En las últimas semanas, hemos observado la forma en que el presidente Donald Trump, ha comenzado su campaña en búsqueda de la relección, que le permita permanecer en la Oficina Oval otros cuatro años.

Dentro de sus principales herramientas para convencer al electorado estadounidense, Trump argumenta la fortaleza económica que se respira en su país, motivo de envidia de muchos de los países alrededor del mundo.

Si bien es cierto que el crecimiento económico de Estados Unidos se encuentra dentro de una espiral de bonanza pocas veces observada anteriormente, los datos deben analizarse con mucha cautela. Veamos.

Si nos remontáramos antes de la recesión de hace un poco más de una década, podríamos observar que la ocupación laboral se encontraba un 9 por ciento por debajo de la registrada en estos días. No olvidemos que antes de la gran recesión del 2008, EEUU vivía una expansión económica muy favorable.

La tasa de desempleo actual, representa la más baja en casi medio siglo y posiciona a Estados Unidos, desde hace tres años, en una situación de pleno empleo. Interesante ver que no sólo es la cantidad de empleos lo que aumentan, si no, estos van acompañados de un incremento en los salarios reales de su fuerza laboral -1.6 %-, para el primer trimestre del año.

Aunado a esto, se respira niveles elevados de confianza en el consumidor, así como altos índices de inversión dentro del país.

Esta mezcla de variables macroeconómicas ha permitido que su Producto Interno Bruto creciera en 2.9 por ciento el año pasado; mientras que en el primer trimestre del 2019 el aumento reportado fue de 3.1 por ciento.

Una serie de analistas atribuyen mucho del mérito de estas condiciones, a las gestiones realizadas por el ex presidente Barack Obama en su periodo de 8 años en la Casa Blanca. Por el lado de Trump, su política fiscal expansiva, en la cual ha incrementado considerablemente el gasto público, se han otorgado estímulos fiscales, así como recortes de impuestos. Ambos han contribuido a la causa.

Hasta aquí, queda claro la favorable situación económica que vive nuestro vecino del norte; sin embargo, los números deben ser tomados con mucha cautela, en vías de evitar lo que cíclicamente, ha sucedido alrededor del mundo.

Desde 1854, se han presentado 33 ciclos económicos entre 10 y 120 meses. La historia nos ha mostrado como después de episodios positivos en la economía, se presentan contracciones a la baja que tienden a ser encausadas en una recesión. La correlación muestra que a mayores niveles de expansión, mayor será la caída que se presente. Los casos más recientes para Estados Unidos se presentaron en 2001 y 2008. Las llamadas crisis “dotcome” y “subprime” respectivamente, tuvieron como antesala un prolongado periodo de crecimiento económico. Ya conocemos el desenlace de las mismas.

El gobierno de Trump, debe enfocarse en cambiar su estrategia económica para evitar caer en una recesión en la antesala de las elecciones presidenciales. El más perjudicado de esto, sería el mismo.

La incesante idea de aumentar los niveles de proteccionismo comercial, representa el mayor riesgo al cual se enfrenta su pujante economía. Las disputas con sus principales socios comerciales -China, México e India -, representan combustible para llegar a una desaceleración.

Habrá que estar muy atentos a como se desarrolla la economía de Estados Unidos en los próximos 12 meses. La misma historia nos marca que una caída en esta, trae consigo repercusiones considerables a nivel mundial, y en particular a México, por la estrecha relación comercial que existe.

Se concluye la dificultad de las economías, en general, para soportar las fases de expansión, lo que ha limitado su desarrollo dada la falta de aprovechamiento del auge para elevar los niveles de vida de sus poblaciones. ¿Será el cuento de nunca acabar del capitalismo? Estamos en el momento adecuado de saberlo.

 @GmrMunoz