Gerardo Muñoz Rodríguez

Hace algunos años, la Unión Europea se encontraba ante la adversidad al ver a uno de los países miembros enfrentar una compleja situación económica. Hoy, casi dos décadas después, la contingencia que le suscitó a Grecia, parece replicarse en Turquía. Veamos cómo existe una serie de eventos, todos relacionados, que ocasionaron este desastre y las posibles consecuencias que pudieran presentarse.

Está debacle económica, comenzó cuando el presidente Recep Tayyip Erdogan, decidió adelantar las elecciones 17 meses, sin algún fundamento razonable para el cambio. Aunado a esto, los comicios llevados a cabo en junio de este año, estuvieron envueltos en corrupción e incertidumbre.

El pasar de los días, nos ha demostrado que la verdadera razón de este movimiento fue la búsqueda, por parte del Partido de la Justicia y el Desarrollo, de minimizar el costo político que traía consigo el constante deterioro de la economía en lo que va del año.

Los periodos presidenciales de Erdogan, fueron caracterizados por un creciente déficit comercial y un constante deterioro de sus finanzas públicas. A pesar de esto, para el cierre del año pasado, la economía turca fue la de mayor crecimiento (7 %) en los países pertenecientes a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico; aunque la realidad de su crecimiento, esta apalancado en una estratosférica deuda pública.

Sin embargo, los problemas estructurales orillaron al declive de la lira turca. El incremento a 16% interanual que alcanzó su inflación para el mes de julio, es el claro ejemplo. Ante esta situación, y como lo vimos en nuestro país en 2017, la política monetaria marca la posibilidad de incrementar las tasas de interés, con la finalidad de salvaguardar la estabilidad de precios en el país.

En la mayoría de las economías emergentes, esto ha dado resultado. Sin embargo, Erdogan, quien tiene control sobre el Banco Central de Turquía, argumenta que el disminuir las tasas de interés, es el principal factor que puede desacelerar la inflación. Teoría totalmente contraria a la comentada.

En lugar de esto, se anuncia la inyección de 6 mil millones de dólares al sistema financiero del país, con la finalidad de garantizar la liquidez de los bancos y evitar el desplome de la divisa nacional.

La idea de inyectar liquidez al mercado, no ataque de raíz el verdadero problema del desplome de la lira turca; la cual, dicho sea de paso, se ha desplomado casi cuarenta por ciento en lo que va del año.

Esta poca capacidad económica, viene derivada principalmente por dos cuestiones. En primer lugar, el hecho que un banco central no tenga autonomía, ocasiona que los intereses políticos se contrapongan a una eficiente política monetaria. Y como si esto no fuera suficiente, el presidente nombró a su yerno, Berat Albayrak, como ministro del Tesoro y de Finanzas del país. Berat, es un hombre de negocios, que cuenta con una nula experiencia en el ámbito económico. Así las cosas.

La cereza del pastel, llega por parte de una persona igual de heterodoxa que el propio Recep: Donald J. Trump. La relación de estos dos países, los cuales siempre han sido aliados, se encuentra en uno de sus puntos más bajos de toda la historia.

El gobierno estadounidense impuso sanciones a dos de los principales ministros turcos y duplicó los aranceles al acero y aluminio de Turquía. Esta “sanción”, ocasionó que tan sólo en el mes de agosto, la depreciación de la lira turca, alcanzara 25%.

Esta disputa comercial, esta originada por una cuestión diplomática. El gobierno turco, exigió a su contraparte norteamericana, la extradición del clérigo musulmán Fetullah Gülen, acusado de ser la mente detrás del intento de golpe de estado hace tan sólo dos años.

En respuesta a esto, Erdongan ha arrestado a varios funcionarios públicos estadounidenses de la embajada localizada en Ankara.

La situación es crítica para el país otomano. El totalitarismo de Erdogan, en el cual convierte al pueblo en sirviente y al gobierno en patrón, está encaminándolos a una de las peores crisis en su historia.

Como lo dicta la historia, los países emergentes son los más afectados ante este tipo de situaciones; México, siendo un perfecto blanco. La mayoría de los inversionistas, movilizan sus capitales a los llamados activos seguros, lo que genera minusvalías para las monedas emergentes como el peso mexicano, el real brasileño o el rand sudafricano.

Esperemos todo llegue pronto a su normalidad, con la finalidad de evitar un mayor contagio financiero global. No olvidemos lo que sucedió con Grecia o Argentina.

@GmrMunoz