David Reynoso Rivera Rio

Hace un par de días, el Partido Revolucionario Institucional celebró una sesión más de su Consejo Político Nacional, mismo en el que la ex canciller, Claudia Ruiz Massieu, fue ratificada como secretaria general del partido; durante su discurso, precisaba a la clase política priista de México lo siguiente: “Porque somos revolucionarios y revolucionar significa reinventar, cuestionar y transformar, estamos dispuestos a cambiar lo que ya no sirva; también, porque somos institucionales, sabemos conservar lo que es valioso. Es momento de reivindicar, no sólo lo que hemos construido por más de ocho décadas al servicio de México, sino también nuestra voluntad para seguir siendo y construyendo el México del Siglo XXI… estamos en pie de lucha permanente”.

Discurso atinado e interesante, pronunciado ante una clase política priista que buscará en el 2018 retener la Presidencia de la República y que actualmente enfrenta su mayor reto en la historia: responder a la crisis de confianza ciudadana. Me considero un verdadero amante de la política y como tal, he dedicado mis últimos años al fascinante análisis del fenómeno político en nuestra entidad y en nuestro país; sin embargo, hoy encuentro razonable exponer ante ustedes, mis queridos lectores, algunas opiniones acerca de nuestra clase política actual y de igual manera, el papel que el Partido Revolucionario Institucional juega y jugará en los próximos años.

Nos encontramos ante una ciudadanía que se caracteriza por estar ávida de resultados; sin embargo, paradójicamente acompañada de una gran apatía política. En los últimos años, resulta cada vez más común encontrar ciudadanos desinteresados en participar en la vida pública y de igual manera éstos se encuentran reacios a participar en procesos electorales bajo un esquema de voto inteligente y razonado. Lamentablemente y de conformidad a las estadísticas, el ciudadano mexicano emite su sufragio sin considerar la capacidad, la experiencia, el perfil y trayectoria del candidato, para otorgar un voto a ciegas por algún partido político o simplemente por aquel que maneje un discurso anti-sistema.

Nos encontramos a casi un año de elegir al próximo presidente de México y hoy puedo afirmar que nuestro país vive una crisis provocada por los propios partidos políticos y de igual manera por los propios ciudadanos. La capacidad por parte del grueso poblacional al estar frente a una boleta electoral es limitada y preocupante, por lo que debemos enfocarnos en preparar más a la ciudadanía para obtener mejores gobernantes y legisladores.

Personalmente, he conocido a legisladores y gobernantes tanto de diversos ámbitos, como de diversos partidos y puedo afirmar que existe gente valiosísima en TODOS los partidos políticos por la que yo otorgaría mi voto; sin embargo, el grueso poblacional difícilmente pondera su elección con factores objetivos respecto a la tarea del futuro gobernante o legislador. Aunado a ello, partidos como el Partido Revolucionario Institucional, vive una crisis de mercadotecnia donde la “marca” requiere una nueva imagen pública, y quizá su solución más próxima consista en cambiar su nombre, dando a la ciudadanía una nueva imagen que invite a buscar reconstruir o construir la nueva confianza y el nuevo diálogo entre los partidos y la ciudadanía.

Las condiciones actuales nos invitan a adaptarnos a un México nuevo e incluyente, en el que partidos y ciudadanía tenemos mucho por hacer. Exhorto a la ciudadanía a prepararse para una elección en la que habrá que elegir al mejor candidato para dirigir el destino de nuestro amado México, y de igual manera exhorto a nuestros partidos políticos a preparar y seleccionar a sus mejores hombres o mujeres para contender.

Correo: [email protected]

Twitter: @davidrrr

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