Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Los soldados y los marinos que han comparecido al Congreso ya nos dieron una muestra de lo que podrá ser este país si les dotamos de mayor poder legal. La insolencia con la que se comportaron, la falta de respeto a la Soberanía del Congreso, y los aires de perdonavidas que asumieron muestran, como en el cuento del alacrán, su real naturaleza. Naturaleza indispensable para la vida de un país siempre que esté acotada.

Me dicen que la película Roma, la de Alfonso Quarón, ni lo mande Dios que la fueran a confundir con la otra Roma la de Fellini, narra la historia de una familia de clase media alta y de una criada, indígena zapoteca que llegó a servir en la casa de su familia (creo que es autobiográfica) y que, como solía pasar, la sirvienta se incorporaba a la familia como un integrante mas, con una relación un tanto ambigua. Por una parte se le veía como un miembro más, pero por otra, nunca perdía su condición de servidumbre. Integrada a la familia pero más como una especie de esclavo, o como una mascota, querida en tanto nos sea útil y objeto de explotación. La servidumbre, la criada, debe ser sumisa, obediente, discreta, no alzar la voz ni la vista.

Por descontado se sabe que una criada no debe ser respondona, porque como dice el dicho, el que da el pan, impone la ley. ¡Qué bueno que las cosas hayan cambiado! Que bueno que las relaciones del servicio doméstico vayan cambiando paulatinamente y que se basen más en la prestación de un servicio subordinado mediante una contraprestación justa, y en un mutuo respeto. Pero la condición de patrón te da la facultad de indicar la manera en que debe prestarse el trabajo contratado, el lugar, el horario, las peculiaridades del servicio, etc., El empleado, el trabajador, está obligado a acatar las instrucciones que le dé el patrón, y si mucho me apuran, está obligado a obedecer las órdenes que le dé el patrón. En un barco el que lleva el timón es el timonel, pero el que manda es el capitán. En la vida real suele ocurrir que más de algún timonel cree que por conservar la ruta del barco es el que lo maneja. En una república quien manda es el pueblo, pero como las órdenes del pueblo no son directas sino a través de sus representantes, que no siempre cumplen adecuadamente su cometido, es muy fuerte la tentación del timonel de creerse que su voluntad es la del pueblo.

(El cuento del alacrán.- José Revueltas tiene un magnífico y revelador cuento sobre un alacrán que, como no ha experimentado su ponzoña, pretende ser amistoso y se encuentra con que todos le temen y nadie quiere tenerlo cerca, pero el alacrán de mi cuento tiene plena conciencia de su letalidad y de sus limitaciones. En sus correrías se encontró con un río que le impedía continuar su ruta. Se acercó a varios diferentes animales pidiéndoles que lo pasaran a la otra orilla, sin que ninguno se atreviera. Finalmente logró convencer a la rana con un argumento digno del Congreso: Si en el trayecto te picara, tu morirías pero yo también, porque me ahogaría. Encaramado en la rana iniciaron el cruce del río, en la tercera orilla del río el escorpión no se pudo refrenar y picó al batracio, que moribundo pedía una explicación. Es mi naturaleza, contestó el alacrán, cierto de que moriría ahogado.)

La división del gobierno en varias funciones responde a criterios de eficacia y eficiencia, pero también y de manera muy importante a criterios políticos, buscando el equilibrio de las diferentes funciones, de manera que, unas supervisen a otras, y logren que ninguna se sobreponga a las demás. La historia de la humanidad en buena medida es la narración de las formas en que algunos han buscado controlar el poder y los otros, las mayorías, han buscado como acotar a los que lo detentan. Sigue siendo dolorosamente actual la cita del Barón John Emerich Edward Dalberg-Acton, «El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente». Los que tienen el dinero son poderosos, los que tienen las armas son poderosos, los que tienen la autoridad política son poderosos, los que tienen la autoridad religiosa son poderosos. Las sociedades buscan la forma de controlar estos poderes para mantenerlos en interacción respetando un mínimo de derechos de sus miembros, mínimo que en la actualidad identificamos como Derechos Fundamentales o Derechos Humanos. Un gobierno que no logre hacer respetar ese mínimo de derechos para sus ciudadanos, no puede ser visto ni como republicano ni como democrático.

El riesgo de militarizar al país, es un riesgo real dada la naturaleza de la preparación y funciones del ejército. El ejército se prepara para destruir al enemigo, la policía se prepara para mantener el orden social y en el caso de las conductas antisociales, aprehender a los responsables para que sean sometidos previa resolución de un juez a una sanción que en última instancia busca la reinserción del delincuente como un ser útil a su sociedad. La Marina Armada de México es el cuerpo militar con mayor índice de letalidad en el mundo. En rigor se ha convertido en el brazo ejecutor del gobierno, son los 007, con licencia para matar. El ejército no obstante que, goza de una buena imagen en general, ha sido señalado cotidianamente como violador de los derechos fundamentales. El argumento de que la presencia de los cuerpos armados en las calles no ha militarizado al país, es verdaderamente infantil, sería tan absurdo como decir que la prueba de que no se militariza al país es que hay desfiles militares que disfrutan los civiles.

La idea de que militarización es estar en la calle los cuerpos armados, solo se les puede ocurrir a los militares y justamente ese es el riesgo, su forma de pensar. Criar un cuerpo policíaco bajo mando y control militar, es militarización. Colocar las policías bajo el control militar es militarización. Dejar que la autoridad militar mande sobre las autoridades civiles es militarización.

Ojalá que la insolencia manifiesta en las comparecencias, sea la voz de alerta para que el Senado eche para atrás, las reformas que nos pondrían en el rumbo de una militarización del país.

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