Homero Fernández
Agencia Reforma

PRAGA, República Checa.-«¡Qué chido!», les dicen los amigos a quienes anuncian unas vacaciones en Praga. La capital de Chequia es una de esas ciudades que goza de la simpatía y admiración de los viajeros del mundo.
No es en vano. La belleza de sus calles y monumentos no es nada más estética. Encierran ricas historias de cultura, vanguardias y también tristes episodios de la esquizofrenia humana.
Aunque haya muchas formas, la mejor manera de ponerse en contacto con toda esa oferta es gastando los zapatos. Aún que requiera un esfuerzo extra para la masa de los sedentarios, la recompensa del cansancio se la llevarán los ojos y el alma, y por supuesto las memorias de las cámaras y los celulares. Cuando viajas con niños hay alternativas de transporte público que tiene un boleto único para tranvías y autobuses, cuyo precio depende del tiempo que lo vayas a usar y son fáciles de comprar.
Hay íconos impostergables para el visitante debutante: el circuito más famoso leva desde el imponente Castillo, por el Puente de Carlos, hasta el reloj astronómico de la Plaza Vieja. Lo aconsejable es empezar por lo más alto para ir bajando por las calles empedradas al paso que dicten la energía y la curiosidad.
Dominando una de las colinas el Castillo, iniciado en el siglo 9, siempre ha sido el símbolo checo del poder. Allí estuvieron reyes y luego presidentes, pero también sus espacios albergaron torturas y abusos de las ocupaciones. Franz Kafka nunca llegó a terminar la novela con su nombre que, sin hacer referencia directa, podía ser una metáfora del lugar.
El impacto visual a la distancia se amplía con la contigua Catedral de San Vito, la más famosa del país, que se terminó en 1929, tras casi seis siglos de construcción. Desde los jardines se pueden observar el esplendor del río Moldava (Vltava, en checo) y las cúpulas y torres de los templos, hoy mayormente convertidos en museos y salas de conciertos.
Al bajar por la cercana Calle del Oro sorprenden unas casas muy pequeñas, donde vivían los guardias del Castillo en el siglo 16. En la señalada con el 22 vivió y trabajó Kafka, entre 1916 y 1917.
El bullicio, los olores de las galletas de jengibre y el colorido de los souvenirs convergen hacia el lugar más visitado: el Puente de Carlos. Su construcción de casi medio siglo la inició Carlos IV, en 1357, después que el anterior puente colapsara por una inundación. Ahora es solamente peatonal y un festival de música y artistas enmarcado por una galería de esculturas religiosas. Destaca la de Juan Nepomuceno, patrón de Bohemia, arrojado al río por orden del rey Wenceslao IV destitución. Cinco estrellas rodean la cabeza del santo, «las mismas que aparecieron en el cielo el día de su ejecución», cuentan sin empacho los guías. Unos turistas tocan el pedestal ornamentado para recibir protección divina y otros simplemente por imitación. Allí reluce el metal dorado gracias a tantos millones de caricias.
Para llegar a la plaza de la Ciudad Vieja hay que pasar por la calle más transitada de Praga. El semáforo dura 20 segundos. Esa vena estrecha, limitada por puestos de comida típica y teatros de marionetas, conduce hacia la Torre Vieja del Ayuntamiento donde funciona una reliquia mundial: el reloj astronómico del siglo 15, de donde aparecen, cada hora en punto, las figuras de los Apóstoles.
Para los que repiten el destino, o para los que tienen planeado estar por lo menos tres días, las posibilidades de nuevas experiencias se agigantan.
Más allá de los servicios de guías contratados, que siempre son necesarios en países con idiomas menos globales, existen recorridos libres centrados en distintos intereses: circuitos de caminos y de parques; de cafés y restaurantes; de cerveza y vino, arte y danza; iglesias y barrios temáticos.
Siempre quedarán muchos rincones por visitar.
Por eso, un regreso será tan sorprendente como la primera vez.
¡Qué chido!

Imperdibles
Cuando vayas a este destino, no dejes de:
– Probar los distintos sabores de cerveza a base de cebada, trigo y malta. Las de todos los colores, sabores y tamaños.
– Los pasteles suelen ser artesanales y muy sabrosos. El más popular se llama Bábovka.
– Entre los grandes eventos anuales en Praga se encuentra el famoso maratón (mayo), el más importante festival de música clásica (mayo-junio), el de compañía circenses (agosto-septiembre) y el de iluminación de edificios (octubre).

TIPS DE VIAJE:
– Si puedes apóyate con algún guía local para aprovechar la estadía. Una buena opción es @guiadepraga (en Instagram). También hay información gratuita y muy completa en www.prague.eu
– Existen alojamientos de todos los tipos y precios. A medio camino entre el Castillo y el Puente de Carlos está el hotel boutique Golden Key, ubicado en una casa remodelada del siglo 16, con precios promedio en julio, por ejemplo, de 300 euros por tres noches.
– Los boletos de transporte local sirven para las diferentes modalidades y el precio varía según el tiempo de uso del trayecto. Hay pases para un día (5 dólares) o de tres días (15 dólares). El básico (1.5 dólares).
– La Tarjeta Praga te da acceso a los principales atractivos turísticos e incluye el transporte. Hay de 2, 3 y 4 días y se pueden comprar en los centros de información turísticas.
– Para los más audaces hay opciones de paseos en segway en todas las zonas, salvo la del centro histórico. Las rutas diurnas y nocturnas duran en promedio dos horas y los costos entre 40 y 60 dólares. Una opción es www.segway-point.cz
– La moneda es la corona checa aunque aceptan euros, preferentemente. Su equivalencia, aproximada, es de 25 coronas por un euro y 20 coronas por un dólar. También se puede pagar con tarjetas internacionales.