José María León Lara

Mucho se ha hablado en los últimos días sobre el plan que tiene el virtual presidente electo de México, de realizar la cuarta transformación del país; sin embargo, sigue sin quedar del todo claro el qué, el cómo y el cuándo. Por supuesto que, como muchas otras propuestas, solo plantea un castillo en el aire, dónde su realización tiene a ser imposible, generalmente por la falta de claridad en la planeación (si es que la hay), lo que desemboca en una pésima ejecución.
Pero, ¿por qué la cuarta transformación? Para contestar esto, es menester tomar como premisa el breve análisis de las épocas históricas que son consideradas como las primeras tres transformaciones. La primera de ellas, sin lugar a dudas se trata del “Movimiento de Independencia”; siendo “la Reforma” y “la Revolución” la segunda y la tercera respectivamente.
Comencemos con la Independencia de México, narración histórica llena de leyendas fantásticas que dan ese toque exquisito de romanticismo a la lucha por nuestra libertad. Desde el llamado a las armas del cura Hidalgo en 1810, hasta la consumación del movimiento en manos de Iturbide en 1821, el anhelo de libertad no es nada más que eso, dejar a un lado la época colonial y comenzar a ejercer nuestro derecho como nación de autogobernarnos. Entonces, sí se trata de una transformación, pero no de México; pues México comenzó a existir como país una vez concluida y ganada la guerra.
Después tenemos a la conocida Guerra de Reforma, consecuencia a la promulgación de la constitución liberal de 1857, misma que encontraba su inspiración en las respectivas leyes de Lerdo, de Juárez y de Iglesias. Aun así, cabe aclarar que se trató de la gota de derramó el vaso, pues liberales y conservadores llevaban décadas en esa inevitable dicotomía ideológica, contraponiendo la nostalgia por el pasado con las ideas ilustradas.
En estricto sentido, la guerra desembocó en el triunfo de los conservadores con la venida de Maximiliano; quien al final del día resulto ser liberal, y que, tras su dudosa ejecución, la “restauración de la república” fue pan comido. ¿Quién ganó en realidad? Es difícil poder contestar esa pregunta; más lo que sí es sencillo es el decir que tampoco se trató de una transformación, pues las cosas siguieron igual.
Por último, tenemos la siempre mal entendida y mal conceptualizada Revolución Mexicana. Momento doloroso para el México de principios de siglo XX, que no fue otra cosa que la rapiña por el poder presidencial toda vez que Madero logró acabar con la cuasi dictadura de Don Porfirio. Una vez que Francisco I. Madero llega al Palacio Nacional, se debería dar por terminada como tal la “revolución”; pues en la realidad nos encontramos ante una revolución de revoluciones, que dieron como resultado la creación del partido que gobernaría de manera hegemónica.
La “dictadura” de Porfirio Díaz y la “dictadura” del PNR-PRM-PRI, tuvieron los mismos fallos terribles, las cúpulas se empoderaron y los menos afortunados se hicieron más pobres. Entonces, tampoco cambió mucha cosa, lo que deriva en la pregunta: ¿dónde está la transformación?
En resumen, ninguno de los ejemplos en los que basa este nuevo gobierno electo, cambiaron mucha cosa, pues los mexicanos seguimos siendo los mismos, un pueblo que nunca ha sabido reconocer en su semejante a un igual, donde uno siempre tiene que ser mejor que otro, tener más que otro y ser más inteligente que otro. Solo resta mencionar, que los tres ejemplos de “transformación” se dieron en el contexto de un conflicto armado, ¿será que para allá vamos?