Jesús Eduardo Martín Jáuregui

* San Garabato Cuc., simpático pueblito imaginado por Rius en su revista “Los Supermachos”

A Don Perpetuo del Rosal, presidente municipal perpetuo de San Garabato Cuc, se le criticaba fuertemente por las fuerzas vivas (Chon Prieto), las fuerzas rezanderas (Doña Emerencianita) y los intelectuales (Calzonzin) del pueblo; asimismo que pasara más tiempo en la cantina que en la Presidencia Municipal, de manera que tomó la determinación, bastante atinada a juicio del Lechuzo, (su comandante de policía), de trasladar la Presidencia Municipal a la cantina y asunto concluido. Tal parece que los asesores –digo, para tener a quién echarle la culpa– del Presidente Electo descubrieron el hilo negro, la fórmula infalible para no violar la Constitución, tan sencillo como modificarla, y asunto terminado. Si la Constitución dice que en tiempos de paz, el ejército no podrá tener más funciones que las estrictamente militares, pues no hay más que adicionarla, para que ahora diga que también podrá combatir a la delincuencia organizada, a la poco menos organizada y a la desorganizada. El plan de pacificación y seguridad, o como le hayan llamado, echa mano de una figura prevista en la Constitución de la República: la Guardia Nacional y dándole una revolcada, la propone, mandada por el ejército a combatir la delincuencia.

Ya sabemos que nuestra Constitución recuerda aquella adivinanza de los juegos infantiles: “Una señora muy aseñorada, con miles de parches y ni una puntada, ¿Qué es?”; la respuesta por supuesto es: la gallina, pero igual podría ser: la Carta Magna, con más de seiscientos parches, en sus poco más de cien años de vida. Si recordamos, además, que tiene tan sólo 136 artículos, con una simple división encontraremos que en promedio cada uno ha sido reformado más de 5 veces, así es que ¡una mancha más al tigre! La cuestión, sin embargo, va mucho más allá de la simple aritmética constitucional, implica presupuestos de libertad, de legalidad, de derechos humanos y de acotar uno de los instrumentos más peligrosos que ha inventado la humanidad: el Ejército, que, como todo instrumento puede ser “tocado” bien o mal, y usado para bien o para mal.

Creo que en algunas de estas colaboraciones ya lo he mencionado, pero me parece que sigue siendo aplicable: la leyenda judía del Golem. Según viejas tradiciones de las que eran depositarios los rabinos, si una noche determinada, prevista por el calendario religioso un rabino formaba con barro una figurilla humana, y luego de recitar ancianos ensalmos, inscribía la palabra “emeth” (vida) en su frente y soplaba sobre ella, le infundía vida. El Golem, que así se llamaba aquella criatura, se convertía en sirviente del rabino, ¡Ah! pero no para siempre. Llegaba un momento en que alcanzado cierto tamaño podía rebelarse y convertirse en una fuerza incontrolable. De allí que el rabino, siempre atento, a las primeras manifestaciones de desobediencia, tendría que aprovechar o buscar la oportunidad para borrar de la inscripción en la frente la primera letra “e” y transformar la palabra en “meth” (muerte) y acabar así con el Golem y con el peligro.

Cuando colaboraba en otro diario de la localidad, luego de un artículo en que aludía a un incidente en Tlalixcoyan, Ver., el director me comentó: “Hay que tener cuidado con cuatro temas: el Presidente de la República, la Jerarquía Católica, el narcotráfico y el Ejército, y agregó, y el mas delicado es el Ejército”. Creo que su recomendación sigue siendo válida, es un tema delicado, por lo mismo hay que abordarlo. No es por nada, que en muchos estados democráticos el ministerio o secretaría de Guerra o Defensa Nacional, o cualquiera que sea la denominación, no está en manos de militares sino de un civil. El mismísimo Winston Churchill decía que la guerra era algo demasiado importante como para encargársela a generales.

Nuestro ejército actual tiene un origen y una conformación popular y ha dado muestras repetidas de lealtad a las instituciones y no hay ninguna razón para desconfiar, aún así, de sus filas surgieron Victoriano Huerta y Saturnino Cedillo. La fórmula de operatividad de las repúblicas democráticas es la división de funciones, que tradicionalmente ha sido conocida como división de poderes, pero que hoy en día, la complejidad de la administración pública requiere muchas más que las tres funciones a que aludía Monstesquieu. Reunir funciones diferentes bajo un mismo mando puede resultar ser la creación de un Golem.

Para ningún ciudadano mexicano, me refiero a los mayores de 18 años, resulta desconocido que fue a partir de la llamada guerra de Calderón, en que el Presidente declaró la guerra al narcotráfico, matizándola luego como combate a la delincuencia organizada, que el Ejército Mexicano y la Marina Armada iniciaron funciones reservadas para las policías. Menos conocido es que anteriormente el combate al narcotráfico era competencia exclusiva de la PGR con apoyo eventual de las tropas armadas, y que fue a partir de un cambio legislativo propuesto por el presidente Fox que se les dio competencia a las policías estatales y municipales, despertando el apetito por alguna rebanada del pastel. Ni el Ejército ni la Marina, ni las policías estatales ni las municipales, tenían y quizás no tengan la preparación y la “inteligencia” para el combate a la delincuencia organizada, la prueba está en que, tras doce años de “guerra”, los resultados han sido totalmente negativos. Los cientos de miles de muertos, las decenas de miles de desaparecidos, el incremento galopante de las adicciones y la utilización de menores por la delincuencia, hablan por sí solas.

Ojalá el Presidente Electo se diera un tiempo para recordar sus promesas de campaña, no por ser promesas, sino por ser producto de un conocimiento y una meditación de años. Él consideraba, hace no tanto, que resultaría saludable que el ejército, se entiende que la marina también, regresasen a cumplir sus labores de Seguridad Nacional. El combate a la delincuencia organizada podría, sí, encargarse también a una guardia nacional, prevista en la Constitución, pero no bajo el mando o la autoridad de los entes militares. La Suprema Corte en una resolución que sin duda la enaltece, resolvió la inconstitucionalidad de la Ley de Seguridad Interior propuesta por el presidente Peña Nieto. Aprendamos de la resolución y de la Corte, respetemos la Constitución y Sr. Presidente Electo, faltan pocos días para que jure su cumplimiento ¿por qué no empezar a respetarla y cumplirla desde ahora?

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