Mircea Mazilu

La historia del pueblo yaqui fue triste y cruel. Se trata de una tribu que se vio obligada a luchar contra los invasores que quisieron arrebatar su tierra y subyugar a sus habitantes. Las guerras en su territorio duraron desde el siglo XVI hasta el siglo XX, provocando muertes, desplazamiento y migración. A pesar de ello, la etnia ha sobrevivido y hoy se ensalza orgullosamente en las páginas de la Historia. Las presentes líneas relatarán el pasado de uno de los protagonistas de la lucha por la restitución de la tierra en la Revolución Mexicana de 1910.

Desde su llegada a Sonora en la Época Prehispánica tardía, construyeron sus pueblos a lo largo del Río Yaqui, en los alrededores de la Sierra de Bacatete y la costa del Mar de Cortés. A partir de entonces, comenzaron a practicar una economía basada en la pesca, la caza, la recolección y la agricultura; cultivaban el frijol, el maíz, la calabaza y el algodón. Asimismo, crearon sus propias creencias, tradiciones y costumbres, desarrollando su propia cultura y llevando a cabo un modo de vida pacífico. Sin embargo, con la llegada de los españoles, la suerte del pueblo yaqui cambiaría drásticamente.

El 4 de octubre de 1533 se produjo el primer enfrentamiento entre los invasores y los autóctonos, acabando con la muerte y captura de varios miembros de la tribu; entre 1600 y 1615 los españoles continuaron la guerra, llevando a cabo varias ofensivas contra los habitantes del Río Yaqui; en 1740 el pueblo indígena se sublevó contra los opresores forzando el reconocimiento de su autonomía. Sin embargo, fue durante la época del México independiente cuando las guerras entre las autoridades y los lugareños se intensificaron. Destacan las campañas de 1825, 1829 y 1832, dirigidas por el jefe yaqui Juan Banderas, que tenía por objetivo la unificación de los pueblos del noroeste en un solo gobierno. No obstante, la operación acabaría en fracaso y el rebelde sería fusilado.

La Guerra Yaqui alcanzó su máximo auge entre las décadas de 1870 y 1900. El gobierno mexicano no reconocía la tierra comunal de los indígenas y quería colonizar este territorio despojando a sus poseedores. Pero, los autóctonos no estaban dispuestos a perder sus suelos ancestrales y decidieron oponerse. En 1875 se produjo una de las más grandes sublevaciones yaquis, liderada por el jefe José María Leyva, conocido como “Cajeme”. José J. Pesqueira, el gobernador de Sonora en ese momento, intentó poner freno a la rebelión indígena derrotándolos en muchas ocasiones. Sin embargo, abandonó el campo de batalla y esta situación reforzó a “Cajeme”, quien decidió convertir los pueblos del Valle del Yaqui en una zona independiente del gobierno mexicano. No obstante, el líder moriría asesinado en abril de 1887.

Durante el gobierno de Porfirio Díaz las guerras contra el pueblo yaqui prosiguieron. El presidente tenía mucha ambición en colonizar y “civilizar” estas tierras sonorenses. Tras la aprobación de la Ley sobre Ocupación y Enajenación de terrenos baldíos de marzo de 1894, la compra y colonización de las tierras mexicanas que no poseían título quedaban a la disposición de los compradores. Los yaquis, careciendo de dicha documentación, resultaron víctimas de esta política. De esta manera, las autoridades pudieron justificar las invasiones contra estos indígenas y continuaron la ofensiva. La batalla de Mazocoba de 1900 significó la derrota final del pueblo indígena contra el Ejército Mexicano. Siendo dirigidas por Juan Maldonado “Tetabiate”, las tropas yaquis sufrieron más de 400 muertes y 1,000 prisioneros.

Como consecuencia de la derrota yaqui, gran parte de su territorio fue arrebatado y colonizado por particulares foráneos. Al mismo tiempo, el gobierno comenzó una política de deportación masiva de los vencidos hacia Yucatán, en donde trabajarían como esclavos en los grandes latifundios. Asimismo, otros emigraron a ciudades del norte de México o el sur de los Estados Unidos, en busca de empleo en minas y ferrocarriles. De esta manera, el río que antaño bañaba a su pueblo homónimo quedaría en parte abandonado. Sin embargo, el éxodo de sus habitantes no supondría más que un capítulo de su larga historia. En 1910 los yaquis se incorporaron a la revolución para recobrar su tierra, pasado y eternidad.

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