Carlos Reyes Sahagún

Si usted gusta de leer libros… Si busca en ellos conocimiento, reflexión, entretenimiento, y cree que son una herramienta que puede ayudarle a ampliar el horizonte de su visión y disipar las naturales tinieblas de la humana naturaleza… Si es usted una persona así, de seguro se volvería loco en la Biblioteca Central de la seca ciudad de las aguas calientes, y tal vez piense que le harán falta dos que tres vidas para darse gusto incursionando en cuanto volumen le grite su título y tema llamando su atención.

Me acuerdo que la primera vez que la recorrí… La ocasión inicial en que pude detenerme con un poco de calma en su estantería, imaginé que si tuviera que pasar ahí el resto de mi vida no importaría porque entonces, a partir de la lectura de aquellos volúmenes que me hacían ojitos enamorados, iría tan lejos como la luz lo permitiera; tan lejos y tan atrás en el tiempo como la dedicación y el intelecto lo hicieran posible, sin siquiera moverme del lugar.

Y sin embargo no es de los libros de lo que quiero platicarle en esta ocasión, sino de una colección por demás excepcional que encontré, una recopilación de ese monumento de la cultura popular que es la revista Selecciones del Reader Digest. Lo escribo sin olvidar que esta publicación es también promotora de los intereses y valores de los Estados Unidos, en un intento de imposición sutil; casi natural.

Si la memoria no me engaña, la colección a que me refiero corresponde a los años que van de fines de los treinta y hasta, creo, los cincuenta. Se trata de un acervo debidamente encuadernado y organizado, que se encuentra en condiciones excepcionales de conservación, como si su propietario las acabara de adquirir en el puesto de la esquina.

A propósito ojeé el ejemplar correspondiente a enero de 1942, justo el del mes siguiente al ataque a Pearl Harbor, que dio pie a la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, y en verdad que no fui decepcionado, por lo siguiente:

De seguro usted sabe en términos generales lo ocurrido en estos años, la manera como la Alemania nazi inició una guerra a partir de la invasión de Polonia, que involucró primero a Inglaterra y a Francia y luego a la Unión Soviética, en tanto Japón buscaba su espacio vital a costa de los chinos, los habitantes de las Indias Orientales, Singapur, y por poco de los indios.

Pero una cosa es saber cosas como estas a toro pasado, cuando ya los políticos le metieron la mano a la historia, y generaron un relato conveniente; una narración a su imagen y semejanza, y otra muy distinta ver estos acontecimientos, digamos, sobre la marcha, casi cuando están ocurriendo, de tal manera que resulta difícil una interpretación políticamente correcta, y los resultados distan mucho de evidenciarse.

El ejemplar de referencia, que en México tuvo un costo de 50 centavotes, incluía artículos con títulos tan sugerentes como Queremos la paz verdadera, El Japón se expone a la ruina, Así vuelan a Inglaterra, El factótum de la Casa Blanca, El bombardero impide la invasión, Lo que piensa el recluta norteamericano, y otros.

En el artículo Queremos la paz verdadera, por ejemplo,se hacía referencia a un texto publicado en la edición del mes anterior, firmado por la escritora británica Freda Utley, que consideraba que en la grave tarea de vencer a la Alemania nazi, empresa en la que se había embarcado Inglaterra, sería difícil de cumplir de no contar con la ayuda de… los Estados Unidos y señala, fíjese bien, que este era “el mejor modo de salvar, tanto a Inglaterra como algo al menos de la democracia del mundo”.

No menos interesante que los artículos son los anuncios, por ejemplo este la tristemente célebre United Fruit Company –tristemente célebre en la América hispánica, y en particular en Guatemala, en donde esta empresa impulsó un golpe de Estado en contra de un gobierno legalmente constituido-.

Baste una breve cita para ilustrar la naturaleza de la publicidad. Dice Selecciones 15 años antes de la Revolución Cubana: “La próxima vez que alcance la azucarera, recuerde… Al igual que el arroz con pollo, azúcar y Cuba son compañeras inseparables. Con el fin de darle una idea de la magnitud de esta Cubanísima industria, a continuación reseñamos someramente las actividades de una compañía azucarera que por 35 años ha contribuido al desarrollo de la misma…”

Otros tres anuncios llamaron poderosamente mi atención. Dos de ellos pertenecen a una industria fabricante de equipos de aire acondicionado, que muestra imágenes por demás elocuentes. En la primera se observa un submarino estadunidense cortando las olas, y en la otra los pilotos de caza –quizá Dauntless-, que corren a sus naves en la cubierta de un portaviones. En ambos casos los equipos de refrigeración, dice el anuncio, cumplen la misión de mantener en buenas condiciones a personas y máquinas, a fin de que puedan cumplir con su objetivo.

Finalmente el tercer anuncio es de una compañía fabricante de radio receptores de onda corta, “con los cuales las capitales del mundo se escuchan tan fácilmente como las estaciones locales, y como son ideales para la América Latina -la empresa es holandesa-, los aparatos han sido tropicalizados, cualquier cosa que eso signifique.

En fin, que este es uno de los muchos activos que tiene la Biblioteca Central Centenario Bicentenario; la próxima semana le platicaré de la joya de la corona… (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a [email protected]).