Cuentan que el ex presidente Adolfo Ruiz Cortines tenía un compadre muy cercano y que al asumir la Presidencia de la República le dijo: “ya llegamos al poder, compadre. Te voy a dar el cargo que me pidas, el que sea”. El compadre le respondió: “Sólo dame la báscula de Puebla”. En aquel tiempo, al inicio de la carretera de México a Puebla había una báscula para controlar el peso del transporte de carga. Como casi siempre rebasaban lo permitido, sobornaban al encargado de la báscula para poder seguir adelante sin que nadie los molestara. Si tomamos en cuenta que miles de vehículos hacían ese recorrido todos los días, los sobornos debieron representar carretadas de dinero. Ese cálculo estaba en la mente del compadre del ex presidente. Por tanto, eso le pareció más rentable que asumir la titularidad de alguna secretaría de Estado, en la cual podría correr el riesgo de quedarse con el puro sueldo.

El tabasqueño Benito Neme Sastré, dos veces compadre del Presidente Enrique Peña Nieto, fue nombrado director de Caminos y Puentes Federales de Ingresos y Servicios Conexos. Digamos que le dieron el equivalente a la “báscula de Puebla”, tomando en cuenta lo que acaba de ocurrir. Hace unos días, Benito Neme decidió cambiar el “chip” de la tarjeta IAVE que utilizan los transportistas o simples automovilistas para ahorrar tiempo en las casetas de pago de las autopistas. Pagando una cantidad razonable, se inscriben en el sistema de telepeaje y se les da una tarjeta que hacen pasar por un “scanner” y se levanta la barra de control. El sistema funcionó durante varios años de manera muy eficiente. Pero al señor Neme se le ocurrió cambiar la tarjeta IAVE por otra que se llama igual y que tiene las mismas funciones. Sólo que la licitación para la nueva tarjeta la ganó el empresario Roberto Alcántara, originario de Acambay, estado de México. Pertenece al grupo Atlacomulco, al igual que el Presidente Peña Nieto, y tiene importantes negocios relacionados con el transporte público de pasajeros en las rutas centro-norte del país. De manera que todo quedó entre amigos y compadres. Lo curioso del caso es que se decidió el cambio de tarjeta en plena temporada vacacional y, según los informes de la prensa, se generó un caos terrible. Hubo gente que rompió la tarjeta IAVE al momento de cruzar, delante de los empleados. En realidad los menos culpables son ellos pero con alguien se tenían que desquitar porque al momento de rechazarles la tarjeta, los obligaron a pagar doble.

Desde Los Pinos le ordenaron al señor Neme que llevara a cabo un recorrido por las estaciones de radio para informar a la gente de la situación real. Según él no había pasado nada, todo estaba bien. Pero justamente cuando él estaba siendo entrevistado en la radio, se produjeron los incidentes más graves. Finalmente se anunció que a partir del próximo 11 de agosto se podrán utilizar las dos tarjetas IAVE, tanto la anterior como la nueva. Y hasta nuevo aviso.

Por el momento el señor Benito Neme sigue en el cargo. Se dice que el actual gobierno federal prefiere no realizar cambios en el gabinete, a pesar de que resulte manifiesta la ineptitud de algunos funcionarios. De ser así, Benito Neme podrá seguir disfrutando de su propia “báscula de Puebla” durante algunos años más. Como que estamos regresando a los viejos tiempos.

La reforma energética

Por fin, después de meses de discusiones y regateos, el Congreso de la Unión aprobó el paquete de reformas relacionadas con el sector energético. Se trata de un cambio sustancial. Con las nuevas disposiciones, cualquier empresa podrá participar en la exploración, extracción y comercialización de petróleo y gas. También en la producción y venta de energía eléctrica. Especialmente atractivo es el mercado de los hidrocarburos “shale” (de roca). Son los que están alojados en los huecos de las rocas en la cuenca de Burgos (una franja de los estados de Tamaulipas y Veracruz, cercana a la costa del Golfo de México). Se estima que las reservas son cuantiosísimas. En Estados Unidos, en el estado de Texas, ya se está realizando el aprovechamiento de esos recursos. Se utiliza la técnica del “fracking”, que literalmente significa la ruptura de las rocas a base de presión. El problema es que para hacerlo se requieren enormes cantidades de agua. Es como si se tuvieran que licuar las rocas para extraer el petróleo y el gas. Por lo mismo, el costo es muy alto. Un problema adicional es que PEMEX no cuenta con la tecnología para hacerlo.

Hemos comentado en este espacio que a pesar de los altos costos de la extracción de hidrocarburos de rocas, el negocio sigue siendo muy rentable. La mezcla mexicana de petróleo se vende actualmente, en números cerrados, a 100 dólares el barril. Un barril tiene 159 litros. Si el procesamiento de los gases “shale” tiene un costo aproximado de 30 dólares por barril, estamos hablando de una ganancia de 70 dólares. Y México exporta más de un millón de barriles por día. Eso hace posible que actualmente el presupuesto del gobierno federal se financie en casi un 40% con recursos provenientes de la renta petrolera. Se dice que con la apertura de PEMEX habrá muchas empresas nacionales y extranjeras que estarán participando en el mercado de los hidrocarburos y que la producción será mucho mayor. Por eso se calcula que podrían bajar los precios de la gasolina. Por supuesto que eso está por verse. El gobierno federal necesita asegurarse de que sus presupuestos anuales estén bien financiados. Además, ya está en la ley el sistema de seguridad social universal. Falta llevarlo a la práctica y para eso se requieren muchísimos recursos. Hace algunos años el ex director del IMSS Santiago Levy hacía un cálculo de 40 mil millones de dólares al año para financiar ese sistema. Estamos hablando de más de 500 mil millones de pesos, casi lo que actualmente obtiene el gobierno federal por el cobro de impuestos.

En términos generales, la gente no percibe las bondades de las reformas emprendidas por el gobierno del presidente Peña Nieto. Me parece que eso es normal. Mientras el ciudadano común no alcance a ver que las reformas tienen un reflejo positivo en su bolsillo, las verá con indiferencia, en el mejor de los casos. Existe un escenario peor: la rapiña. Dada la cauda de corrupción que el país ha padecido a lo largo de las últimas décadas, no han faltado comentaristas que han advertido sobre las posibilidades de que las nuevas empresas sobornen a quien sea necesario con tal de obtener los permisos para la explotación de los nuevos recursos. Urge, por lo tanto, la reforma anticorrupción que sigue atorada. Y con todo y reforma no va a resultar fácil frenar los apetitos de quienes habrán de buscar su “báscula de Puebla”.

Por lo que se refiere a la capacidad tecnológica de PEMEX, hay dos opciones: convertirse en socio de las empresas que disponen de la tecnología, o pagar a esas empresas por los servicios prestados. Lo más lógico es esto último, pero los expertos afirman que se requiere una enorme cantidad de recursos y que los riesgos son tales que las empresas prefieren asociarse con el Estado, sobre todo para compartir los riesgos cuando las perforaciones no resultan exitosas.

 

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