Josemaría León Lara Díaz Torre

Platicaba hace algunos días con un conocido de esos a los que les gusta ser llamados cinéfilos, puesto que son amantes del séptimo arte y que la verdadera pasión de sus vidas es entrar a una sala de cine y disfrutar de una historia desde una butaca.

Dentro de lo que es el folclor mexicano, nadie puede negar la importancia que tuvo el cine mexicano, y sí, recalco la palabra tuvo en tiempo pasado, puesto que las producciones actuales nunca tendrán el valor cinematográfico que sus antecesoras en la famosa época dorada del cine mexicano.

Algunos dicen que desde la muerte de Pedro Infante en el año de mil novecientos cincuenta y siete, la industria cinematográfica nacional entró en decadencia y casi está por cumplir sesenta años en la misma condición.

Claro que en los últimos sesenta años de producciones cinematográficas en territorio nacional no todo ha sido un desastre, pero el común denominador es historias débiles en contenido y que los realizadores tienen que recurrir a lo que aparentemente divierte al mexicano, ya que una película orgullosamente mexicana no está completa sin sexo y mentadas de madre.

Durante los años treinta, cuarenta y cincuenta del siglo pasado, nuestro país fue considerado potencia en el sector del entretenimiento puesto que existía una amalgama perfecta entre la industria, los realizadores y el talento real de los actores y actrices, donde se podían contar historias de verdadero drama y también se realizaba comedia inteligente y bastante blanca.

No se necesita ser vulgar para entretener y creo que la industria contemporánea no lo ha entendido, y eso que en los últimos años han sido exhibidas películas mexicanas con buenas historias y donde la producción hace énfasis en la misma, tal es el caso de “El Estudiante”, por mencionar un ejemplo.

En México siempre ha existido y siempre existirá el talento, pero también es bastante difícil explotar ese talento y no es causa de la falta de oportunidades, es la falta de voluntad propia de la idiosincrasia del mexicano.

Es verdaderamente una pena que el talento mexicano y particularmente en la industria del cine, tenga que salir a buscar oportunidades fuera del país. Tal es el caso de tres extraordinarios directores de cine mexicanos, que han cruzado fronteras con sus películas, Alfonso Cuarón, Alejandro González Iñárritu y Guillermo del Toro. Y aquí seguimos esperando con ansías la “nueva película de Derbez”, pues ya cualquier sujeto que dice tener talento, puede hacer cine.

Las condiciones actuales del país por los niveles tan altos de violencia y de inseguridad son una realidad, pero es una tristeza que como mexicanos seamos tan estúpidos para seguir permitiendo que la industria del cine siga produciendo filmes con temas de narcotraficantes, donde los pintan como los héroes de la historia. ¿Será acaso que una vez más estamos cayendo en uno de los mexicanismos más grandes? Es decir, burlarnos de nosotros mismos.

Correo: jleonlaradíaztorre@gmail.com

Twitter: @ChemaLeonLara

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