Gerardo Muñoz Rodríguez

La semana anterior, se llevó acabo la reunión anual entre el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, celebrada en la ciudad de Washington, D.C. En dichas sesiones, se tocan temas de actualidad económica entre distintos actores y autoridades económicas, servidores públicos y agentes del mercado financiero. Se tiene como principal objetivo, lograr una mayor coordinación entre ambas instancias para coadyuvar en una mayor interpretación económica.

Esta reunión en particular, tiene como primer evento a la nueva directora gerente del FMI: Kristalina Georgieva. Esto después de que el pasado mes de septiembre, fuera la preferida por parte del Directorio Ejecutivo del Fondo, el cual, es integrado por 24 representantes de los 189 países miembros.

En cuanto a la reunión de este año, se discutieron tres principales coyunturas:

Primeramente y lo que es mas innegable, la economía global se está desacelerando. A pesar de que no existe la recesión aún, la economía se encuentra volando sumamente bajo. Si bien es cierto que pueda evitarse el hilar dos trimestres sin crecimiento, no se augura un despertar del mismo en, al menos, los próximos 18 meses.

Con pronósticos del mismo fondo, se estima que para el cierre del actual año, se concrete el crecimiento más lento de la última década; tres por ciento. Según los imperceptibles datos de la oficina presidencial en México, ¿estaremos lejos de esa media mundial? Sin lugar a dudas.

Para el 2020, el mismo organismo pronostica una nula mejoría, al situarse en 3.1 por ciento. Con base a las homilías diarias del Poder Ejecutivo de nuestro país, ya estaremos a niveles muy cercanos del promedio. Sin comentarios.

El reciente anuncio del Bundesbank, sobre la dramática caída de la producción alemana, pone en un inminente periodo de recesión, sin que este sea, necesariamente, el camino para todo el orbe. La caída del pilar de la Eurozona, viene ocasionado por su alta dependencia de las exportaciones; las cuales, se han visto sumamente desfavorecidas por lo que nos lleva a la segunda coyuntura, la guerra comercial entre las dos principales potencias mundiales.

A pesar que el pasado 11 de octubre, se concretaron una serie de acuerdos en los cuales se aprobó la primera fase del fin de la disputa, la realidad es que aún persisten rispideces entre ambas naciones.

Desde junio del 2018, las potencias mundiales se han desgastado una a la otra con esta guerra. En el momento en que el presidente Trump anunció gravámenes sobre las importaciones chinas por valor de 50 mil millones de dólares, argumentando una disminución al peligroso déficit comercial de Washington con Beijing, causó un daño a los intereses del país asiático, el cual, aún dista mucho de poder enmendarse.

La introducción de gravámenes a las importaciones provenientes de China, fue recíproca, lo cual ha sobrellevado a una escalada continua de las tensiones en el comercio bilateral y global.

Esta situación, junto con el interminable tema del Brexit, han sido cuestiones geopolíticas, que han tenido un severo impacto en el desarrollo económico de todos los países.

La siempre presente incertidumbre, se ha exponenciado en naciones netamente exportadoras. Lo único positivo: el fortalecimiento de países africanos más rezagados que buscan convertirse en autosuficientes entre ellos; esto ante la caída exportadora mundial.

El último tema discutido, fue el relajamiento de la política monetaria. Prácticamente todos los bancos centrales del mundo, encaminan esfuerzos por evitar un descalabro económico mayor a través de políticas contra-cíclicas y dar así por concluida la fase expansiva en la que vivíamos desde el 2009, convirtiéndolo en una de las más prolongadas en la historia del capitalismo moderno.

El relajamiento de las tasas de interés, viene de la mano con un control generalizado de la inflación a nivel mundial (dejando a un lado a países atípicos, como Argentina y Venezuela). Esto permite que el decremento sea sostenido y busque abaratar el movimiento del circulante con la firme intención de lograr impulsar la economía global.

La complejidad de los retos que enfrentamos, requieren de una gran visión y liderazgo que nos ayude a mantener los niveles de prosperidad necesarios.

 @GmrMunoz