Gerardo Muñoz Rodríguez

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe, publicó un análisis de las principales tendencias en cuanto a la evolución y la distribución de la Inversión Extranjera Directa en el mundo, particularmente en nuestra región. Las conclusiones de estas no fueron tan halagadoras como se hubieran esperado. No olvidemos que este tipo de inversiones siguen siendo consideradas como el componente más importante y estable de la cuenta financiera de un país.

La IED en los países de América Latina y el Caribe han disminuido en 17 por ciento de manera acumulada desde al año 2011, en el cual tuvo su mayor apogeo. Tan solo del 2015 al 2016, las inversiones cayeron en 7.9 por ciento.

A nivel mundial, las economías desarrollas son aquellas que han tenido el protagonismo en cuanto a la recaudación extranjera. Para el año pasado, estas acumularon el 59 por ciento de todos los flujos extranjeros en el mundo, los cuales se establecieron en 1.7 billones de dólares. Aunado a esto, la IED en las economías en vías de desarrollo, retrocedieron en un catorce por ciento, afectando considerablemente a nuestra región.

Estas caídas en los flujos de capital extranjero a un país, son resultado de los bajos precios de las materias primas y su impacto en las inversiones dirigidas al sector de recursos naturales, por el lento crecimiento de la actividad económica en varias zonas y por el escenario global de sofisticación tecnológica y expansión de la economía digital.

Además de la baja en la entrada de dinero extranjero, la salida también tuvo un considerable declive. Estas disminuyeron en 50 por ciento, para posicionarse en 24 mil 609 millones de dólares. A excepción de Colombia, la cual logro crecer en 7%, todos los orígenes cayeron.

En el caso particular de México, la IED disminuyo en casi 8 por ciento, rompiendo el dinamismo de años previos. A pesar de recaudar el 19 por ciento de la inversión total en la región, siendo el segundo mayor receptor, el país se vuelve menos atractivo para ser destino de excedentes monetarios.

Durante finales del año pasado y todo el presente, hemos podido observar como diferentes empresas aplazaron sus planes de inversión en el país ante la incertidumbre generada por la re-negociación del Tratado de Libre Comercio de América de Norte, principalmente. Esta afectación seguramente se verá reflejada en menores niveles de flujo extranjero al país en el presente año, llegando con dos años consecutivos a la baja al 2018; año de elecciones presidenciales en el país.

Dichos años, siempre muestran un alto grado de escepticismo en los inversionistas lo que seguramente acarreará bajos niveles de inversión foránea; más si consideramos la posible llegada de Andrés Manuel López Obrador a Los Pinos.

La inseguridad también representa una fuerte restricción para atraer capitales. El país en general, muestra altos niveles de crecimiento en este tema. En base a información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, más del 70 por ciento de la población mexicana mayores a 18 años, considera que vivir en el país se ha vuelto más peligroso.

Además de poder frenar la violencia, debemos encontrar la manera en lograr una mayor diversificación en las entradas de capital al país. En la actualidad, el sector automotriz es el que ostenta gran parte de este importante ingreso.

No olvidemos que este ramo, en promedio, otorga prestaciones económicas sumamente bajas a sus trabajadores, lo que ocasiona las grandes disparidades salariales que se dan en el país.

Mayor capacitación, facilidades de apertura de negocios, erradicar los monopolios y/o duopolios, mercados más competitivos, entre otras cosas; lograrían convertirnos en un país más atrayente para los diferentes sectores económicos del mundo y así lograr mejores condiciones de bienestar para la sociedad.

 

Twitter: @GmrMunoz