Gerardo Muñoz Rodríguez

Durante el año 2016, pudimos constatar cómo la junta de Gobierno del Banco de México, aumentaba la tasa clave de interés en cinco ocasiones, para cerrar el año en niveles de 5.75 por ciento, siendo la tasa máxima en casi 8 años. El Banco de México, el cual es presidido por el Doctor Agustín Guillermo Carstens Carstens, tiene como objetivo prioritario procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional.

Algunas de las principales amenazas para el cumplimiento de este objetivo, es el alza generalizada de los precios, la inflación; así como el encarecimiento del tipo de cambio. Antes de poder diagnosticar si es acertada o no la política monetaria implementada por el banco central, conozcamos un poco sobre los motivos y los alcances de estos incrementos.

Primeramente, la tasa de interés se puede simplificar como el costo del dinero. Esta es una tasa de referencia ya que los demás bancos toman como base para determinar el costo al que se presta el dinero, así como lo que pagan estas instituciones financieras a los inversionistas que compran deuda en el país. Cuando la tasa de interés es baja, en teoría se estimula la economía de un país porque el financiamiento es más económico e invita a que las personas y/o empresas tiendan a incrementar sus volúmenes de consumo.

Sin embargo, a los inversionistas no les beneficia tener sus capitales en un país con tasas de interés bajas, ya que reducen sus ganancias por invertir sus excedentes monetarios en dicho país, y movilizan dichos capitales en busca de mejores rendimientos. Por el contrario, cuando la tasa de interés es alta, los ciudadanos verán que los bancos ofrecen créditos más caros y esto ocasiona que la economía se desacelere ya que se deja de consumir, pero una tasa más alta atrae a más inversionistas porque les ofrece un mayor beneficio.

En este sentido, los constantes incrementos en la tasas de referencia van orientados a minimizar el incremento de la inflación dentro del país, así como un encarecimiento del tipo de cambio. Como se mencionó anteriormente, un incremento en las tasas de interés encarece el costo del dinero por lo que los niveles de consumo tienen a contraerse lo que origina una disminución en los precios de los diferentes productos que integran la canasta básica.

En la actualidad, hemos visto cómo la inflación se va visto fuertemente afectada derivado principalmente por dos razones. Primeramente, el proceso gradual de liberalización de los precios de las gasolinas, que para infortunio de nuestro país ha presentado un cuantioso incremento en su precio internacional. En segundo lugar, la abrupta depreciación del tipo de cambio, originado por el encarecimiento general del dólar ante la mayoría de las divisas del continente americano.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía, publico el día de ayer los datos relacionados con la primer quincena de Enero, en la cual, los precios al consumidor subieron en 1.51 por ciento, esta cifra representa la más alta para un mismo periodo desde 1999. La inflación anual llegó a 4.78%. Siendo así, las políticas monetarias implementadas por el banco central parecen ser insuficientes para evitar el deterioro en el balance de riesgos para la inflación a corto plazo. A pesar de esto, es sumamente probable que en la próxima reunión de este organismo autónomo, a realizarse el 9 de febrero, vuelvan a incrementarse en al menos 50 puntos base, las tasa de referencia.

Bajo este escenario de incertidumbre, es recomendable a usted, amable lector, que se analicen las mejores opciones en caso de necesitar algún tipo de financiamiento y se dejen a un lado todo tipo de créditos a tasas variables, ya que el incremento en las tasas de interés pudiera repercutir considerablemente en su bolsillo. En contraparte, esta alza representa un incentivo para fomentar la inversión, ya que éstas arrojarán mejores beneficios monetarios.

Twitter: @GmrMunoz