Con un consumo per cápita anual de 7.9 litros de alcohol por parte de la población aguascalentense, el Centro de Integración Juvenil advirtió que por este concepto esta entidad ocupa el primer lugar a nivel nacional, y la mayor parte de las personas que ingieren esa cantidad de alcohol son bebedores ‘explosivos’.

Mario de Jesús García Martínez, director del CIJ, aseveró que esta incidencia es grave porque cuando existen bebedores explosivos se genera un entorno de riesgo, pues exponen a los demás y a sí mismos a accidentes; adicionalmente pueden enfrentar padecimientos graves del sistema digestivo y urinario, así como problemas cardiacos.

Además, advirtió que ser bebedor explosivo afecta más a las mujeres que a los hombres dada la constitución física de ambos géneros. Del 2011 al 2012 se presentaba esta situación en personas con 19.6 años de edad, ahora se ha reducido a 19.2, lo que significa que cada vez más se registra a jóvenes que entran a este esquema de consumir de manera exagerada.

Detalló que el bebedor explosivo no entra en el esquema de consumir todos los días como sí sucede con el alcohólico, pero tampoco entra en el rubro del abstemio, porque cuando toma una o dos copas termina excediéndose y puede llegar hasta 12 o 18 copas.

Mario García Martínez señaló que Aguascalientes se ubica en el cuarto lugar nacional en cuanto al consumo general de alcohol, aunque esa posición baja al tercero cuando se habla del consumo explosivo de bebidas embriagantes y las posiciones se agravan respecto a que se ocupa el primer lugar en el consumo per cápita.

El director del Centro de Integración Juvenil mencionó que aquí existen pocas oportunidades de recreo para la población juvenil, motivo por el cual se requiere una mayor vinculación con la autoridad municipal para rescatar espacios públicos y motivar a los chicos y chicas a realizar actividades de diversión que no conlleven bebidas embriagantes ni drogas.

“En Aguascalientes no hay muchas oportunidades, acuden las personas a los centros comerciales, pero no a comprar, sólo a distraerse y a pasearse, razón por la cual se requieren esquemas de sana diversión que incluyan a la familia o espacios propios para los jóvenes”, concretó.