La semana pasada, el presidente de la República anunció, con bombos y platillos, que la economía mexicana había librado caer en una recesión técnica, al evitar hilar dos trimestres consecutivos con una contracción económica.

Para el cierre del segundo trimestre, los datos preliminares del INEGI, constataron un crecimiento de 0.1 por ciento respecto al trimestre previo.

Las actividades terciarias, como es costumbre, fueron las principales responsables de este mínimo aumento. Los servicios lograron un aumento de 0.2%; que contrarrestó la minusvalía de 3.4% que obtuvo el sector primario.

En cuanto a las actividades secundarias, que corresponden a la industria y representan cerca del 30 por ciento del PIB, no figuró ninguna variación.

El sector de los servicios, sigue teniendo una considerable ponderación – 60 por ciento -, sobre la medición de la economía del país. Las comunicaciones, comercio, turismo, entretenimiento, entre otros; son los verdaderos actores en esta medición.

Ante esto, diversos personajes del Gobierno Federal, comenzando por el principal, celebraban la consecución de números positivos en la economía y señalan a todos aquellos que esperaban resultados opuestos. ¿Realmente estamos para celebrar estos datos? Indaguemos un poco del actual desenvolvimiento de la economía nacional.

Este año en particular, como cada seis años, representa una cuesta arriba para los gobiernos entrantes. Por lo general, los mejores años de cada sexenio, hablando en materia económica, tienden a ser los últimos. Ya que en estos, sus diversas estrategias políticas implementadas, tienden a mostrar los resultados, sean o no, los que realmente se esperaban.

Los últimos dos años de la administración anterior, se obtuvieron tasas de crecimiento que rondaban el dos por cierto. Estas no resultan suficientes para las necesidades de nuestro país, pero al menos representan algo.

Contra estos números, deben ser comparados de los de la actual administración. Esto, aunado al tiempo en que tardan en fraguar las nuevas políticas o el tiempo para que se conozca bien todo el aparato gubernamental, ocasionan, al menos el primer año, que los números no sean tan positivos.

Lo que es una realidad, que éstos son el peor inicio de los últimos tres sexenios, al menos al cierre del segundo trimestre de ese primer año.

A pesar de esto, existen una serie de variables e indicadores macroeconómicos, que pudieran ayudar a no ver tan perdida la situación actual.

Primeramente, la inflación demuestra una cierta tendencia a la baja y pudiera estar en camino a ubicarse en la meta objetivo del Banco Central. La política monetaria y el ciclo alcista en las tasas de interés, ornamentado por Banxico, son los principales culpables de una estabilidad en el nivel de precios del país.

Esta estabilidad, nos llevaría a impulsar una serie de índices como la confianza del consumidor y el consumo privado.

Un menor costo del dinero, ayudaría a incentivar el consumo privado en el país. Por lo general, este componente resulta ser un verdadero pilar para desarrollo de la actividad económica. Según datos de la Secretaría de Economía, el consumo total lleva creciendo cada trimestre desde el 2017; a pesar de que últimamente, esos crecimientos comienzan a ser decrecientes.

La tasa de desempleo, muestra niveles de estabilidad desde hace un par de años. Otra cosa positiva, es la remuneración promedio de los trabajadores inscritos en el IMSS; la cual se incrementó por arriba de 2 por cierto real anual en los primeros cinco meses de 2019 gracias al alza por decreto presidencial del salario mínimo.

De esta forma, podemos conocer de mejor manera el contexto y afirmar que encontramos resultados mixtos. Si bien es cierto que existen una serie de índices favorables, es una realidad que la mayoría de ellos se han venido degradando desde el comienzo del año en curso.

Si bien no existe una recesión técnica como tal, lo que sí está presente es un estancamiento y una desaceleración de la economía. La constante negación de la realidad económica del país, no va a lograr transformarla. Esto es algo que el titular del Ejecutivo no logra entender. Su exacerbado, disculpe el atrevimiento, desconocimiento económico-financiero representa un severo riesgo para la nación.

¿No hubiera sido mejor mostrar estos números, en lugar de solo señalar a los que lo criticaron?  Esperemos pronto exista un reconocimiento de la necesidad de la aplicación de estímulos que devuelvan un mayor dinamismo a los crecimientos de la economía mexicana.

 @GmrMunoz