El Heraldo de Aguascalientes

La gran fritanguería de la Asunción

Jesús Eduardo Martín Jáuregui

“No sé el secreto del éxito, pero sé el del fracaso: tratar de quedar bien con todos” Benjamín Disraeli.

Por un error de grafía en la llamada cédula de la fundación de Aguascalientes, cuyo original se sospecha fue sustraído por algún funcionario archivístico, se asentó Villa de la Ascención y no de la Asunción. La diferencia va mas allá de una vocal y una consonante, la primera hace referencia al Señor Jesucristo que ascendió al cielo por sus propios medios o a impulso propio, la Virgen María fue asunta es decir llevada al cielo por un impulso externo. En consecuencia de no ser error de escritura, la Villa fue puesta bajo el patronazgo del Señor y no de la Virgen. No obstante que algunos porfían en que no fue error sino intención de ponerla bajo la protección de Dios Hijo, la realidad según las crónicas, las tradiciones y las constancias, es que el culto ha sido siempre para la Virgen, no obstante su poca proclividad ha hacer milagros, salvo que consideremos, y no sería descabellado, atribuir a un milagro que nuestra ciudad y nuestro estado conserven algo de tranquilidad, estabilidad y desarrollo en un país tan convulso y tan amloneado como el nuestro.

Bien está que todavía en la nave norte de la Catedral Basílica, hay una inscripción que señala que el patrono de la diócesis es el arcángel San Miguel y el de la ciudad San Francisco de Asís, sin embargo basta con echar un vistazo rápido a las ciudades fundadas durante la evangelización en el virreinato, alrededor de Aguascalientes, para constatar que en todas ellas es una advocación de la Virgen la elegida para su patronazgo. Por citar las mas relevantes Nuestra Señora de la Expectación en San Luis Potosí, Nuestra Señora del Patrocinio en Zacatecas, La Purísima Concepción conocida mas como la Virgen de San Juan de los Lagos, la Virgen de Zapopan en Guadalajara, nuestra Señora de Guanajuato en Guanajuato y así podríamos continuar constatando que la evangelización en la altiplanicie fue mariana.

El culto mariano se incrementó en la Diócesis con la llegada del señor obispo Monseñor Quezada Limón, que al margen de señalamientos críticos, hizo una magnífica labor pastoral, ordenando la diócesis, creando el Seminario, reestructurando las parroquias, fomentando el culto mariano con la creación de una procesión muy en el carácter de Aguascalientes, festiva, devota, ecuménica, en la que participan representaciones de toda la diócesis. La ciudad ha crecido el estado ha progresado, muchas ocupaciones han desaparecido o casi: los ferrocarrileros, las bordadoras, los alfareros, la población se ha vuelto predominantemente urbana, muchos donadores también han desaparecido y las peregrinaciones a la Virgen se pierden un tanto en el ajetreo de la ciudad. La Romería, sin embargo sigue siendo una explosión de júbilo y de fe, característica de nuestro pueblo.

Pero, siempre el mugre pero. Recorrer el centro histórico es constatar como alguna vez ya dije, que se transforma en estos días en centro histriónico y muchas veces en centro histérico. Desde su invención la ciudad ha tenido la característica de, para su mejor funcionamiento, destinar áreas específicas para funciones y servicios empezando por las mas obvias, espacios para la circulación, espacios para la vivienda, espacios para los servicios públicos y el gobierno, espacios para el comercio incluyendo víveres y comida, espacios para el culto religioso. Salvo casos de excepción, por supuesto, como es la propia Romería o los desfiles patrios. Se altera la vida y función de la ciudad cuando se inventan cierres de calles con motivos comerciales, propagandísticos, o aún deportivos. Sufre la ciudad y sufren los ciudadanos para la sorpresa de unos cuantos que mas por casualidad que por intención se topan con espectáculos dignos de mejor sitio, de mayor promoción y sobre todo de mayor atención.

Recorrer la Plaza de Armas fuera del Quincenario de la Asunción, es recorrer un espacio que la gente se ha apropiado para su esparcimiento y convivencia, la Plaza de las Jacarandas y la Plaza Contreras, con su apéndice la Plaza Posada a la que vendrían bien unas cuantas bancas, han sido asumidas por la población, chicos y grandes que disfrutan de espacios concebidos con criterios estéticos y ¿por que no? pedagógicos. En el quincenario cambia el panorama, convertido en un mercado feo, sucio, insalubre, peligroso, hacinado y de pilón ajeno casi por completo a lo nuestro (de Aguascalientes), uno se pregunta ¿Cómo es posible que el Ayuntamiento de la capital que, por otra parte, a veces despilfarra en obras superfluas, suntuarias o innecesarias, pero pone énfasis en la apariencia, autorice los mugres (lo digo por compasión) puestos que rodean la plaza, ocultando la belleza de sus jardines, sus fuentes y la misma excedra.

Alguno podrá esgrimir el concepto de tradición para justificar el sucio y feo hacinamiento, pero ni todo es tradición ni todas las tradiciones merecen preservarse. A menos que el Ayuntamiento considere que “los parados de Michoacán”, “los acostados de Apatzingán”, “los tacos estilo San Juan”, “los camarones embarazados estilo Mazatlán” y otros de ese jaez, sean tradicionales o típicos de Aguascalientes. En lugar de esos insalubres puestos podría dejarse el espacio para artistas o artesanos de Aguascalientes, invitándolos, sin cobro por supuesto para exponer en condiciones de orden y limpieza su producción.

Alguien quizá podría justificar los puestos de comida porque los peregrinos necesiten restaurar las fuerzas. Para eso las ciudades inventaron los mercados, ya no digamos los restaurantes. A menos de trescientos metros de la Plaza de Armas el Mercado Morelos y el Mercado Terán, ofrecen comidas nutritivas en condiciones de higiene supervisada y a precios razonables que no son inflados por la ocasión. Los puestos que autorizan por el Quincenario compiten en condiciones ventajosas con los establecidos todo el año, que pagan contribuciones, que se someten a las reglamentaciones e inspecciones, mientras los otros disfrutan de una evidente laxitud.

El Quincenario, la Romería, la Catedral, la Plaza de Armas, los Palacios, los Patios, la población de Aguascalientes, nuestros visitantes, y sobre todo el culto mariano a la Virgen de la Asunción, merecen un marco de dignidad como, por ejemplo, el que el Ayuntamiento dispuso para la Navidad. ¿Qué les cuesta?.

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