Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

El pasado viernes 29 de junio, en un lugar de la calle Morelos de cuyo nombre me acuerdo perfectamente: Aquelarre (la vindicación del ocio), se reunió un grupo de personas que hizo a un lado el ir y venir de los cientos de miles que vivimos en esta ciudad, el tráfico automotor, el mundial de futbol, la promesa de lluvia y un sinfín de cosas más.

Estas personas, todas interesadas en la historia, y entre ellas algunos profesionales de esta disciplina humanística, ser reunieron para, entre tragos de mezcal, conocer el primer número de la revista La Historia y sus gusanos, una revista digital subida a la Internet gracias al patrocinio del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMYC). La revista tiene la intención de publicar textos sobre historia y temas afines, dirigidos a un público más amplio que el de los especialistas.

Cuando llegamos al lugar Armida, mi esposa, y yo, María José Rodríguez de Hoyos, integrante del comité editorial, contaba una de esas historias que alimentan la imaginación; un relato con una gran metáfora. Era una historia sobre el Shamir, una especie de gusano creado por Dios momentos antes de concluir con su acto creador, que fue traído a la Tierra para colaborar con la construcción del templo de Jerusalén, cuando Salomón reinaba sobre Judea, esto porque era capaz de cortar piedras para su ensamblaje en el templo. ¿Por qué no hacer esta labor con cincel? Porque este objeto es fabricado con acero, que sirve también para elaborar armas que quitan la vida, y como el templo está destinado a dar la vida, entonces el instrumento resulta incompatible…

Por principio de cuentas vale la pena decir una palabra sobre este asunto de los gusanos que aparecen en el título de la revista. Se trata de una evocación de un libro clásico entre los historiadores,“El queso y los gusanos”, publicado en 1976 por el historiador italiano Carlo Ginzburg, y sin duda constituye una toma de posición de los historiadores que promueven la revista, la perspectiva que asumen en torno a su trabajo, porque este libro abrió camino a la llamada microhistoria, una perspectiva de estudio que se concentra en actividades y/o personas irrelevantes desde una perspectiva tradicional de la historia, pero que en todo caso permiten hacerse de una idea de la época, a partir de la cultura popular.

Ginzburg cuenta la historia de Domenico Scandella, que no fue emperador de Roma ni banquero de Florencia ni general de los ejércitos que unificaron a Italia ni compositor de óperas, o algo parecido e igual de trascendente, sino un molinero que en pleno siglo XVI tuvo la temeridad de pensar por su cuenta y la locura de decirlo. Scandella pensó que Dios había surgido del caos, como los gusanos en un queso, y entonces debió enfrentar a la Santa Inquisición. Ginzburg toma el proceso judicial alzado contra este pobre hombre, para reflexionar con los lectores a propósito de aquella época.

Luego de María José vino Adrián Gerardo Rodríguez Sánchez, quien de entrada recordó un poema de Bertolt Brecht, “Preguntas de un obrero que lee”, en el que un trabajador hace una serie de cuestionamientos de la mayor relevancia: “¿Quién construyó Tebas, la de las siete Puertas? En los libros aparecen los nombres de los reyes. ¿Arrastraron los reyes los bloques de piedra? Y Babilonia, destruida tantas veces, ¿quién la volvió siempre a construir? ¿En qué casas de la dorada Lima vivían los constructores? ¿A dónde fueron los albañiles la noche en que fue terminada la muralla China? La gran Roma está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los erigió?”, etc.

La conclusión es obvia: para que toda esta gente que reconocemos como los próceres de la Patria, la Matria y anexas, se convirtieran en tales, debieron existir con ellos miles, millones de personas, que hicieron posibles sus ideas, sus sueños, sus órdenes; hombres y mujeres que impulsaron a aquellos, literalmente, a que “pasaran a la historia”. En cambio la historia tradicional escrita; la de los libros de texto, se ha olvidado de ellos, de los obreros, los campesinos, los soldados, los burócratas, y concentrado únicamente en sus jefes.

Entonces, los autores que intervienen en la revista declaran su interés por estos personajes olvidados, aparentemente sin historia, pero que en rigor son quienes dan vida a las sociedades, las ciudades, su riqueza, sus realizaciones, etc.

Me encantaría platicarle más sobre la velada, sobre la emocionada intervención de Alain Luévano Díaz, cuya tesis de doctorado versa sobre su abuelo paterno, José Matilde Luévano, y las de Víctor Manuel Carlos Gómez, sobre el bandidaje en la segunda mitad del siglo XIX, y de Cecilia Jiménez, que ha trabajado los sucesos del 10 de junio de 1971, pero el espacio se agota y es que, a propósito de la presentación de esta revista, no quiero dejar de destacar el hecho de que la labor que están desarrollando estos jóvenes historiadores, y otros más de generaciones anteriores, muchos de ellos mentores de los actuales, en torno al conocimiento y explicación de lo que ha sido y es Aguascalientes, ha transformado y enriquecido nuestra percepción y visión, y esto es algo que se agradece, porque nunca será ocioso insistir en la importancia que esto tiene, o debería de tener, para todos nosotros; para quienes vivimos aquí, para la formación y desarrollo de una conciencia ciudadana.

Tendría que ser obvio, aunque a veces se encuentra uno con personas que demuestran que no lo es, pero no somos ni británicos, ni franceses, ni argentinos, sino personas que somos de Aguascalientes y/o vivimos aquí (Carlos Monsiváis hablaba de los estadounidenses nacidos en México). No me interesa la vanagloria chovinista, sino destacar la necesidad de avanzar en el conocimiento de nuestro estado; de nuestra ciudad, en función de una toma de posición en torno a la realidad que vivimos; a la problemática que sufrimos, en tanto herramienta para la búsqueda de un mejoramiento de nuestra convivencia y de nuestra vida.

En fin, que estas líneas tienen la intención de invitarlo a que le eche un ojito a La historia y sus gusanos. La dirección es: https://www.lahistoriaysusgusanos.org/.  (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a [email protected]).

 

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