Así como en una historia de Sherlock Holmes, los oncólogos buscan desenmarañar los misterios del cáncer: ¿Qué mutaciones ocasionan determinados tipos de tumor?, ¿es posible detectarlos cuando el paciente aún no presenta síntomas? y ¿es posible dar un tratamiento más personalizado?
En esta tarea, las biopsias líquidas surgen como herramientas que actualmente ayudan a las personas con neoplasias detectadas, pero que en el futuro serán parte esencial de la detección temprana, coinciden especialistas.

LOS BÁSICOS
De la misma manera que las personas sacan la basura de la casa, las células tumorales sacan sus desechos hacia el exterior, es decir, al torrente sanguíneo, explica Juan Francisco González Guerrero, oncólogo fundador del Grupo OnCare.
“En vez de abrir al paciente para sacar una muestra del tumor que después analiza el patólogo, la biopsia líquida sólo implica que el paciente se siente para que le tomen una muestra de sangre”, asegura quien también es experto en radioterapia.
Mediante esta muestra, el laboratorio puede estar en la búsqueda de dos elementos: los biomarcadores o las células tumorales circulantes (CTCs, por sus siglas), agrega Miguel Ángel Elizondo Riojas, físico dedicado al diseño de drogas antitumorales.
“Piensa que los biomarcadores son como los post-it que usas para marcar las páginas de un libro, son moléculas que están relacionadas con los tumores y cuya concentración está ligada con el tamaño de estas neoplasias”, añade el especialista.
“En cambio, para comprender qué son las CTCs podemos pensar que el tumor es como una cebolla, o sea está en capas, y la última de éstas se descarapela liberando estas células malignas en el torrente sanguíneo”.
Los dos elementos son pistas que ayudan a comprender las mutaciones genéticas y permiten monitorear el avance de la enfermedad, coinciden los especialistas.

AYUDA A PACIENTES CON CÁNCER
Existen dos aplicaciones de la biopsia líquida en pacientes que ya están diagnosticados con cáncer, asegura Elizondo Riojas.
“La primera manera es mediante el conteo de las CTCs. Es decir, yo puedo ir con el oncólogo e informarle que el paciente presenta cuatro CTCs por cada mililitro de sangre, por ejemplo, y a partir de esta información se le puede brindar ayuda inmediata a la persona”, explica quien también es cofundador de la Sociedad de Física Médica de Nuevo León.
“¿Qué quiere decir esto? Después de conocer esta cantidad de CTCs, el oncólogo puede decidir empezar el tratamiento inmediatamente en vez de esperar que el enfermo atraviese la cirugía, la radioterapia y finalmente llegue a la quimioterapia. También es importante notar que en esa célula maligna está toda la información que forma al tumor, por lo que es sumamente valiosa para la ciencia médica”.
En el caso de los biomarcadores, puntualiza el físico, es posible utilizarlos para comprobar la eficacia del plan de ataque contra el cáncer.
“Es posible medir la concentración del biomarcador en el volumen de sangre, entonces es posible comparar la muestra tomada antes de iniciar tratamiento y la realizada después del tratamiento, y si la concentración de este biomarcador disminuye es posible decir que la medicina está funcionando”.

EL RETO: LA DETECCIÓN TEMPRANA
Las aplicaciones de las biopsias líquidas son reales y eficaces, pero la comunidad médica ya estudia cómo utilizarlas para brindar esperanza a los pacientes en el futuro, expresa el oncólogo Juan Francisco González Guerrero.
“Lo que tratamos de hacer es adelantarnos al diagnóstico: imagina un tumor tan pequeño que el paciente no siente molestias, los estudios convencionales no los detectan, pero en la biopsia líquida aparece”, ejemplifica quien inició el Servicio de Oncología en el Hospital Universitario.
“Hipotéticamente, en esta biopsia detectaríamos determinadas mutaciones que, mediante las investigaciones, aprendemos que se relacionan con tipos específicos de tumores que el paciente después vigilaría con estudios hasta que el cáncer se atrape en una etapa tan temprana que aumentaría las posibilidades de curación”.
No obstante, advierte el médico, pasarán años antes de que se valide este método, pero esto no elimina la esperanza de la comunidad médica.

LO QUE YA SE HACE
En Monterrey, el oncólogo José Luis Martínez Lira y su equipo se unen al esfuerzo por utilizar las biopsias líquidas en pacientes con cáncer.
“Una de las ventajas de la biopsia líquida es que permite llegar a tumores de difícil acceso como la neoplasia de pulmón, lo que salva al paciente de procedimientos quirúrgicos invasivos”, explica quien también está a cargo del departamento de oncología en el Centro Médico Accelerium.
“También es recomendable en pacientes con tumores sólidos en etapas avanzadas, que tienen neoplasias que ya recibieron tratamiento y reaparecen y en casos donde se obtuvo poco material de la biopsia inicial”.
La secuenciación genética que se realiza en este procedimiento también permite obtener una imagen clara de las estirpes a las que pertenecen estas células heterogéneas y desordenadas que forman el tumor, explica el médico.
“El conocimiento de esta información está ligado con el llamado tratamiento personalizado contra el cáncer”, añade el especialista.
“Es decir, estos datos permiten hacer blanco en las mutaciones relacionadas con el tumor que presenta la persona. Es decir, permitiría dar un cuidado médico enfocado a las características de la enfermedad. Es el equivalente de apuntar la flecha a la diana en vez de disparar a ciegas”.

Biopsia tradicional
· Requiere una intervención invasiva para el paciente.
· Es específica, pues se conoce exactamente de qué órgano o tejido proviene el tumor.
· El costo ronda entre los 3 mil y los 10 mil pesos, aproximadamente.

Biopsia líquida
· Es mínimamente invasiva, sólo se necesita una muestra de sangre.
· El análisis parte de fragmentos de ADN, por lo que es capaz de detectar moléculas relacionadas con las neoplasias, pero no de qué órganos o tejidos específicos provienen.
· No existe un costo real porque su aplicación aún es relativamente nueva. Es decir, puede ser cara, pero los precios bajarán eventualmente.

Fuente: José Luis Martínez Lira, Juan Francisco González Guerrero y Miguel Ángel Elizondo Riojas