Por J. Jesús López García

La casa es el tema arquitectónico más antiguo. De las primeras construcciones del periodo neolítico destacan las ruinas de lo que fuese un conjunto de viviendas en Çatal Hüyük en la Turquía actual. Sus ocupantes prehistóricos eran campesinos y pastores que serían parte de los primeros contingentes de seres humanos que accedieron a la vida sedentaria -ésto es, con una residencia fija en un sitio- en la Historia. Los constructores de esos primeros hogares obedecieron a los imperativos prácticos de las primigenias arquitecturas, pero a la vez propiciaron una de las vivencias básicas de la casa humana, el reunirse bajo un techo entorno a una mesa caldeada antes del descanso reparador. La palabra “hogar” tiene la misma etimología de la palabra “fuego”.

Pero una vez iniciada la civilización humana, la arquitectura doméstica fue relegada a una categoría menor. Las casas que se erigieron como los grandes temas arquitectónicos fueron los palacios o los templos donde las castas sacerdotales vivían. De lo último los conjuntos monacales de la Edad Media, fueron sucesores. La vivienda de la gente común era parte importante de los asentamientos humanos pero no así del tema arquitectónico al que se daba importancia. Lo curioso es que ese tipo de morada se desarrollaba al lado de las grandes construcciones, como el barrio de los artesanos que daba hogar a quienes produjeron los tesoros que habrían de formar el Valle de los Reyes en el Bajo Egipto.

De las grandes casas de los patricios romanos se partió a la campiña para establecer las villas y de ellas los castillos medievales, conjuntos de vivienda defensiva que albergaba a mucha gente. Al fin de la Edad Media y durante el Renacimiento, florecieron las ciudades, precursoras de las urbes modernas, y con ellas las casas de la gente común. No sólo era la Villa Rotonda de Palladio el modelo, sino también casas más pequeñas como la retratada por el pintor Jan Van Eyck (1390-1441) del matrimonio Arnolfini – Giovanni di Nicolao Arnolfini y Constanza Trenta-, en la ciudad de Brujas, Bélgica, pero aún así, estamos hablando de gente rica.

Hasta el siglo XVIII, siglo de la Ilustración, el hogar del vulgo se convirtió en un tema arquitectónico importante. El arquitecto Claude Nicolas Ledoux (1736-1806) con sus experimentos de vivienda y centro de trabajo -como las Salinas de Chaux- volvía a aportar a la arquitectura ideas para la habitación del hombre común. Con Jean Nicolas Lous Durand (1760-1834) en ese mismo siglo, se inició la tipificación constructiva de la casa para lo que después constituiría la clase trabajadora, misma para la que el arquitecto mundialmente reconocido Le Corbusier (1887-1965) creó el “sistema Dominó” de columnas independientes, losas de concreto y escaleras, en 1914.

El siglo pasado fue la centuria en que el hombre común cobró preeminencia, y por ello la hechura de su casa se convirtió de nuevo, en uno de los principales temas arquitectónicos más importantes. La villa para la viuda Manorama Sarabhaiy su hijo Anand, diseñada por Le Corbusieren 1954, las casas de Luis Barragán (1902-1988), la Villa Mairea de Alvar (1898-1976) y Aino Aalto (1894-1949), la Casa de la Cascada de Frank Lloyd Wright (1867-1959), las de Diego Rivera y Frida Kahlo de Juan O´Gorman (1905-1982) y muchas otras más, reflejan la personalidad de arquitectos y propietarios, pero al lado de ellos, miles de casas más sin un nombre acuñado en libros y revistas de arquitectura, también muestran la fuerza de este género arquitectónico que vuelve a ser uno de los principales en la historia arquitectónica del mundo.

Actualmente la casa es la principal fuente de trabajo de los arquitectos, sea de construcción nueva, de acondicionamiento, de reutilización o de cualquier mejora que se requiera. Y a medida que la vivienda vuelve a ser el sitio desde el que se trabaja en diferentes modalidades, su ocupación también muestra una gran cantidad de variedades.

Como ejemplo de una casa actual presentamos aquella ubicada en la esquina que forman las calles General José María Arteaga y Gran Avenida en el fraccionamiento Primavera, uno de los primeros en Aguascalientes. La residencia presenta un diseño arquitectónico contemporáneo sobrio y bien compuesto; remetida en sus dos fachadas que presentan una volumetría dinámica con retranqueos y cambios de nivel. Macizos y vanos producen discretos claroscuros que enfatizan el dinamismo de la composición arquitectónica. La casa además se encuentra en excelente estado de conservación y aunque rondará los cincuenta años, continúa presentándose como un inmueble decididamente vigente.

Si bien la lotificación estandarizada de los fraccionamientos produce algunas disposiciones arquitectónicas similares -como la cochera al lado del acceso principal-, la casa diseñada para esos lotes aún presenta juegos compositivos con posibilidades amplias de hacernos encontrar edificios agradables como el mostrado.

La finca es uno de los casos que encontramos en el fraccionamiento Primavera, que aunque inicialmente fue diseñado para la clase trabajadora, en forma posterior no se construyeron todas la viviendas y en cambio se vendieron lotes –de hecho varios juntos- lo que permitió tener otras respuestas arquitectónicas.