José María León Lara

Cuando en 1959 Fidel Castro y su ejército guerrillero lograron derrocar al dictador Fulgencio Batista, la idea era reinstaurar la democracia en el país caribeño; pero el peso ideológico de aquellos tiempos y la influencia clara de Ernesto Guevara y Raúl Castro sobre el propio Fidel, terminaron por darle el triunfo de la revolución al socialismo.
La situación no podía quedarle mejor a la Unión Soviética, quien vio un aliado estratégico en la isla; sobre todo por la posición geográfica de vecindad con el enemigo, el imperialismo yanqui. Es a partir de ese momento que Cuba se convertiría en una pieza clave para la Guerra Fría, además de que serviría a los intereses soviéticos para extender la ideología comunista en Latinoamérica.
En aquel entonces, el mundo se entendía de manera distinta, y a Cuba no le importaba romper relaciones diplomáticas y comerciales con los Estados Unidos, aunque en estricto sentido, la relación de entre La Habana y Washington permitió que Cuba fuese el destino paradisiaco de la primera mitad del siglo XX.
Quedaba claro que, Moscú se convertiría en la gran protectora del régimen de Fidel; harían de Cuba un protegido más que un aliado, dispuesto a hacer lo que fuese necesario para acabar con el capitalismo estadounidense. Lamentablemente esa medida ha costado mucho a los cubanos, recordemos el famoso embargo.
Desde hace casi ya treinta años, la Unión Soviética ya no existe, y Cuba permanece siendo un régimen dictatorial de izquierdas, donde la libertad es solo un sueño y la esperanza es algo desconocido. En los últimos días se escucha que la isla al fin conocerá un respiro, algo que no es más que un engaño.
Tanto prensa nacional mexicana, como internacional, han anunciado con bombo y platillo la sucesión presidencial de Raúl Castro Ruz a Miguel Díaz-Canel; de nueva cuenta haciendo uso del periodismo sensacionalista, que no produce otra cosa más que falsas ilusiones, para millones de familias cubanas que en verdad esperan que el cambio traiga consigo justicia.
Desde la muerte de Fidel, de quien dudo se encuentre en un mejor lugar, su hermano Raúl que ya era el presidente de Cuba en ese entonces, asumió el poder máximo de la revolución y el régimen cubano como primer secretario del Partido Comunista de Cuba. Actualmente tiene 86 años de edad y hasta su muerte, seguirá siendo el mandamás de su país; por lo que la llegada del nuevo presidente no es otra cosa que una pantomima.
Resulta irónico pensar que una de las bebidas más preparadas con ron, lleva el nombre de Cuba Libre, pues siendo realista, Cuba nunca ha sido del todo libre. Además sumándole que los esfuerzos realizados en tiempos del presidente Obama para comenzar una apertura entre ambas naciones, se han venido abajo con Donald Trump en el poder.
A manera de reflexión, es increíble que cada día que pasa es más y más evidente que el pueblo de México se está dirigiendo por una opción tan aberrante y similar a la que los cubanos han vivido por más de 50 años. Fidel pudo haber muerto, pero no la revolución; el pueblo de Cuba aún espera con asías ser verdaderamente libres y no se puede ser libres verdaderamente sin democracia.