Juan Pablo Martínez Zúñiga

Por décadas, la saga creada por George Lucas a finales de los setenta fue tratada con la reverencia reservada a dogmas o ideologías eclesiásticas, manteniéndose consustancial en esa mentalidad de colmena representada por su horda de seguidores, hasta que el mismo Lucas por poco demuele sus propias bases narrativas con las aborrecidas precuelas, las cuales sirvieron tan solo para mantener vigente entre la generación del nuevo milenio la presencia y marca de La Guerra de las Galaxias. Actualmente, desde que la compañía Disney adquirió la serie, estos adorados personajes y sus aventuras en una galaxia muy, muy lejana han comenzado el afortunado trayecto hacia una necesaria revitalización comenzando con una examinación posmoderna sobre cuáles son los componentes que les han permitido trascender en la cultura popular, la especificación en sus temas y los aspectos contemporáneos que le auguren una vigencia a largo plazo –básicamente lo visto hace dos años en el Episodio VII, tachada por muchos desde una visión reduccionista como un mero refrito de la cinta iniciadora pero ahora revalorada como un válido esfuerzo por recuperar las fortalezas argumentales de esta odisea sideral- y ahora, a través de este Episodio VIII que arriba a cartelera con altas expectativas, complace el testificar que se solidifica tal empeño dimensionando las posibilidades de este universo en términos de drama y caracterización sin sacrificar los aspectos de identidad que invariablemente se evocan al invocar el título “Star Wars”, logrando una película entretenida, resuelta y audaz, tanto que enfurecerá a los fanáticos más unidireccionalmente intelectuales de la saga pero abastecerá de agrado a quienes buscan una experiencia diferente, y por ello me refiero a la inyección de ciertas dosis necesarias de humor allende a los desvaríos melindrosos de C-3PO y una sensación de genuina amenaza que permea el destino de los protagonistas.
La historia retoma ciertos aspectos en cuanto estructura narrativa y plástica de “El Imperio Contraataca”, pues al igual que aquella excelente cinta de Irvin Kershner, la trama se segmenta en las historias análogas que viven ciertos personajes según los requerimientos del argumento. En primer instancia, tenemos la travesía formativa y emocional de Rey (Daisy Ridley), la ex pepenadora que ahora busca su lugar en el cosmos mediante la instrucción en la disciplina Jedi que pudiera brindarle el resurgido Luke Skywalker (Mark Hamill), pero éste ha perdido todo interés en perpetuar sus doctrina por motivos personales, dando pie a una serie de toma y daca ideológicos que determina la naturaleza psicológica y emocional de cada uno, lo cual se acentúa del lado de Rey mediante un lazo psíquico que comparte con Kylo Ren (Adam Driver), segundo al mando de las fuerzas adversarias de la Primera Orden y enemigo personal del linaje Skywalker. Por otro lado, el stormtrooper renegado llamado Finn (John Boyega) auxilia a la Resistencia liderada por la Comandante Leia (Carrie Fisher) tratando de localizar a un decodificador maestro (Benicio del Toro) que les permita quebrantar las defensas informáticas de la Primera Orden, que ha acorralado a sus enemigos rebeldes en el espacio. Para ello se dirige a un planeta que alberga una especie de Montecarlo galáctico en compañía de una dolida pero resuelta intendente llamada Rose Tico (Kelly Mareie Tran), interesante personaje que roba cámara y sostiene cierta atmósfera emocional por razones que prefiero reservar para su revisión en cine, baste decir que la interacción entre Rose y Finn es creíble y, en momentos, conmovedora. Por último, tenemos al audaz y temerario Poe Dameron (Oscar Isaac), el mejor piloto de la Resistencia quien ahora trata de defender su puesto tanto del inminente ataque de la Primera Orden como de la Almirante Amilyn Holdo (Laura Dern), quien a primera instancia se muestra como una burócrata cuya misión es obstaculizar cualquier acción de Poe y, al parecer, con el auspicio de Leia, mas existe un trasfondo que se cultiva in crescendo para obsequiarnos uno de los mejores momentos de la cinta en su punto climático.
La dirección de Rian Johnson, si bien en momentos se dispersa un poco ante ciertas carencias de fortalezas rítmicas, logra cohesionar todos los elementos mediante un balance entre los tonos más oscuros de la historia (los conflictos internos de Kylo Ren, la desesperanza de Luke, el extravío psicológico y existencial de Rey, el destino funesto de ciertos personajes, etc.) con aquello que incluso sale a relucir como leitmotiv de varios protagonistas al punto de enunciarlo constantemente: esperanza, y el filme procura presentar esta idea optimista con refuerzos sustentados en el valor, la confianza y el honor. Algunas vueltas de tuerca por ahí y momentos de buen humor por allá le dotan además de una voz propia, lo cual podría resultar contraproducente en un proyecto ceñido a una mitopoeia tan arraigada a la cultura popular, pero que en manos de Johnson, sale avante en cuanto a su valor narrativo y escapista, pues logra manejarlo con honestidad y desenfado. “Los Últimos Jedi” dará de qué hablar, pero sin lugar a dudas se trata de uno de los mejores aportes a la saga desde “El Regreso del Jedi”, y con eso debería bastar para aplacar las ansias de cualquier fanático… pero algo me dice que no será así.

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