Carlos Reyes Sahagún

Cronista del Municipio de Aguascalientes

El viernes 22 de agosto, en el contexto del programa de radio Palabras contra metralla, que transmite semanalmente Radio UAA con motivo del ya próximo centenario de la Convención Militar Revolucionaria de Aguascalientes, se habló de la apertura de la hoy Avenida Francisco I. Madero, durante la efímera administración del gobernador del estado, el coronel coahuilense Alberto Fuentes Dávila, por ahí de agosto y septiembre de 1914, es decir, días antes de que comenzara la magna reunión. O sea que en este año se cumple también el centenario de esta muy principal avenida.

El doctor Luciano Ramírez Hurtado, que es el especialista en este tema de la Madero, señaló que la apertura de la arteria habría causado alguna perturbación entre los afectados; aquellos que perdieron parte de sus propiedades con motivo del derrumbe realizado para abrirle cauce a la rúa destinada a comunicar la estación del ferrocarril con la Plaza de Armas. La importancia de este acto se entiende si se considera que entonces era el único medio de comunicación a larga distancia que existía en Aguascalientes.

Este hecho habría dado origen al mote que seguramente usted ha escuchado, de Callejón de las lágrimas, esto por los que habrían sufrido la pérdida de sus propiedades, o parte de ellas, el Cine Vista Alegre, por ejemplo y, supuestamente, llorado amargamente.

Entonces Luciano comentó que quizá lo mismo ocurra con las actuales obras de remodelación de la Plaza de Armas, que fueron ampliamente discutidas con anterioridad a su realización… Es decir que posiblemente luego de ver el resultado se vea que sí fue adecuada, benéfica, la decisión de llevarlas a cabo de acuerdo con la planeación que se ha instrumentado. La otra opción es que se confirmen los temores de los impugnadores de esta obra.

Por mi parte, y como se afirma en cierto juego de cartas, pago por ver, pero traigo al tapete de mi escritura este tema porque me recuerda algo dicho en esta columna hace 15 días, con motivo de la decisión de establecer la Biblioteca Central Centenario Bicentenario en donde se encuentra, en el ex taller del ferrocarril.

Esta biblioteca, inaugurada el 30 de agosto de 2010 en el contexto de las fiestas centenarias que se vivieron ese año, cuenta con un acervo de unos 50,000 volúmenes, y se formó con varias colecciones por demás singulares. Están, por ejemplo, los acervos de Ernerto Lemoine, Hugo Argüelles y Alejandro Topete del Valle. Desde luego usted conoce al tercero, aparte de que la semana pasada le conté sobre el legado de quien fuera Cronista de la Ciudad. Permítame ahora compartirle una palabra sobre los otros dos, un poco con la intención de ofrecerle una pista a propósito de la naturaleza de estas bibliotecas, que indudablemente enriquecen los acervos artísticos de Aguascalientes.

Ernesto Lemoine Villicaña fue un personaje que se especializó en estudios históricos, particularmente de la independencia de México y de la vida y obra del patricio José María Morelos y Pavón. Por su parte el veracruzano Hugo Argüelles fue un dramaturgo, director teatral, guionista, autor de clásicos del teatro mexicano del siglo pasado como Los cuervos están de luto, El gran inquisidor, El tejedor de milagros, etc., y guionista de aquella película que a fines de los años sesenta levantó ámpula, Las pirañas aman en cuaresma.Su texto dramático Doña Macabra fue llevado a la pantalla chica teniendo en los papeles protagónicos a, fíjese bien, Marga López, Carmen Montejo y la española Amparo Rivelles. De aquí que en la biblioteca de Argüelles abundaran las obras relacionadas con las artes escénicas.

Estos elementos hacen de la Biblioteca Pública Central Centenario Bicentenario un establecimiento de excepción. Así que imagínese; nomás imagínese… Si me permite el exceso de parafrasear al evangelista san Mateo y proclamar que por sus libros los conoceréis,estos personajes fueron delineando su personalidad, su rostro, a partir de la conformación de sus bibliotecas; fueron conformándolas para darse gusto, y que ahora forman parte de nuestro patrimonio.

¿Podría usted fantasear un poco?… Imagine que un día usted deambula entre las sombras de la estantería, detrás de alguno de estos personajes, Alejandro Topete del Valle, Hugo Argüelles o Ernerto Lemoine… De repente se detiene, hurga entre los libros, saca uno y se lo ofrece a usted… Con un poco de imaginación esto es posible. Total, los libros están ahí, a disposición… Porque escrito está –ahora lo escribo-: cada libro es una invitación, una propuesta que recibimos por parte del autor y su cultura; de su pueblo, las reflexiones que la experiencia sugiere; las emociones que impulsan a las manos en la redacción. Todo ello sin importar la época en que esta convocatoria se haya hecho…

Por cierto que el doctor Ramírez comentó también que en 1914 el gobierno estatal pagó indemnizaciones por los derrumbes de la Madero, a excepción de los enemigos de la revolución, y todavía sobraron recursos… (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.migrante@gmail.com).

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