saudí, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, la India, Indonesia, Italia, México, Japón, el Reino Unido, Rusia, Sudáfrica, Turquía y la Unión Europea. Este conglomerado de países desarrollados y emergentes, representan el 85 por ciento del producto interno bruto mundial y el 66 por ciento de la población en el orbe.

El primordial objetivo del G-20 es intentar buscar soluciones de forma coordinada a los problemas globales de la economía mundial. Anteriormente, sólo acudían los ministros de Hacienda y los cancilleres de los países miembros; sin embargo, desde hace algunos años, se cuenta con la presencia de los jefes de Estado, buscando dar una mayor ponderación a la reunión.

De las cumbres realizadas año con año, se han concretado acciones que han ayudado a lograr mejores condiciones para el mundo; como la creación del Foro de Estabilidad Financiera, derivado de las reuniones entre el 2008 y 2010, en las cuales se buscó introducir una mayor regulación a los sistemas financieros internacionales y locales.De igual forma, se han impulsado acciones contra la elusión fiscal, el fraude y la promocióndel libre comercio como motor del desarrollo y el crecimiento económico.

Para esta edición en particular y un poco ensombrecida por la disputa comercial entre Estados Unidos y China, se dialogarán tópicos relacionados con la lucha contra el cambio climático, políticas migratorias integrales, el envejecimiento de las sociedades, la innovación, la economía digital y la Agenda 2030, así como los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Ante este breviario sobre la escala de las reuniones anuales del G-20, toma mayor

relevancia el siguiente cuestionamiento: ¿Qué pierde México ante la ausencia de su jefe de Estado? Se observan dos principales consecuencias.

Primeramente, se genera incertidumbre sobre la situación actual de nuestro país. Han trascurrido casi 7 meses del gobierno actual y el presidente aún no se ha presentado con ningún jefe de Estado de los miembros que asistirán a la reunión. Por tal motivo, su ausencia puede generar desconcierto o inclusive molestia ante los principales líderes políticos de todo el mundo, ahuyentando algún particular interés internacional en el país.

En lugar de esto, por qué no aprovechar los altos niveles de popularidad y legitimidad con los que cuenta el presidente, que ningún otro presidente goza, como un valor agregado para concretar con éxito acciones favorables para el país, a través de demostrar apertura y diálogo.

En segundo lugar, se imposibilita el poder cerrar alianzas comerciales con nuevos actores económicos. En este tipo de eventos, no sólo se reúnen los líderes políticos del mundo, sino existe una gran afluencia de inversionistas privados que buscan oportunidades de inversión en todo el mundo. Pudiera ser una gran oportunidad para la delegación mexicana, acercarse, por mencionar un ejemplo, con China, quienes se encuentran en una guerra comercial con Estados Unidos y pudiéramos posicionarnos como un polo sumamente atractivo para ellos.

No se está desestimando a los representantes que acudirán a Osaka este fin de semana -el Secretario Urzúa y el canciller Ebrard-, sin embargo, la mayoría de las reuniones trascendentales, son efectuadas entre la investidura de los presidentes del grupo; dejando en la silla de afuera a nuestros enviados mexicanos.

La Presidencia de la Republica argumenta su inasistencia a la cumbre, siendo el único del G-20 que no lo hará, basándose en la necesidad de dar seguimiento al plan de autoridad puesto en marcha desde el día uno de su mandato.

Si esta fuera la verdadera razón, ¿no sería más sencillo y menos perjudicial para el país, designar algún encargado de supervisar el Plan de Austeridad por un par de días?

¿No esconderá el presidente de México algo de pánico escénico ante un roce internacional de tan alto nivel? Por ningún lado que se quiera observar, se encuentra una justificación viable a tan escandalosa ausencia, más que la negativa y encaprichada decisión de nuestro jefe de Estado. Al decir esto: ¿No se viene a la mente Santa Lucía, Dos Bocas, Tren Maya y Texcoco?

Una verdadera pena que el presidente no vea a estos eventos más que como un producto neoliberal, el cual sólo busca otorgar imagen y protocolo. Qué largo camino nos espera por recorrer en los próximos cinco años y medio.

 @GmrMunoz